viernes, 31 de octubre de 2014

Agenda semanal de actividades del programa

Todas las semanas el programa Bibliotecas para armar ofrece una serie de actividades gratuitas destinadas a promover el vínculo de las bibliotecas comunitarias con aquellas personas interesadas en formarse en temáticas relacionadas con el libro y la lectura. Además, brinda talleres especialmente pensados para niños y adolescentes.







Leyendo espero, bibliotecas en peluquerías
A partir del sábado 8 de noviembre, el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires instalará pequeños dispositivos de lectura en peluquerías y salones de belleza. Estas bibliotecas de proximidad buscan acercarse al vecino allí mismo donde surge la necesidad y la oportunidad de la práctica lectora. Los asistentes al acto de lanzamiento podrán disfrutar de actividades participativas y presenciar un espectáculo de narración de cuentos. El lanzamiento se llevará a cabo en Peluquería Georgeo, Iberá 1800, esquina 11 de Septiembre, Núñez, a las 11 hs.


Programación semanal de Bibliotecas para armar

Lunes 3

De memoria
Muchas veces, el recuerdo de algún episodio vivido tiene forma de cuento. Y otras, un cuento que leemos nos hace acordar de algo que nos ocurrió alguna vez. A partir de la lectura de relatos de autores latinoamericanos, recorreremos el camino que une literatura y memoria.
Actividad para asistentes a la institución.
A las 11:30
Hogar 20
Tronador 4460, Saavedra

Encuentro con escritores de literatura infantil y juvenil
El ciclo se propone echar una mirada sobre la literatura infantil y juvenil argentina en particular, y la literatura en general, mediante el encuentro con actores importantes del campo, y la lectura y análisis de poesías, novelas y cuentos. Actividad dirigida a los referentes y bibliotecarios de las bibliotecas populares y comunitarias con las que el programa trabaja y está abierto al público en general interesado en la temática. Entrevista a Mario Méndez.
Actividad con inscripción previa.  
A las 18 hs.
Asociación La Nube -infancia y cultura-.
Av. Jorge Newbery 3537, Colegiales


Martes 4

Taller de Arte y Literatura: Palabra x palabra
Indagamos en la palabra de los argentinos las huellas de nuestra historia. Dichos de uso cotidiano, refranes, lunfardo, piezas literarias del tango, el rock, el folklore, la cumbia, y obras literarias emblemáticas de nuestra cultura, son disparadores del debate y la reflexión.
Actividad para asistentes a la institución.
A las 17:30 hs.
Biblioteca Ofelio Vecchio, Club Nueva Chicago
Av. Lisandro De la Torre 2288, Mataderos

Ciclo de cine y literatura: Cine de autor, directores de sus libros.
El objetivo del ciclo es leer, ver, discutir y reflexionar acerca de las obras de la literatura universal que se hicieron película en manos de sus mismos autores. Además la propuesta involucra atender a las diferencias y semejanzas entre los modos de narración literarios y cinematográficos. Lectura y análisis de la obra de teatro Muerte, de Woody Allen
Actividad con inscripción previa.  
A las 19 hs.
Biblioteca Alberto Gerchunoff, Asociación Hebraica.
Sarmiento 2233, Once

Taller de Arte y Literatura: Palabra x palabra
Indagamos en la palabra de los argentinos las huellas de nuestra historia. Dichos de uso cotidiano, refranes, lunfardo, piezas literarias del tango, el rock, el folklore, la cumbia, y obras literarias emblemáticas de nuestra cultura, son disparadores del debate y la reflexión.
Actividad para asistentes a la institución.
A las 19 hs.
Biblioteca Gustavo Roldán
Basualdo 603, Villa Luro


Miércoles 5

Taller de animación audiovisual
Pasando por las distintas etapas de la producción, como la de creación de personajes, storyboard, sonido y edición del cortometraje el taller se propone el objetivo de adaptar un cuento al lenguaje audiovisual.
Actividad para asistentes a la institución.
A las 10 hs.
Lamadrid 1100, La Boca

Taller de animación audiovisual
Pasando por las distintas etapas de la producción, como la de creación de personajes, storyboard, sonido y edición del cortometraje el taller se propone el objetivo de adaptar un cuento al lenguaje audiovisual.
Actividad para asistentes a la institución.
A las 18 hs.
Biblioteca del Centro Cultural Copello
Av. Dellepiane Norte 4900, Barrio Copello


