viernes, 29 de agosto de 2014

Todos los juegos el juego

Nadie habrá dejado de observar con qué frecuencia Cortázar propone juegos con el lenguaje que se transforman en textos literarios. Convertir un instructivo en literatura es sin dudas un juego ingenioso, propio de la experimentación que lleva las reglas del género al extremo de transformarlas para significar otra cosa. Eso ocurre en Historias de cronopios y de famas, que fue el texto elegido para trabajar junto con los chicos de La Casa del Niño y del Adolescente de la Boca la actividad Todos los juegos el juego. Libro de arena comparte con sus lectores el relato de la actividad como cierre de la semana especial dedicada al escritor de Rayuela.


Por María Trombetta


A 100 años del nacimiento de Julio Cortázar nos encontramos con los niños y niñas de la Casa del niño y el adolescente de la Boca, para recordar con ellos y sus docentes al genial escritor buscando los juegos que esconden algunos de sus textos más conocidos. La Casa está estratégicamente ubicada en el centro de una plaza del barrio, por lo que contamos con la escenografía ideal para una jornada de juegos. Todo comenzó con  una “búsqueda del tesoro”, pequeños objetos prácticamente imperceptibles, a los que una pista enigmática permitía ubicar en algún sector de la plaza: las hamacas, las rejas, la estatua del prócer. Fueron apareciendo hebillas, ganchos, colitas: ¿con qué tienen que ver estas cosas? El pelo, y las búsquedas infructuosas nos llevaron a “Pérdida y recuperación del pelo” de las “Historias de Cronopios y de Famas”.

            “Con mucha frecuencia tendremos la impresión de haber llegado al término de la tarea, porque encontraremos (o nos traerán) pelos semejantes al que buscamos; pero como no se sabe de ningún caso en que un pelo tenga un nudo en medio sin intervención de mano humana, acabaremos casi siempre que el nudo en cuestión es un simple engrosamiento del calibre del pelo (aunque tampoco sabemos de ningún caso parecido) o un depósito de algún silicato u óxido cualquiera producido por una larga permanencia contra una superficie húmeda. Es probable que avancemos así por diversos tramos de cañerías menores y mayores, hasta llegar a ese sitio donde nadie se decidirá a penetrar: el caño maestro enfilado en dirección al río, la reunión torrentosa de los detritus en la que ningún dinero, ninguna barca, ningún soborno nos permitirán continuar la búsqueda. Pero antes de eso, y quizá mucho antes, por ejemplo a pocos centímetros de la boca del lavabo, a la altura del departamento del segundo piso, o en la primera cañería subterránea, puede suceder que encontremos el pelo. Basta pensar en la alegría que eso nos produciría, en el asombrado cálculo de los esfuerzos ahorrados por pura buena suerte, para escoger, para exigir prácticamente una tarea semejante, que todo maestro consciente debería aconsejar a sus alumnos desde la más tierna infancia, en vez de secarles el alma con la regla de tres compuesta o las tristezas de Cancha Rayada.”
           
La fría mañana nos pedía volver a un lugar cubierto, pero cuando quisimos abrigarnos en el salón nos encontramos con que, sorpresivamente, el piso comenzaba a plegarse, subiendo en ángulo recto desde el suelo, y luego la parte siguiente se colocaba de manera paralela a ese plano, para dar paso a una nueva perpendicular, y esa conducta se repetía varias veces hasta llegar a la puerta de entrada. Esta dificultad, afortunadamente, pudimos resolverla buscando en las “Instrucciones para subir una escalera”:
           
“Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie.”

Otras tareas cotidianas y en apariencia simples, requieren también de instrucciones. Los chicos recordaron las “Instrucciones para comer papas fritas” (debe abrirse el paquete tirando de la parte superior del mismo, teniendo cuidado de no hacerlo bruscamente ya que podría desparramarse el contenido. Con los dedos en forma de pinza, se extrae una papa frita, que será llevada a la boca, masticándola suavemente para escuchar el sonido crujiente) y las “Instrucciones para hacer un globo de chicle” (masticar el chicle hasta ablandarlo, estirarlo entre la lengua y el paladar, e introducir la lengua hasta que quede cubierta por una fina capa de goma de mascar. Luego, soplar con suavidad hasta que se forme el globo. Hay que tener dos precauciones: no soplar con fuerza, o el chicle saldrá disparado, y no hacer un globo cerca de un hermano travieso que podría explotarlo en nuestra cara.)            Una vez adentro del salón, y siguiendo con el tema de los hermanos, nos esperaba la historia de Leticia, la chica que jugaba con sus primas junto a las vías del tren en “Final del Juego”. Reprodujimos juntos el juego de los personajes del cuento, el de “Estatuas y Actitudes”.

“El juego marcaba dos formas: estatuas y actitudes. Las actitudes no requerían ornamentos pero sí mucha expresividad, para la envidia mostrar los dientes, crispar las manos, y arreglárselas de modo de tener un aire amarillo. Para la caridad, el ideal era un  rostro angélico, con los ojos vueltos al cielo, mientras las manos ofrecían algo – un trapo, una pelota, una rama de sauce – a un pobre huerfanito invisible. La vergüenza y el miedo eran fáciles de hacer; el rencor y los celos exigían estudios más detenidos. Los ornamentos se destinaban casi todos a las estatuas, donde reinaba una libertad absoluta. Para que una estatua resultara, había que pensar bien cada detalle de la indumentaria. El juego marcaba que la elegida no podía tomar parte en la selección; las dos restantes debatían el asunto y aplicaban luego los ornamentos."

El encuentro llegaba a su fin, pero Cortázar todavía tenía juegos para mostrarnos: entonces llegó Rayuela, la del libro, y también la de colores, pintada en el sector de juegos de la plaza.

Patricia Suarez: "La única manera de crecer es escribiendo cada vez más."

Libro de arena presenta la segunda parte de la entrevista a Patricia Suárez en La Nube. La charla retoma sobre la participación de la autora como jurado del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, sobre la experiencia difícil y compartida con otros escritores de decidir acerca de qué se considera literatura y elegir. La charla abordó entre otros temas, la participación de las nuevas voces en el ámbito infantil, la diferencia con el ámbito de la literatura para adultos, los inicios de la escritora, las primeras publicaciones, la lógica de los premios y las consagraciones, y el gusto por la dramaturgia como forma expresiva. En el final la autora compartió la lectura del monólogo de la primera escena de El escorpión con todo el público.




MM: Interesante. Fuiste jurado del Premio Nacional, con Ani Shua, por eso me acuerdo. ¿Cómo te fue? Te leíste los últimos cinco años de literatura infantil…

PS: Muy linda experiencia. También difícil. Estábamos con Sotelo, María Teresa Andruetto, Ema Wolf y Ani Shua. Hubo una discusión acerca del libro álbum. Sobre si un cuento contado con imágenes es o no es literatura. La realidad es que a mí me parece, que con algunos premios (pasa también con El Barco de Vapor), cuando el premio es para un libro, que puede ser para un chico de cinco años, (y puede caber en una hoja), y una novela para un chico de veinte (que puede tener doscientas páginas), es muy difícil juzgar. Se decidió que literatura era texto. Si la historia podía ser contada sólo por el texto, eso era un libro de literatura infantil. Hay autores que son muy prolíficos, y entonces mandaron muchísimos libros, y entonces había cosas que se repetían mucho. También libros lindos, del tipo: ¿Cómo cepillarse los dientes? ¿Cómo peinarse? ¿Cómo no tener celos del hermanito? Esto se consideró didáctico, no literatura. Como experiencia fue difícil. Pero pudimos premiar a alguien que vive en Tierra del Fuego…

MM: Y de las “nuevas voces”, ¿qué recordás, que sea destacado, que te haya gustado mucho?

PS: Yo peleaba por Hay que ser animal, de Verónica, que me gustó mucho. Y me gustó el de La bellaGriselda, de Isol, que me parecía que realmente era literatura, algunos de Sandra Comino que salieron en Comunicarte, Sergio Aguirre, hay cosas de Franco, hay cosas tuyas…

PS: Igual, el ambiente de la literatura infantil, al lado del de los narradores para adultos, es la panacea de los dioses.

MM: ¿Sí? ¿Por qué?

PS: Yo creo que es así…un poco por los géneros. El poeta es nada, es como un bicho bolita, porque la poesía no se vende, y eso lo sabe desde que empezó. Entonces sabe que tiene que manejarse con otras cosas. El prestigio es relativo, porque el librito no circula demasiado. El autor de teatro es el más social, y en Buenos Aires tenemos un ambiente teatral sumamente solidario, y que es una familia.

MM: Hay buena onda…

PS: Sí, en general sí. También hay gente que está re loca, en todos los géneros pero…

MM: En la plomería también.

PS: Sí, pero incluso, en un año en que viví en  la ciudad de Santa Fe, que es chica y conservadora, en la que hay, como mucho, ocho grupos teatrales, es algo muy disputado, muy reñido: “yo no voy a ir a ver la obra de él”. Es cierto que hay poco para repartir, pero bueno… Acá eso no pasa. También es cierto que acá la gente puede vivir del teatro, porque tenemos la televisión también, que es una fuente de trabajo para los actores. Entonces, ¿cómo te vas a pelear a muerte si a lo mejor lo ves al año siguiente en otra obra, y te toca compartir? También hay gente que se pelea a muerte pero me parece que es mucho más solidario. Y están los sindicatos, acá. Entre los escritores de literatura infantil, también es todo muy solidario. No familia, pero no se compite tanto. Por suerte es una industria que exige un recambio continuo, de títulos y de gente. Los narradores para adultos se sacan los ojos. Es un ambiente muy competitivo. En general, trato de no leer los suplementos literarios, porque aparece eso de “el mejor autor argentino de los últimos cuatrocientos años”. (Risas). “Tiene solamente dieciocho años y publicó…”. Yo me quiero matar. Creo que es tan competitivo porque los lugares que les dan prestigio son muy pocos. Y cada vez menos. Con la proliferación de editoriales es muy difícil el acceso, es muy dura la crítica. No tanto la que salen en los medios, que va a favorecer al grupo editorial y no al autor en sí. Le da igual que sea Sidney Sheldon que Selva Almada. Pero dentro del ambiente de Letras, es muy dura la crítica. Me parece que es eso. Es una percepción mía, puedo estar equivocada.

MM: Uno de los lugares “prestigiantes”, que vos has ocupado, es el de las antologías. De “nuevas voces”, de “voces jóvenes”. Siempre aparecés.

PS: Sí. Como yo empecé a publicar muy chica, siempre parece que tengo diez años más de los que tengo, a pesar de que uso cremas. (Risas). Cuando empezó esto de la “nueva generación, figuran Terranova, u otros autores que tienen hoy cuarenta años, y yo tengo cuarenta y cinco, pero parece que no somos de la misma generación. (Risas). Lo que pasa es que cuando ellos empiezan tenían, a lo mejor, un libro en una editorial independiente, yo ya había ganado  el Clarín, a esa edad. Eso te pone como en otro lugar.

MM: Se habla mucho de las “capillas”, Cuando vos llegaste al Premio Clarín, fueron las “capillas”…

PS: No, viste que yo soy atea. (Risas).

MM: ¿Cómo fue?

PS: Yo escribí esa novela de gente joven que se iba al exilio en el 2000… en realidad, exilio es otra cosa, iban en búsqueda de un destino mejor porque acá estaba todo muy conflictuado económicamente. Y a mí me dolía mucho. No entendía, cómo podía ser que un arquitecto se fuera al País Vasco, donde iba a tener un sueldo cinco veces más contundente, pero donde iba a palear nieve. No se comprendía ese descenso de clase social, que es un logro de nuestros abuelos, nuestro, para sostenernos. Nosotros tenemos una universidad gratuita, en la que ese arquitecto, seguramente, se recibió. Ahí empecé a escribir Perdida en el momento, y escribí la mitad. Una Pascua, en la que estaba cuidando una casa. Y me trabé. Siempre, en la mitad de un texto, sobre todo narrativo, pienso que es una porquería y que no lo va a leer nadie. Lo dejé como quince o veinte días, y alguien me dijo que tenía que terminarlo. Lo terminé. Yo iba a un psicoanalista en Rosario, que me dijo que una manera de que me fuera mejor, era mandándola al concurso de Clarín, por ejemplo. Yo, siempre para arriba en mi estado de ánimo, le dije que no iba a ganarlo nunca. Pasó un año, me vine a vivir a Buenos Aires, estaba embarazada, y dos días antes de que venciera mi cuñada me dijo que me presentara, porque habían postergado la fecha de presentación. Yo llevé el original de mi novela antes de ir a hacerme una ecografía. Y había una pila como de sesenta originales. Cuando me voy (era un departamentito en Palermo), vi dos habitaciones que estaba hasta el techo de originales. Dos días después nació mi hija Alegría, inicié otro mundo. Dos meses después, leí en el diario que estaba entre los diez seleccionados. Yo, ilusionada, llamé al diario, con el seudónimo, que era “Eleanor Rigby”, por la canción de Los Beatles. Pregunté cómo me enteraba, y me dijeron que por el diario. Me llamaron un domingo desde un celular, y me dijeron que me llamaban desde el Premio Clarín, que el martes era la fiesta, que estaba entre los diez seleccionados, que tenía que ir. No pude preguntar nada. Llamé a una amiga, y me dijo que me quedara tranquila, que me había quedado grabado el celular. Que se lo pasara, y que ella llamaba al agente rosarino para que avisara que yo no podía ir porque tenía una nena muy chica. Esto lo cuento para hablar bien del Premio Clarín. Es verdad que nadie sabe nada hasta que llega ahí. Yo siempre les digo, que hasta que no se les muera uno de un infarto, no van a cambiar de idea. Me dijeron que tenía que ir igual. Fui a buscar un vestido, fajada, gasté en un vestido. Yo trataba de no ir, llamaba todo el tiempo. Y me preguntaban si había conseguido niñera para la nena.  (Risas). Finalmente fui con mi marido, vamos a entrar y no estaba en la lista de invitados.