Jueves 6

De chiquilín te miraba
Taller de lectura, transmisión oral y producción visual. Compartiendo relatos de infancia de destacados escritores latinoamericanos recuperamos nuestras primeras imágenes del mundo. Es esta una invitación a reflexionar sobre la compleja trama de las relaciones humanas, sobre los laberintos del lenguaje que nos constituye; a develar las máscaras de la cultura, y así nutrir esas sutiles huellas que tienen la capacidad de transformarnos.
Actividad para asistentes a la institución.
A las 14 hs.
Biblioteca Edad Dorada, Club de día Mensajeros de la paz
Hogar Santa Ana y San Joaquín
Culpina 1021, Flores

Seminario de animación a la lectura y promoción de la biblioteca
Capacitación para adultos que intenta abrir un espacio a partir del cual los participantes puedan investigar, incorporar y poner en práctica los instrumentos que ofrecen las diferentes manifestaciones artísticas, en su articulación con el diseño de estrategias de animación a la lectura.
Actividad con inscripción previa
A las 17 hs.
Casa de Chubut, San Nicolás
Sarmiento 1172


Viernes 7

Capacitación para mediadores de lectura en técnicas de Narración oral y lectura en voz alta
Capacitación para profundizar herramientas y técnicas para descubrir al narrador que todos llevamos dentro.
Actividad para asistentes a la institución.
A las 14:30 hs.
Hogar San Martín
Av. Warnes 2650, La Paternal


Sábado 8


Inauguración del proyecto Leyendo espero
Instalación de Bibliotecas de proximidad en peluquerías, con el propósito de acercar los libros a los vecinos, al concurrir allí mismo donde surge la necesidad y la oportunidad de la práctica lectora. Los asistentes al acto de lanzamiento podrán disfrutar de actividades participativas y presenciar un espectáculo de narración de cuentos.
A las 11 hs.
Peluquería Georgeo
Iberá 1800, esquina 11 de Septiembre, Núñez


Biblioteca Abierta”

El Proyecto Biblioteca Abierta, que lleva a cabo el Programa Bibliotecas para Armar, acompaña de manera activa el trabajo que realizan día a día las Bibliotecas Comunitarias de la Ciudad de Buenos Aires, realizando diversas actividades con el objetivo de promover la lectura y el buen funcionamiento de las bibliotecas.


Martes 4

Hogar San Martín
Av. Warnes 2650, La Paternal
A las 10 hs.


Jueves 6

Servicio social de San Cayetano
Cuzco 220, Liniers
A las 19 hs.

Sandra Comino:" Yo escribo mucho, y publico poco. "

Entre lectura, escritura, cursos y viajes aparecen los distintos temas sobre los que habla en la entrevista realizada en La Nube el 15 de septiembre,  Sandra Comino. La escritora comentó acerca de su participación en la revista La Mancha, en Planetario, su trabajo como periodista, como docente, como crítica literaria, pero también habló de la libertad de decir su pensamiento, la censura y los temas que los editores consideran conflictivos. Estos fueron algunos de los ejes de la conversación coordinada por Mario Méndez, que forma parte del ciclo "Encuentros con escritores de literatura infantil y juvenil". Libro de arena publicará la segunda parte el viernes próximo.




MM: Buenas tardes. Tenemos hoy la visita de Sandra Comino. Es una alegría estar hoy acá con ella. Es una amiga, y el lunes pasado la hemos leído y charlado bastante. Voy a hacer, como siempre, un breve repaso por la biografía, para los que no estaban el lunes pasado. Nació en Junín, es escritora, docente, coordinadora de talleres de escritura… ¿Todavía coordinás talleres?

SC: No, todos los años estoy por empezar con un grupo… Lo último fue Casa de Letras, hace cuatro o cinco años.

MM: ¿En Promoción de la Lectura era el mismo taller?

SC: Eran dos. Porque yo ahí daba Lectura en Voz Alta, en el marco de un proyecto que se llamaba Dijo Alicia, y Liliana Bodoc daba escritura. Éramos un grupo de gente. Liliana tuvo que dejar a mitad de año, y yo tomé, con un susto que no te digo, el curso de sus alumnos, que también eran alumnos míos en Lectura en Voz Alta, pero Escritura es otra cosa. Lo que aprendí me encantó. Al año siguiente retomé. Después me volvía un poco loca con los viajes. Porque a mí me encanta gitanear. Y tenía que dedicarle mucho tiempo, porque un curso es un día por semana o por lo menos cada quince días. Y por eso dejé.

MM: Lo de los viajes voy a preguntártelo después, me imagino que son los del Plan de Lectura.