MM: “¿Para qué vine?”. Otra señal…

PS: Sí. Al final entramos. A él lo perdí entre los bocaditos, y me encontré con un amigo de Santa Fe que me preguntó si sabía que había ganado Spregelburg. Le dije que no, que para nada. Y me dijo que era así. No sé de dónde salió, parece que había alguien entre los diez que usó como seudónimo, “Spregelburg”. Con eso lo comprometía a Rafael Spregelburg, como un tarado. Por supuesto que no era Rafael Spregelburg, pero era un tarado el que usó su nombre. La verdad es que no sé de dónde salió. Finalmente fui, me senté atrás, porque por los nervios iba al baño cada dos minutos, me tomé como cuatro copas de champagne, ahí sentadita. Me llamaron, me hicieron sentar adelante. Empezó la fiesta, que dura un montón, y al lado mío estaba Ariel Bermani. Empezaron a nombrar las menciones, primera mención, Ariel Bermani… Y yo estaba nerviosa. Le preguntaba a mi marido: “¿A vos te parece que gané?”. Y después de que lo nombran a Ariel, empecé a decir que no sabía para qué me enganchaba en esas cosas, hasta que escuché mi nombre. Debe ser la única vez en mi vida en la que no tenía emoción por recibir un premio. Todo fue bárbaro, me dio el premio Matilde Sánchez, no era Santo Biasatti, era alguien de la literatura. Para mí fue importante. Estaban Jitrik, Tizón, Gusmán… No era un jurado mediático. Ni estaban premiando el best seller de ayer. Me sentí muy orgullosa, y de verdad, cambió mi vida. De un día para otro. Con otras editoriales. El Barco de Vapor, que tenía el texto en la mano y estaba que se atrevían y no se atrevían, a la semana siguiente Susana Aime con toda la humildad y simpatía de siempre dijo que el libro se editaba. En el Cervantes, donde yo había llevado un texto meses atrás, y no sabían si lo hacían, en cuanto se enteraron lo de Clarín se programó. Ahora que estamos con el Mundial, fue pasar de la B a la A. (Risas). Después, eso hay que sostenerlo. Como en el fondo me tengo fe, creo que si no hubiera sido eso, hubiera sido otra cosa tres o cuatro años después. A lo mejor no era Clarín, no tan prestigioso ni tan mediático.



MM: El otro día, cuando les leí Mariposas de la noche,  todos nos encontramos con la sorpresa de esta edición de San Luis. ¿Qué es eso?

PS:  Nació muerto. Era un concurso de cuentos de San Luis. En el jurado estaba Ani Shua, y estaba Alicia Steimberg. Tenía un lindo premio. Yo tenía un libro de cuentos rechazado continuamente, porque los cuentos para adultos no los quiere editar nadie, porque se tiene el prejuicio de que los cuentos no se leen.

MM: Sin embargo tenés, Esta no es mi noche, en Alfaguara. ¿Cómo es eso?

PS: Esos cada tres años los destruyen. Por contrato, las editoriales grandes, como tienen un problema con el depósito, vos firmás que si cada cierto tiempo no se vende una cierta cantidad de ejemplares, los destruyen. En mi caso, destruyeron trescientos primero, y después, de a sesenta. Es tremendo, es como si te cortaran un pedazo, los pasan por la máquina que corta papel.

Asistente: ¿No podés pedir que te los den?

PS: Te dan veinte, y podés comprar diez más. No podés comprar todo. Si tuvieras la plata, o un amigo que la tiene y te los compra, tampoco podés.

Asistente: O saldarlos…

PS: Alfaguara en ese momento no saldaba, porque es desprestigiarse, para ellos. Yo me quedé muy angustiada. Un día me lo encontré a Carlos Chernov y le conté y me dijo que no me hiciera problemas porque nos pasaba a todos. Es tirar la leche al río. Hay superproducción, no van a hacer que el producto baje de precio, se tira al río. La segunda vez hice una movida en Facebook, y unos libreros, de estos de “Compro libros”, que están en Avenida de Mayo, pudieron comprar una cantidad que inhibe a la destrucción.

MM: ¿Y por qué decís que lo de San Luis nació muerto? ¿Qué pasó?

PS: El contrato era por un año y no había distribución. Y no se puede vender tampoco. El Instituto Nacional del Teatro, tampoco. Puede editar, y de hecho tienen una colección maravillosa de libros de teatro, y de técnica teatral, pero no pueden venderlos. La única manera de adquirirlos es ir al Instituto, pero no puede ir todo el mundo, si no, se agotaría muy rápido la edición. Entonces, son como proyectos muertos.

MM: Así que este libro no se vende en librerías…

Asistente: ¿Y si los pedís en San Luis?

PS: Te lo regalan.

MM: ¿Y el premio era importante?

PS: Sí, era como si te dijera, cuarenta mil pesos. Me acuerdo que Ani me preguntó para qué me había presentado, si cualquier editorial me lo hubiera publicado si lo llevaba y yo pensé: ¡Está demente! Porque nadie me lo había querido editar y me lo habían rechazado vez tras vez. ¡Y ahí a mí me daban cuarenta mil pesos! Así como digo esto, a Philip Roth, por El lamento de Portnoy, le dieron de adelanto, doscientos cincuenta mil dólares.

MM: A lo mejor se imaginaban adónde iba a llegar.

PS: Hay otros montos.

MM: Me quedan tantas cosas, porque sos tan prolífica…

PS: Puedo volver. Ahora que sé cómo llegar…

jueves, 28 de agosto de 2014

Carta fuera del tiempo a Felisberto

El cálido prólogo que Cortázar escribiera en forma de carta en 1980 a Felisberto Hernández (1902-1964) es un texto que une a ambos escritores según el punto de vista de los atributos, opiniones y gustos que Cortázar asume que tienen o tuvieron en común, aun sin haberse encontrado jamás. Como algo propio de la escritura literaria más que de la verdaderamente epistolar, el texto no reconoce los tiempos y se dirige al escritor uruguayo situándolo allí justo, como lector inmediato y cómplice de la carta. El volumen Novelas y cuentos, de Felisberto Hernández, de la Biblioteca Ayacucho (1985) lleva este texto como prólogo, además de estar incluido en Obra crítica, de Cortázar, publicado por Alfaguara. Libro de arena lo comparte con sus lectores como parte de la serie especial en su homenaje.