SC: Este año todavía no viajé por el Plan de Lectura. Viajé por “Sandra Comino”.

MM: Bueno, coordinó la biblioteca infantil de la Fundación El Libro de Buenos Aires, formaba parte de la Comisión Directiva de ALIJA, y tuvo una experiencia periodística por la que este año ganó El Pregonero por la labor periodística relacionada con la literatura infantil. (Aplausos)

SC: Nunca en la vida me imaginé que me iban a dar un Pregonero por periodista.

MM: ¿Por qué no?

SC: Porque si lo esperaba era por otras cosas. Nunca supe que hacía periodismo. Después, cuando me pidieron el currículum para que mostrara, dije: “¡Uy, era!”.

MM: Publicó en La Mancha, que fue una revista importantísima de literatura infantil argentina, donde estuvo con Graciela Montes… en realidad, un poco la heredaste. Contanos como fue.

SC: Eso fue “el sueño de la piba”. La Mancha llegaba al número siete. Los que habían fundado la revista eran Laura Devetach, Gustavo Roldán, Ema Wolf, Graciela Cabal, Graciela Montes, Silvia Schujer, y Ricardo Mariño. Yo hacía las reseñas junto a Elisa Boland, Gustavo Bombini y Nora Lía Sormani. Nos convocaba Graciela Pérez Aguilar. No quiero olvidarme de nadie. A mí me llamó ella. Entonces, pensaron en quién podía continuarla, y un día nos lo dijeron. Fue un sueño. Ya la revista tenía un recorrido. Pero también fue un compromiso y un nivel de exigencia muy grande. El editor siguió siendo el mismo, Eric Domergue. Ahí aprendimos un montón, en una época en la que no había muchas opciones y hacíamos todo a pulmón.

MM: ¿La revista circulaba comúnmente en los quioscos?

SC: Sí, y era boca a boca. No teníamos  mucha distribución, pero era muy conocida por el período anterior, en el que estaban todos ellos.

MM: ¿Y desde que vos te sumaste, cuánto tiempo?

SC: Hicimos hasta el veintidós.

MM: Tres veces más de lo que había.

SC: Sí. Y dejamos porque sentimos que habíamos cumplido un ciclo. Y además, era mucho trabajo, y ad honorem. Temíamos repetirnos. Había que dejar paso a que surgieran otras cosas.

MM: ¿Qué recordás, de las cosas que hiciste en La Mancha, para destacar?

SC: No me acuerdo bien de cómo era la distribución de las secciones. Yo tenía la parte de los libros. Hace catorce años que digo que eso no lo voy a hacer más. Me dieron el Pregonero… Supongo que el año que viene voy a hacerlo otra vez. Tenía a cargo la sección Iniciación, que era un espacio para que distintas personas hablaran sobre su recorrido lector. La primera que hice fue a Meijide. También a Fontanarrosa. Un montón. Si agarran las revistas y ven esa sección, que antes me parece que la hacía Graciela Cabal, no me acuerdo bien. También seleccionábamos artículos, a veces escribía algunos.

MM: Cuando decís los libros te referís a la reseña crítica.

SC: Sí. Pero no críticas. Si bien eran reseñas bibliográficas, y teníamos absoluta libertad para decir lo que nos parecía, eran recomendaciones de libros. Le dábamos mucha importancia a eso, y a veces nos dividíamos el trabajo. También publicábamos ficción. Había un suplemento que tenía otro color, en el que publicábamos fragmentos o capítulos de libros, poesías… Y había un montón de secciones. Cuando nosotras tomamos la revista no las respetábamos del todo. A veces seguíamos lo que era más interesante. A mí me gustaba eso, y volvíamos loco al editor. Porque nos permitíamos salirnos del formato.

MM: Ya que hablás de las reseñas, y que hiciste la salvedad, el otro día surgió acá, por algo que circuló en Facebook,  ¿te parece que hace falta más crítica literaria? ¿Y por qué no la hay, si es así?

SC: Es un tema sobre el que vengo reflexionando hace un montón. Yo empecé en El Cronista Comercial haciendo algunas colaboraciones. Estaban Silvia Hopenhayn Y Nora Lía Sormani. Después estuve con Carolina Arenes en La Nación. Publiqué en muchos diarios del interior, de Río Negro, de Junín, Misiones, hasta lo último que hice en diarios, que fue en Página 12, donde estuve un año.  Uno, a veces, tiene, según el medio, la posibilidad de elegir. Por ejemplo, en Página, la única condición era que fueran libros para chiquitos. Estaba condicionada al álbum, o a los ilustrados.