Felisberto, tú sabes (no escribiré "tú sabías"; a los dos nos gustó siempre transgredir los tiempos verbales, justa manera de poner en crisis ese otro tiempo que nos hostiga con calendarios y relojes), tú sabes que los prólogos a las ediciones de obras completas o antológicas visten casi siempre el traje negro y la corbata de las disertaciones magistrales, y eso nos gusta poquísimo a los que preferimos leer cuentos o contar historias o caminar por la ciudad entre dos tragos de vino. Descuento que esta edición de tus obras contara con los aportes críticos necesarios; por mi parte prefiero decirles a quienes entren por estas páginas lo que Antón Webern le decía a un discípulo: "Cuando tenga que dar una conferencia, no diga nada teórico sino más bien que ama la música". Aquí para empezar no habrá ni sospecha de conferencia, pero a vos te divertirá el buen consejo de Webem por la doble razón de la palabra y la música, y sobre todo te gustara que sea un músico el que nos abra la puerta para ir a jugar un rato a nuestra manera rioplatense.
Esto de abrir la puerta no es un mero recuerdo infantil. En estos días en que andaba dándole la vuelta a la máquina de escribir como un perrito necesitado de árbol, encontré cosas tuyas y sobre vos que no conocía en los remotos tiempos en que por primera vez leí tus libros y escribí páginas que tanto te buscaban en el terreno de la admiración y del afecto. Y te imaginarás mi sorpresa (mezclada con algo que se parece al miedo y a la nostalgia frente a lo que nos separa) cuando llegué a un epistolario recogido por Norah Giraldi, en el que aparecen las cartas que le escribiste a tu amigo Lorenzo Destoc mientras hacías una gira musical por la provincia de Buenos Aires. Como si nada, sin el menor respeto hacia un amigo como yo, fechas una carta en la ciudad de Chivilcoy, el 26 de diciembre de 1939. Así, tranquilamente, como hubieras podido fecharía en cualquier otro lado, sin demostrar la menor preocupación por el hecho de que en ese año yo vivía en Chivilcoy, sin inquietarte por la sacudida que me darías treinta y ocho años más tarde en un departamento de la calle Saint-Honoré donde estoy escribiéndote al filo de la medianoche.
No es broma, Felisberto. Yo vivía entonces en Chivilcoy, era un joven profesor en la escuela normal, vegeté allí desde el 39 hasta el 44 y podríamos habernos encontrado y conocido. De haber estado a fines de ese diciembre no hubiera faltado al concierto del Terceto Felisberto Hernández, como no faltaba a ningún concierto en esa aplastada ciudad pampeana por la simple razón de que casi nunca había concierto, casi nunca pasaba nada, casi nunca se podía sentir que la vida era algo más que enseñar instrucción cívica a los adolescentes o escribir interminablemente en un cuarto de la Pensión Varzilio. Pero habían empezado las vacaciones de verano y yo aprovechaba para volver a Buenos Aires donde me esperaban mis amigos, los cafés del centro, amores desdichados y el último número de Sur. Vos tocaste con tu terceto en eso que llamas a secas "el club" y que conocí muy bien, el Club Social de Chivilcoy detrás de cuyo amable nombre se escondían las salas donde el cacique político, sus amigos, los estancieros y los nuevos ricos se trenzaban en el póquer y el billar. Cuando en tu carta le decís a Destoc que la discusión para que te aceptaran y te pagaran el concierto se libró junto a una mesa de billar, no me enseñas nada nuevo porque en ese club todas las cosas se libraban así. Muy de cuando en cuando, a regañadientes pero obligados a cuidar la fachada de las "actividades culturales", los dirigentes accedían a un concierto o a una velada presuntamente artística, que pagaban mal y sin ganas y que escuchaban apoyándose entredormidos en el hombro de sus nobles esposas.
Si te hablara de algunas cosas que vi y escuché en esos tiempos no te sorprenderían demasiado y en todo caso te divertirían, vos que les contabas tantos cuentos a tus amigos como un preludio para aflojar los dedos antes de refugiarte en tu cuarto de hotel y escribir tus cuentos, justamente ésos que hubiera sido imposible contar sin destruir su razón más profunda. En esos mismos salones donde tocaste con tu terceto yo escuché, entre otras abominaciones, a un señor que primero contempló al público con aire cadavérico (probablemente tenía hambre) y luego exigió silencio absoluto y concentración estética pues se disponía a interpretar la... sinfonía inconclusa de Schubert. Yo me estaba frotando todavía los oídos cuando arrancó con un vulgar potpourri en el que se mezclaban el Ave María, la Serenata, y creo que un tema de Rosamunda; entonces me acordé de que en los cines andaban pasando una película sobre la vida del pobre Franz que se llamaba precisamente La sinfonía inconclusa, y que este desgraciado no hacía más que reproducir la música que había escuchado en ella. Inútil decirte que en el selecto público no hubo nadie a quien se le ocurriera pensar que una sinfonía no ha sido escrita para el piano.
En fin, Felisberto, ¿vos te das cuenta, te das realmente cuenta de que estuvimos tan cerca, que a tan pocos días de diferencia yo hubiera estado ahí y te hubiera escuchado? Por lo menos escuchado, a vos y al "mandolión" y al tercer músico, aunque no supiera nada de vos como escritor porque eso habría de suceder mucho después, en el cuarenta y siete, cuando Nadie encendía las lámparas. Y sin embargo creo que nos hubiéramos reconocido en ese club donde todo nos habría proyectado el uno hacia el otro, yo te habría invitado a mi piecita para darte cana y mostrarte libros y quizá, vaya a saber, alguno de esos cuentos que escribía por entonces y que nunca publiqué. En todo caso hubiéramos hablado de música y escuchado los discos que yo pasaba en una vitrola más que rasposa pero de donde salían, cosa inaudita en Chivilcoy, cuartetos de Mozart, pailitas de Bach y también, claro, Gardel y Jelly Roll Morton y Bing Crosby. Sé que nos hubiéramos hecho amigos, y anda a imaginar lo que habría salido de ese encuentro, cómo habría incidido en nuestro futuro después de conocernos en Chivilcoy; pero claro, justamente entonces yo tenía que irme a Buenos Aires y a vos se te ocurría elegir ese hueco para dar tu concierto. Fíjate que las órbitas no solamente se rozaron ahí sino que siguieron muy cerca durante una punta de meses. Por tus cartas sé ahora que en junio del 40 estabas en Pehuajó, en julio llegaste a Bolívar, de donde yo había emigrado el año anterior después de enseñar geografía en el colegio nacional, horresco referens. Andabas dando tumbos musicales por mi zona, Bragado, General Villegas, Las Flores, Tres Arroyos, pero no volviste a Chivilcoy, la batalla junto a la mesa de billar había sido demasiado para vos. Todo eso asoma ahora en tus cartas como de un extraño portulano perdido, y también que en Bolívar paraste en el hotel La Vizcaína, donde yo había vivido dos años antes de mi pase a Chivilcoy, y no puedo dejar de pensar que a lo mejor te dieron la misma pieza flaca y fría en el piso alto, allí donde yo había leído a Rimbaud y a Keats para no morirme demasiado de tristeza provinciana. Y el nuevo propietario, que se llamaba Musella, te acompañó sin duda hasta tu pieza, frotándose las manos con un gesto entre monacal y servil que bien le conocí, y en el comedor te atendió el mozo Cesteros, un gallego maravilloso siempre dispuesto a escuchar los pedidos más complicados y traer después cualquier cosa con una naturalidad desarmante. Ah, Felisberto, qué cerca anduvimos en esos años, qué poco faltó para que un zaguán de hotel, una esquina con palomas o un billar de club social nos vieran damos la mano y emprender esa primera conversación de la que hubiera salido, te imaginas, una amistad para la vida.