MM: ¿Te explicaron por qué esa elección?

SC: No. Yo cada tanto mechaba algo de juvenil, o lo mostraba ya escrito, que es como una estrategia. Pero los medios en general, prefieren que las recomendaciones sean buenas (hay notas para las que yo investigué en La Nube, cuando estaba en la calle Venezuela. Mirá si pasó el tiempo; acá hice un par de reseñas). En la Mancha me di el gusto de criticar a Araceli González.

MM: Un acto de justicia.

SC: Claro, pero si yo caía en un medio con esa crítica, no me daban bola. Planetario, por ejemplo, es un lugar en el que a mí no me dicen nada. Yo elijo, ya que hay poco espacio, hablar de un libro bueno. Cuando empecé a hacer reseñas, no escribía tanto. Como soy autora, a veces me cuestiono con qué autoridad voy a hablar de libros de otros, si yo también escribo. Eso se me mezcla, a veces. Entonces, saco reseñas de libros que me gustaron. A veces, me permito decir alguna otra cosa, por ejemplo, que todos los libros que tienen ese dossier para docentes, lo pongo como que está de más. Y nunca me sacaron un comentario así de una reseña. Tampoco hay que adornar todo. Uno puede ser franco y decir, por ejemplo, de los libros de Unaluna,  que algunos son bellísimos, cuando llega la parte de la moraleja, a mí me choca. Y ¿por qué no decirlo? Yo creo que al decir, después uno tiene logros. Está bueno decir esas cosas en una reseña sin defenestrar un libro. Araceli González sí se merecía que la defenestrara, porque no puede ser. Yo veía la cola de la gente que iba para que le firmara el libro, y después veía colegas que sabía que habían estado años con una novela… Creo que tiene que haber justicia poética. Hay un límite. Entonces hice una reseña que se llama “De eso no se habla”, y me llamaron de todas las radios. Yo tenía un susto, porque pensaba que me iba a agarrar Suar y me iba a matar.

MM: Lo leímos acá el lunes pasado.

SC: Era en una Mancha, yo comparé el cuento, que ni me acuerdo cómo se llama, con un capítulo de María Cristina Ramos, de Azul, la cordillera. Hice un análisis de lo que para mí era literario. El lenguaje literario es muy distinto del lenguaje cotidiano. Puse un fragmento de la literatura de María Cristina, que a mí me encanta, una narrativa además, llena de poesía. Y un fragmento de este cuento de Araceli González, que no me acuerdo cómo se llama. Ella, en un fragmento de siete líneas repetía como ocho veces, quién hablaba, y quién escuchaba y lo forzaba. Había una cosa de subestimar al lector.

MM: Qué raro que falló tanto el trabajo de edición…

SC: Es como si yo ahora me pusiera a bailar. Fui a baile desde que me acuerdo, pero el cerebro no coordina los pies con la cabeza. Si no hay un trabajo con el lenguaje y un trabajo de escritura, no podés largarte a escribir.

MM: Igual, no sé si sabés que la entrevista termina con una danza que tenés que hacer.  (Risas). Con el tema del periodismo, una de las cosas que me anoté en la charla, ¿tu primera entrevista fue a María Elena Walsh?

SC: Sí.

MM: ¿Cómo fue esa experiencia?

SC: Yo estaba estudiando. Era una revista de Junín que se llamaba Horizonte de Cultura. Yo era corresponsal. Había un montón de autores para hacerles un reportaje, que vivían acá. Cuando me dijeron de María Elena Walsh, me dio una cosa… Había que llamarla por teléfono, no había mail, era, más o menos en el año ’92. Me acuerdo de que fui con mi grabador, ella trabajaba en SADAIC y me citó ahí. A mí me temblaba la mano, la voz, le pregunté todo lo que no hay que preguntar. Por ejemplo, le pregunté si los chicos leían. Me quiso comer. Como cuando a mí me preguntan ahora por qué los chicos no leen. Fui, me dio cinco minutos, y dio por terminada la entrevista en tres preguntas. Yo no sabía qué hacer, porque era doble página. Pasaba algo con María Elena Walsh, por lo que había que dedicarle un montón de páginas. Entonces, hice un reportaje (estaba cursando Periodismo)… lo que se llama reportaje narrado. Puse cuando llegué, cómo la vi… a mí me había impactado mucho, porque ella tenía un suéter del mismo color de los ojos. Era como ver un hadita. Y además, yo la admiraba mucho. Me mandé una investigación impresionante, cumplí con todo, pero tuve una descompostura tan grande al día siguiente… Y después me enteré de que estaba embarazada de Martina. Así que nunca supe por qué fue la descompostura (si por el susto del reportaje o por el embarazo). Fue todo un trabajo, porque si ustedes leen el reportaje hay tres preguntas que ella me contesta. Nada más. El resto es investigación. De su vida y de su obra. Me leí todo. Eso lo hago hasta hoy. Si tengo que entrevistar a alguien leo todo lo que escribió o lo que leyó, las notas que le hicieron. Tengo como una obsesión. Así que sabía todo de ella.