Porque fíjate en esto que mucha gente no comprende o no quiere comprender ahora que se habla tanto de la escritura como única fuente válida de la crítica literaria y de la literatura misma. Es cierto que a mí no me hizo falta encontrarte en Chivilcoy para que años más tarde me deslumbraras en Buenos Aires con El acomodador y Menos Julia y tantos otros cuentos; es cierto que si hubieras sido un millonario guatemalteco o un coronel birmano tus relatos me hubieran parecido igualmente admirables. Pero me pregunto si muchos de los que en aquel entonces (y en éste, todavía) te ignoraron o te perdonaron la vida, no eran gentes incapaces de comprender por qué escribías lo que escribías y sobre todo por qué lo escribías así, con el sordo y persistente pedal de la primera persona, de la rememoración obstinada de tantas lúgubres andanzas por pueblos y caminos, de tantos hoteles fríos y descascarados, de salas con públicos ausentes, de billares y clubs sociales y deudas permanentes. Ya sé que para admirarte basta leer tus textos, pero si además se los ha vivido paralelamente, si además se ha conocido la vida de provincia, la miseria del fin de mes, el olor de las pensiones, el nivel de los diálogos, la tristeza de las vueltas a la plaza al atardecer, entonces se te conoce y se te admira de otra manera, se te vive y convive y de golpe es tan natural que hayas estado en mi hotel, que el gallego Cesteros te haya traído las papas fritas, que los socios del club te hayan discutido unas pocas monedas entre dos golpes de billar. Ya casi no me asombra lo que tanto me asombró al leer tus cartas de ese tiempo, ya me parece elemental que anduviéramos tan cerca. No solamente en ese momento y esos lugares; cerca por dentro y por paralelismos de vida, de los cuales el momentáneo acercamiento físico no fue más que una sigilosa avanzada, una manera de que a tantos años de una mesa de billar, a tantos años de tu muerte, yo recibiera fuera del tiempo el signo final de la hermandad en esta helada medianoche de París.
Porque además también viviste aquí, en el barrio latino, y como a mí te maravilló el metro y que las parejas jóvenes se besaran en la calle y que el pan fuera tan rico. Tus cartas me devuelven a mis primeros años de París, tan poco tiempo después que vos; también yo escribí cartas afligidas por la falta de dinero, también yo esperé la llegada de esos cajoncitos en los que la familia nos mandaba yerba y café y latas de carne y de leche condensada, también yo despaché mis cartas por barco porque el correo aéreo costaba demasiado. Otra vez las órbitas tangenciales, el roce sigiloso sin que nos diéramos cuenta; pero qué querés, a mí me tocaría encontrarte en tus libros y a vos no encontrarme en nada; en ese territorio en que habitamos eso no tuvo ni tiene importancia, como no la tiene el que ahora yo no lleve esta carta al correo. De cosas así vos sabías mucho, bien que lo mostrás en Las manos equivocadas y en tantos otros momentos de tus relatos que al fin y al cabo son cartas a un pasado o a un futuro en los que poco a poco van apareciendo los destinatarios que tanto te faltaron en la vida.
Y hablando de faltas, si por un lado me duele que no nos hayamos conocido, más me duele que no encontraras nunca a Macedonio y a José Lezama Lima, porque los dos hubieran respondido a ese signo paralelo que nos une por encima de cualquier cosa, Macedonio capaz de aprehender tu búsqueda de un yo que nunca aceptaste asimilar a tu pensamiento o a tu cuerpo, que buscaste desesperadamente y que el Diario de un sinvergüenza acorrala y hostiga, y Lezama Lima entrando en la materia de la realidad con esas jabalinas de poesía que decosifican las cosas para hacerlas acceder a un terreno donde lo mental y lo sensual cesan de ser siniestros mediadores. Siempre sentí y siempre dije que en Lezama y en vos (y por qué no en Macedonio, y qué hermoso saberlos a todos latinoamericanos) estaban los eleatas de nuestro tiempo, los presocráticos que nada aceptan de las categorías lógicas porque la realidad no tiene nada de lógica, Felisberto, nadie lo supo mejor que vos a la hora de Menos Irene y de La casa inundada.
Bueno, se me acaba el papel y ya sabemos que el franqueo es caro, por lo menos el que paga el lector con su atención. Acaso hubiera sido preferible callar cosas que siempre supiste mejor que los demás, pero confesa que la historia de la sinfonía inconclusa te hizo reír, y que seguro te gustó saber que habíamos estado tan cerca allá en las pampas criollas. Esta carta te la debía aunque no sea ni de lejos las que te escriben otros más capaces. A mí me pasó lo que vos mismo dijiste tan bien: "Yo he deseado no mover más los recuerdos y he preferido que ellos durmieran, pero ellos han soñado". Ahora llega el otro sueño, el de las dos de la mañana. Dejame que me despida con palabras que no son mías pero que me hubiera gustado tanto escribirte. Te las escribió Paulina también de madrugada, como un resumen de lo que había encontrado en vos: Las más sutiles relaciones de las cosas, la dama sin ojos de los más antiguos elementos; el fuego y el humo inaprensibles; la alta cúpula de la nube y el mensaje del azar en una simple hierba; todo lo maravilloso y oscuro del mundo estaba en ti.

Te querrá siempre

Julio Cortázar

Elaboracion y ejecución de los proyectos institucionales.

Gestionar una organización implica la proyección en el tiempo de diferentes acciones tendientes a resolver las situaciones problemáticas que se plantean, o generar cambios para lograr mayor eficiencia. Los proyectos pueden variar según su alcance o extensión en el tiempo, pero todos constituyen una representación en perspectiva, una anticipación de los hechos y siempre con carácter de intento o prueba. Libro de arena publica un texto en que Ana Niro hace referencia a estas y otras cuestiones relativas a la  producción y planeamiento de proyectos.



Por Ana Niro


Introducción
La palabra proyecto comienza a aplicarse con un significado similar al que hoy conocemos alrededor del Siglo XV, sin embargo su especificidad como modo de trabajo en lo institucional es bastante posterior y se lo ubica alrededor de comienzos del Siglo XX.
Para iniciar la descripción del tema, tenemos que decir que un Proyecto es el propósito de hacer algo, que se enmarque en una estructura superior que es pertinente a toda la institución (PLAN).
Un PLAN es una herramienta para el desarrollo y la transformación de las instituciones a largo plazo que se hacen posible mediante PROGRAMAS orientados a partes, aspectos o sectores de la institución, los cuales, a su vez, se hacen operativos a través de PROYECTOS.
Por lo tanto, el PROYECTO es una solución organizada prevista para intervenir en situaciones problemáticas recortadas de un contexto mayor.
Se busca el compromiso de equipo en el abordaje de la situación detectada. Ese compromiso supone una planificación de las actividades que se deben realizar para alcanzar la meta buscada, proceso que se irá reajustando a medida que se evalúen logros parciales.
Al finalizar, el proyecto previsto requiere una evaluación en los que no sólo entran en juego los contenidos alcanzados, sino que se despliega en ella la actitud metacognitiva que permite analizar los aprendizajes realizados en la resolución de la situación.
Es importante saber que el PLAN no anula la incertidumbre, sólo la reduce previendo y orientando el proceso, reconociendo que la realidad es dinámica y reclamando de los planificadores un monitoreo constante entre planificación y realidad.