MM: Y más allá de esa pregunta en la que le erraste, ¿te trató bien?

SC: Mmmmm. Me trató. No sé. (Risas). Si me pongo en el lugar de ella hubiese hecho lo mismo, porque no fue nada inteligente de mi parte. Fue una cosa horrorosa. (Risas).

MM: Además de haber participado en La Mancha, como periodista estuviste en Relalij, Fundalectura, de Colombia, y Vagón Literario, de Alfaguara México. Ahora vamos a los libros. Así en la tierra como en el cielo, de la que estuvimos hablando bastante el lunes pasado, es tu primera novela, y fue finalista en el premio Norma Fundalectura, en el ’98. Comentaba el lunes pasado, y hace un ratito lo charlaba con vos, hay una cosa muy fuerte del campo, de los pueblos. ¿Cuánto hay de autobiográfico en esta novela?

SC: Ahora puedo decirte que un montón. Al principio pensé que nada. Cuando uno cuenta, siempre evoca algo. “Hablás con deixis”, me diría mi hija Martina que está cursando Semiología. La historia es ficción. Pero el contexto tiene mucho de mis vivencias. Obviamente no es mi historia, yo no tengo padres desaparecidos, pero sí es biográfico lo que pasaba en ese momento en el campo. Esa cosa, que todavía sigue pasando, imagínense en esa época. Hay mucho recuerdo, mucha anécdota, muchas cosas que yo llevo conmigo. Porque yo viví en el campo, a pesar de haber estudiado después en Junín, casi hasta los dieciocho años. Es mucho tiempo. Entonces hay cosas que me son muy familiares. Y otras que las escribí sin saber. Esa novela, la escribí acá, en Buenos Aires, ni bien me mudé. Supongo que hay una nostalgia, que yo no sabía, porque no me releí. Esta edición es de Sudamericana. Y la primera es en Norma. Cuando se terminó el contrato, la llevé a Sudamericana. Yo le iba a dar el archivo y Mariana me dijo que scaneáramos el libro. Me pareció buena la idea, porque de esa novela tengo diez versiones. Para encontrar la que era, iba a tardar un rato largo. Y encima la escribí en la Olivetti. Después la digitalicé, pero imagínense que la empecé en el ’85. Cuando volví a leerla me pareció un horror. No la quería reeditar. Después de diez años, no era que me sintiera Borges, pero había crecido, había ido a talleres literarios, tenía más lecturas, y la revisé. El argumento es el mismo, pero si cambié cosas de estilo. Eso a mí me hizo mucho ruido, pero era necesaria esa revisión. Después de esa vez, no la revisé más, y espero que la sigan reimprimiendo así, porque es una manera de dejarla. Si llego a cambiarla de editorial, no sé si sobrevive.

MM: Es todo un tema. Vos no escribías en el ’92 o en ’85, cuando empezaste, como escribís ahora. Se reedita en Sudamericana en 2008. Ponele que dentro de tres años te piden una edición en otra editorial, ¿Hasta dónde uno no se traiciona un poco si está cambiando tanto?

SC: El tema es este, me parece: si viene una editora y me dice de cambiar, yo le digo que no, pero si yo veo que hay algo que me hace ruido, sí. Pero en este sentido… por ejemplo, en La casita azul, te cambio de novela pero viene a cuento, la vuelvo a leer, y ya está tan pulida que no la toco. No sé si Así en la tierra como en el cielo no estaba tan pulida, pero lo necesitaba.

MM: A pesar de que, como a todos los escritores que están acá, un libro como La casita azul que escribiste hace mucho, quizá hoy lo escribirías de otra manera. Pero tocarla no, si ya está tan pulida, y publicada.