Viabilidad de la planificación
El diseño de un proyecto, en tanto tarea compartida, refuerza y mantiene el sentido de comunidad como medio para conseguir el bien común, con el objeto de modificar sus circunstancias, de acuerdo con una concepción, compartida por sus miembros, de los valores humanos en general y de los institucionales en particular. Hacer bosquejos y croquis implica épocas de debate, discusión, confrontación que enfrentan a cada autor con la posibilidad de transformar las dificultades en posibilidades.
Al elaborar un PROYECTO de trabajo institucional se debe partir del análisis de tres racionalidades de los cuales se desprenderá la viabilidad de llevar adelante la propuesta:
o Racionalidad organizativa: se refiere al saber intelectuales, práctico y procedimental que le otorga lógica al modelo (se necesita un conocedor del tema).
o Racionalidad socio–política: se refiere al carácter social del proyecto, la multiplicidad de actores, del poder de cada actor, de la organización socio–política de la institución y del entrecruzamiento con otras instituciones.
o Racionalidad económica–financiera: se refiere a la eficiencia del proyecto por medio de la previsión y la obtención de los elementos materiales y financieros. Conceptos como eficacia, eficiencia, productividad, control, calidad, etc. provienen de códigos empresariales que cobran sentido en éste y otros aspectos de la planificación.

Fases para la concreción de un proyecto
Los proyectos siempre se insertan en una estructura existente. Por eso para el trabajo inicial hay que tener en cuenta las distintas y correlativas etapas:
Teniendo en cuenta los ejes mencionados se realizan diferentes etapas:
* Diagnóstico: es la etapa asignada a la obtención y utilización de la información relevada.
* Diseño: en este momento se realizan la previsión de acciones, medios y tiempos de intervención para resolver problemas, actualizar y optimizar las potencialidades.
* Desarrollo: es la puesta en marcha del diseño previsto.
* Evaluación: se realiza un aprecio y valoración sistemático de lo realizado y de lo objetivos obtenidos
* Retroalimentación: se utiliza la información obtenida para tomar decisiones, reajustar y reorganizar el proyecto.
* Sistematización: es el momento de la reconstrucción de la propuesta.

Elementos que componen un proyecto
Las fases antes mencionadas están incluidas en una matriz operativa que contiene los siguientes momentos (los que enumeramos no son los únicos posibles pero sí son los imprescindibles):
1. Denominación del proyecto: (¿En qué consiste este proyecto?)
El nombre otorga identidad y permite el reconocimiento de qué es lo que se va a realizar. Se constituye como eje estructurador de la propuesta de trabajo. Debe ser precisa y espresar claramente lo que se pretende lograr. Generalmente contiene: título, subtítulo, breve descripción, instituciones de origen, patrocinante, lugar y fecha.
2. Fundamentación: (¿Por qué lo hacemos?)
Es la razón de ser, lo que le da origen. No necesariamente debe ser extensa pero debe contener porque el proyecto apunta a esa razón.
3. Destinatarios: (¿Para quiénes lo hacemos?)
Se refiere a la población que recibirá los beneficios de la propuesta.
4. Objetivos: (¿Para qué lo hacemos?)
Responde a lo qué se espera encontrar. Pueden diferenciarse en generales y específicos o darles la funcionalidad que convenga al proyecto.
5. Contenidos
Se detallan los contenidos específicos a trabajar. Es una enumeración concreta.
6. Plan de acción y cronograma de actividades: (¿Cuándo lo haremos?)
Para la implementación de un proyecto es necesario trazar el plan de las acciones que permitirán el cumplimiento de los objetivos. El plan de acción debe prever todas las actividades y tareas desagregadas con su consiguiente cronograma.
7. Recursos y lugar: (¿Con qué lo haremos?¿Dónde lo haremos?)
Los recursos materiales deben ser previstos con anticipación para poder cumplir con los tiempos y acciones diseñadas, para esto es conveniente realizar un listado de recursos o insumos y evaluar su existencia, disponibilidad o la posibilidad de adquisición. Igualmente, deberá preverse la disponibilidad de los espacios físicos requeridos para el proyecto.
8. Tiempo estimado de duración: (¿Cuánto tiempo? )
9. Evaluación y monitoreo: (¿Cómo conoceremos los logros?)
Implica establecer la modalidad de seguimiento del proceso, los cortes temporales y las instancias para la evaluación del diseño, de la implementación y de los resultados. Esto no significa detener el resultado del proyecto, sino establecer momentos para el análisis de las variables intervinientes y medir los resultados en función de implementar correcciones y mejoras. El coordinador general del proyecto y los responsables de cada tarea tendrán a su cargo el seguimiento y la evaluación de las áreas a su cargo.

Elaboración del Informe
Luego de transcurridas todas las etapas del Proyecto es conveniente realizar un informe. Consiste en la reconstrucción escrita del trabajo realizado, que asienten las conclusiones a las que se arribó en la evaluación y con recomendaciones para futuros emprendimientos.
El informe es una unidad expositiva racional, sistematizada y coherente que ordena lo que se hizo teniendo en cuenta: por qué, para qué, cuándo, cómo, con qué resultados, quiénes participaron, etc.
En el cuerpo de la información se puede incorporar: identificación, introducción, desarrollo, conclusiones, recomendaciones, glosario, apéndice, bibliografía y si es necesario se puede agregar gráficos, cuadros, diagramas, esquemas, fotos, etc.

Cerrando el tema

La elaboración de un Proyecto nunca acaba porque siempre es perfectible. Es una tarea que se construye en la reflexión de la experiencia de los equipos de trabajo, en la suma de habilidades y compromisos de cada componente, se complementa con la consulta bibliográfica y aprendiendo de los errores y las realizaciones. 

miércoles, 27 de agosto de 2014

Cortázar y el rigor del homo ludens

La serie dedicada a Cortázar en el centenario de su nacimiento continúa trayendo a los lectores propuestas de acercamiento y recuerdo del escritor argentino que supo fascinar a generaciones con sus cuentos y novelas. Libro de arena publica hoy un artículo de Mario Méndez a propósito de  la "traducción" a lenguaje literario de la teoría sobre el género fantástico que ensaya Cortázar en "Estado de las baterías", en Último Round.


Por Mario Méndez


En su libro Último round, fantástica miscelánea que reúne, entre otros muchos textos memorables, “Sílaba viva” el poema dedicado al Che Guevara, el cuento “Silvia”, fotografías comentadas, ensayos breves y más cuentos y poesías, Cortázar incluye un impecable ensayo breve acerca de la verosimilitud, lo fantástico, lo maravilloso y el rigor literario. Es, esa pequeña reflexión, una obra maestra en apenas dos paginitas. El texto, titulado “Estado de las baterías”, refiere a la página 220 de 62, modelo para armar, la novela que escribió luego de Rayuela, unos cinco años después de su libro más célebre. Cortázar dice que cuando Juan, uno de los personajes centrales de la novela, llega a París después de unas cuantas semanas de ausencia, va inmediatamente al garaje y arranca su auto. Eso, sostiene Cortázar, hará que el lector que desconozca la vida práctica de París piense que nos encontramos ante algo imposible, porque la batería debía estar descargada. Aunque de inmediato agrega que “El mismo lector, sin embargo ha encontrado
tantas irrealidades en el libro, que incluso si repara en ese detalle técnico puede sentirse tentado de incluirlo en la cuenta de todo lo precedente; si es así, debería dedicarse a leer otro tipo de literatura, porque con éste no congenia”. Luego explica: la literatura fantástica no puede, ni debe, dejarse tentar por “transgresiones frívolas”. Hay una lógica intrínseca del relato que hace que el lector acepte lagunas que se encrespan en el medio de París, o líneas del Metro que cambian de rumbo, pero que no puede aceptar la facilidad de que el auto arranque porque sí. Juan, el personaje, nos asegura Cortázar, ha llamado al patrón del garaje para que le tenga el auto listo, y no hay necesidad de que tal llamado sea explicitado en el texto. El lector implacable, ese “homo ludens” que se toma las cuestiones de la realidad, la irrealidad y, sobre todo, la verosimilitud de un relato muy en serio, no tolera el engaño. Ese es, al decir de Cortázar, su “maravilloso rigor”. Para despejar toda duda, el texto, esclarecedor y contundente, termina así:
“Un auto que arranca con la batería descargada entra en lo maravilloso y no en lo fantástico; el auto de Juan, en todo caso, no se parecía para nada a la carroza de la Cenicienta”. (Que, si se me permite la irrespetuosidad, podría traducirse por “cómo resumir la tesis que Todorov desarrolla en su famosa Introducción a la literatura fantástica, en apenas una bellísima oración”).

Agenda semanal de actividades literarias

Todas las semanas el programa Bibliotecas para armar ofrece una serie de actividades gratuitas destinadas a promover el vínculo de las bibliotecas comunitarias con aquellas personas interesadas en formarse en temáticas relacionadas con el libro y la lectura. Además, brinda talleres especialmente pensados para niños y adolescentes.


Miércoles   27

Jornadas Internacionales: “Lecturas y relecturas de Julio Cortázar”
Como parte de la programación del “Año Cortázar 2014: Cien años con Julio”, el Ministerio de Cultura de la Nación organiza estas jornadas en las que más de cuarenta escritores, académicos, periodistas y pensadores argentinos y del mundo debatirán sobre el rol del intelectual en la actualidad, analizarán la obra del autor de Rayuela en sus múltiples aspectos y trazarán sus vínculos con el cine y la narrativa de hoy.
De 9:30 a 21 hs.
Biblioteca Nacional, Auditorio Jorge Luis Borges, Agüero2505
Programa completo: aquí

Muestra Cortázar. Junio - Noviembre
Esta muestra homenajea la vocación lúdica de Cortázar y propone al visitante distintos recorridos: el que le dicte la habitual distribución del espacio; el que propone el tablero con las estaciones numeradas o el que le sugieran sus ganas y curiosidad.
Museo del libro y de la lengua, Av. Las Heras 2555

Taller: las escrituras past
A cargo de Juan José Mendoza
Escritor invitado: Agustín Fernández Mallo
De 14 hs. a 19 hs.
Centro Cultural de España en Bs.As., Florida 943


Jueves 28

JAZZ: La música de Cortázar
Jazz. Con la curaduría de Ernesto Jodos.
A las 19 hs.
Museo del libro y de la lengua, Auditorio David Viñas, Av. Las Heras 2555

Épocas de Galera: Literatura y Ópera Rusa. Pushkin y Chaikovsky
Clases-seminario a cargo de Federico Spoliansky en las que se analizará la relación entre los textos de Pushkin, La dama de pique y Evgeny Onegin, y las óperas que compuso Chaikovsky sobre éstos.
A las 16 hs.
Biblioteca Nacional, Sala Augusto Raúl Cortázar, Agüero2505

Presentación de la 41ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires
Acto de Presentación
A las 9:30 hs.
Biblioteca Nacional, Auditorio Jorge Luis Borges, Agüero2505


Viernes 29

Entrevista pública a Agustín Fernández Mallo
Junto a Marcelo Topuzian y Juan Mendoza. Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) es licenciado en Ciencias Físicas. En el año 2000 acuña el término Poesía Postpoética, que ha quedado reflejado en los poemarios, Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus (2001, Alfaguara, 2012), Creta lateral travelling (2004, premio Café Món), entre otros.
En colaboración con FFyL, UBA y el apoyo de Editorial Alfaguara
A las 19 hs.
Facultad de Filosofía y Letras, UBA, Aula 346, Puán 480

Cuento Cortázar
Una propuesta de Ana Padovani. Ofrece un relato de la vida del autor de Rayuela que incluye un recorrido y lectura de sus textos.
A las 19 hs.
Museo del libro y de la lengua, Auditorio David Viñas, Av. Las Heras 2555

Ciclo de cine: “Hecho en Chubut”
Presenta la película Forajidos de la Patagonia
A las 20 hs.
Entrada libre y gratuita
Casa de Chubut, cine auditorio de la Casa del Chubut, Sarmiento 1172

Efímero cine
Una remake tecnológica del kamishibai. Espectáculo performático que fusiona las artes visuales y escénicas y compone una extraña concelebración que recuerda esas pequeñas cajas escénicas que los japoneses utilizaban, metiendo y sacando láminas, para contar cuentos: los kamishibai, dramas de papel.
A las 20 y 21.30hs
Centro Cultural Rojas, Sala Cancha, Corrientes 2038
Entrada gratuita
Capacidad: 30 localidades

Los Quesada. Letras, ciencias y política en Argentina
Presentación del libro de Pablo Buchbinder sobre Vicente y Ernesto Quesada, figuras centrales de la vida pública argentina entre mediados del siglo XIX y la década de 1930.
A las 19 hs.
Biblioteca Nacional, Sala Augusto Raúl Cortázar, Agüero2505

Muerte accidental de un anarquista
Gran farsa del italiano Dario Fo, (1970). Ciclo de Teatro Independiente del Tere: inaugurado por el Grupo Warnición.
A las 22.30 hs.
Centro Cultural Teresa Israel, Acuña de Figueroa 797 (y Humahuaca)


Sábado 30

Libros y Músicas: Románticos nacionales.
Lecturas de Antón Chéjov y concierto de Musiké arte sonoro. La interrelación entre las artes puede establecerse por diversos nexos: temporales, geográficos o estéticos.
A las 17 hs.
Biblioteca Nacional, Auditorio Jorge Luis Borges, Agüero2505


Convocatorias

Convocatoria Premio “latinoamérica” de Argentores mejor guion original para televisión (Argentina)

Género: Guión
Premio: U$S 10.000.- (diez mil dólares norteamericanos) y estatuilla
Abierto a: autores de habla hispana y portuguesa de América Latina
Entidad convocante: Sociedad General de Autores de la Argentina
País de la entidad convocante: Argentina

Fecha de cierre: 30:08:2014
Más información: aquí

martes, 26 de agosto de 2014

La culpa y el enredo

Cuando la literatura infantil y juvenil todavía no era un segmento institucionalizado del mercado editorial Cortázar ya era un clásico de las lecturas de los más jóvenes. Libro de arena publica una impresión de lectura sobre “No se culpe a nadie” (Final del juego, 1964) que evoca los tiempos de una infancia ya habitada por los mundos de los relatos fantásticos.
                                                      


Por Eugenia Galiñanes


Soy la menor de tres hermanos. Bastante menor. Así que buena parte de mi infancia transcurrió haciendo de conejillo de indias de sus experimentos para convertirse en adultos: padres, protectores, educadores. En este contexto, y con una hermana estudiante de Letras, me topé con lecturas impensadas para una niña de once años. Para cuando estaba terminando la primaria, escritores como Borges y Cortázar se habían convertido en mis autores favoritos. Corría el invierno del año ’96 cuando este relato cayó en mis manos. Recuerdo que era invierno porque al comenzar a leer el cuento me sentí identificada con el narrador que hablaba de la comodidad del verano. Y recuerdo que yo también tenía un pulóver azul de lana (grueso, picoso, molesto) que después de ese día no volvería a usar jamás. Supongo que a esa edad las  interpretaciones suelen ser más bien literales y, por eso, la idea de que una acción tan corriente como ponerse un pulóver cerca de una ventana abierta pudiera terminar con un hombre cayendo doce pisos de cara al viento y con el pavimento como punto de llegada, era bastante estremecedora. Sin embargo, con el tiempo, seguiría sorprendiéndome de la capacidad de Cortázar para convertir un hecho o una actividad ordinaria en una situación fascinante (fuera por observar un anfibio en una pecera o por subir una escalera). Pero volviendo al pulóver azul y los doce pisos, recuerdo vívidamente la sensación de ahogo, de calor, de incómoda humedad, de desesperación que me produjo la descripción que, en “No se culpe a nadie”, Cortázar hace del pobre tipo que trata de abrigarse para salir a encontrarse con su mujer en una tarde-noche de otoño. Era encontrarse en un callejón sin salida, con la fuerte impresión de que la resolución no podía ser feliz. Y en medio del agobio, de la fatiga, de la lucha, en eso el elemento fantástico: la metamorfosis de una parte del cuerpo (una parte tan confiable de nuestro cuerpo como nuestra mano derecha), una mutación entre monstruosa y animalesca que viene a inclinar la balanza.
Algunas lecturas de este cuento hacen hincapié en la disputa de un hombre entre sus deseos y las convenciones sociales, disputa que encuentra su correlato en el propio cuerpo, representada por la pelea entre la mano izquierda y la derecha. ¿Pero y si las convenciones sociales que asfixian a nuestro protagonista estuvieran representadas por el pulóver azul? La mano derecha, luego del contacto con la lana, se rebela y vuelve a lo más primitivo del ser, el deseo, lo animal, va y viene como loca y casi pareciera que se mueve por impulsos propios de otra conciencia. La mano izquierda permanece dócil y fiel al objetivo socialmente aceptable de ponerse un pulóver que vaya bien con un traje gris antes de salir a la calle. Y el hombre se debate y pelea, como partido en dos. Hemos alcanzado el punto de no retorno: las reglas del mundo oprimen nuestros deseos pero, en definitiva, sabemos que no podemos cambiar ese mundo y esas reglas. El destino trágico del hombre es dejar que la batalla se dé hasta el fin. Cuando terminar de ponerse el pulóver se convierte en la única opción posible (intentar quitárselo a mitad del recorrido había probado ser más difícil y doloroso), sabemos que el final está por llegar. Sacar la cabeza de dentro de la lana hacia el aire frío y reconfortante del afuera significaba enfrentarse al animal que esperaba agazapado: las cinco uñas negras como garras de la mano derecha atacan a nuestro protagonista que sólo puede defenderse volviendo al azul para, finalmente, caer por la ventana, liberado de manos y pulóveres.
Y a nadie puede culparse. Ni a una mano enajenada ni a una prenda de vestir. ¿Fue entonces un accidente producto de un estado mental delirante? Esa sería la explicación más racional y que nos dejaría tranquilos con el orden de las cosas. ¿Pero y si no? Deberíamos aceptar que los objetos inanimados pueden cobrar vida y que nuestro cuerpo puede tener voluntad propia, y que ambos pueden confabularse en nuestra contra. ¿O…? O quizás haya sucedido que un hombre atrapado en una vida a la que no encuentra una salida decide terminar con ella. ¿Pero cómo culparlo por ello? ¿Cómo estar seguros? En definitiva, de lo único que fue culpable nuestro amigo fue de la torpeza de enredarse con un pulóver cerca de una ventana abierta.

lunes, 25 de agosto de 2014

El fuego de la creación

Una vuelta a Cortázar en cinco días. En recuerdo del escritor que hizo del cambio de punto de vista, y de las transformaciones de recorridos de lectura, construcción del tiempo y el espacio,  pero también de personajes y voces, su derrotero de escritura Libro de arena publicará a lo largo de esta semana una serie de notas, artículos y textos de vuelta a Cortázar.



Por Cecilia Druz

Qué mejor forma de rememorar a un escritor que a través de las huellas que dejó...sus palabras: “...Ardemos en nuestra obra, fabuloso honor mortal, alto desafío del fénix. Nadie nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette”. (Rayuela, 1963,502).
Esa era la esencia de Cortázar, el fuego, la llama que todo lo consume y todo lo resucita. La primera vez que leí Rayuela tuve sentimientos encontrados; por un lado admiré a ese autor que fue capaz de quebrar la barrera de la lectura lineal, e incluso las prescripciones de la lingüística al crear su propio idioma. Al mismo tiempo, esta novela cumple con una función que tienen o deberían tener todos los libros, estimuló mi curiosidad, impulsándome a investigar. Por el otro lado, esta obra tenía desde mi perspectiva una veta amarga cuya raíz era subjetiva: nunca llegué a congeniar con el personaje principal, Oliveira. Sin embargo, no sé si fue realmente negativo; negativo hubiera sido que la trama me hubiese resultado indiferente, que los personajes fuesen anodinos y las palabras vacías. Ese fue mi primer encuentro con Cortázar. Años más tarde conocí a una amiga que ama profundamente a Cortázar y me exhortó a darle otra oportunidad, por lo que decidí leer sus cuentos. Y eso fue amor... El primer cuento que leí fue “La señorita Cora” donde cambia el punto de vista innumerable cantidad de veces desafiando la concentración del lector y nos introduce en un mundo donde algo tan cotidiano, como una operación de apéndice puede terminar en un hecho extraordinario y fatal, para que luego la rutina vuelva a convertirse en premisa. O como en “La autopista sur”, historia en la cual tras un  embotellamiento los acontecimientos más absurdos y extremos tienen lugar generando lazos entre los personajes que parecen eternos y terminan en el olvido, en un camino “donde todo el mundo miraba hacia adelante, exclusivamente hacia adelante”.
Cortázar jugaba con los límites de este y de todos los mundos imaginables, cuestionó todas las normas preexistentes, puso a prueba sus fronteras y creó su propia realidad. Un mundo a veces mágico, a veces lúgubre, donde el juego es la palabra clave, donde la muerte no es el fin y el cuerpo no define nuestro tiempo pues el tiempo ya no es relevante, donde la lógica danza con la locura en una delicada armonía que amenaza constantemente con colapsar y arrastrar consigo todo lo que ha creado. Julio Cortázar fue una y muchas personas a la vez, así como Rayuela es uno y varios libros a la vez. Nos ha legado un estilo, una perspectiva, en fin... Cortázar puede agradarnos o no, podemos comprenderlo o no, pero jamás nos será indiferente, pues su rúbrica fue, es y será la pasión.