SC: No. No sé qué me pasará con Nadar de pie, que va a cambiar de editorial. Creo que hay que darles revisaditas. Cuando escribo reseñas de libros reeditados, lo primero que hago es ir a ver qué pasó con las ediciones anteriores. Para ver si se revisó o no, y después investigar y preguntar. Porque es un tema que a mí me preocupa. Me pasó con la editorial Astralib, con Esteban Valentino, con un libro que se llama Perros de Nadie, una novela que me encanta. Cuando pasó a SM, tuvo algunas revisaditas y quedó mejor. Le hizo bien al libro. A mí me parece que eso está bien. Pero no la intervención por otra cosa del mercado. Sí por necesidad de la novela o de la escritura. Hay una novela de Roald Dahl que se llama Mi tío Oswald, que es de humor negro. Hay una frase, casi al final de la primera hoja, que dice que una chica era tan linda, que era irresistible. Es una frase fuerte. Yo la leo y pienso que si viviera Roald Dahl y lo revisara, hay una palabra que no sé si no la cambiaría. Dice: “Ese otro rescataba el descubrimiento de un perfume tan potente que cualquier hombre que lo oliese en una mujer era incapaz de refrenar el deseo de violarla allí mismo”. A mí me hizo un ruidazo. Eso no va en desmedro de Roald Dahl, que a mí me encanta, pero ahora hay un contexto histórico, político, social, en el que se están tratando estos temas. Entonces, tratarlo así en una ficción, a mí, ideológicamente, me hace ruido. Yo sé que es polémico, y si acá hubiera otros compañeros no lo cuestionarían, porque sé cómo piensan y es válido. Pero esas cosas, en un libro, a veces hay que observarlas. Otra cosa que es muy banal, en Navidad Blanca, que lo escribí hace mucho tiempo… Yo hablaba de las fotos, y hablaba del rollo de fotos. Y vender la foto era un tema. Salió en el ’95. Cuando se volvió a editar en 2010, esa parte tuvimos que cambiarla, actualizarla, porque la foto tenía que ser digital. Si no, había que agregar un contexto. Esas cuestiones, a veces, hay que verlas, nos guste o no nos guste. Y más en la literatura para chicos. Y no es subestimar, pero, por ejemplo, en Las gradas, hago una referencia a la década del ’90, en la que no cobraban los jubilados. Y eso quedó, y en ese momento era gracioso, pero ahora cobran los jubilados. Por eso, para mí es muy importante la fecha en la que se escribió.

Estela Pérez Lugones: No podés modificar la esencia de un texto. En Cuentos de la selva, de Quiroga, por ejemplo… es absolutamente incorrecto que un cazador capture un coatí, o haga lo que haga con una tortuga. ¿No está protegida la obra en sí misma cuando uno la lee en su contexto histórico?

SC: Sí, pero cuando está descolgado… Como en Navidad Blanca. Es un shopping, está Papá Noel y las nenas van a sacarse una foto con él. La anécdota era cómo los padres, sin preguntarles a las chicas, hacen cola y se pasan todo el día en el shopping para sacarse esa foto. Un día de calor, entonces Papá Noel está todo abrigado,  y está la nieve de telgopor y todo eso. Hay un contexto, pero vos no te das cuenta de si es ’90, 2000 o 2010, porque sigue pasando. En cambio, si vos agarrás mi novela sobre Malvinas, sabés que transcurre en el ’82. Ahí yo no tengo necesidad de decir que no había un control remoto y que el personaje se levantaba a cambiar de canal. Porque hay datos a los que un escritor tiene que estar atento. Si yo hubiese puesto “Verano del ‘95”, dejaba el rollo de fotos. Para mí no es importante pasar la línea de la época. Para mí es importante la verosimilitud y la coherencia. Que no quede como un error de hecho. Que es algo que a veces se ve mucho en los libros. Y creo que no sólo es responsabilidad del editor, sino también del autor.

MM: De los dos. Si el autor no se da cuenta el editor tiene que señalárselo. Pero está clara esta cuestión acerca de si el tiempo es importante. En Nadar de pie, que es en el ’82, durante Malvinas está clarísimo que no había cable, y había cuatro canales para ver. Pero si no hay una señalización de tiempo… Me acuerdo que una vez me pasó con Brujas en el bosque, una novela que tuvo problemas para venderse, porque las maestras decían que el protagonista fumaba mucho. Y la cambié, pero no para venderla más, sino porque en la nueva edición, en otra editorial, por la época, ya no se puede fumar en los bares. Entonces era inverosímil. ¿Cómo iba poner que prendían un pucho atrás de otro? Lo saqué, porque ya no era creíble. No pueden fumar en los bares. Se van afuera.

SC: A eso voy. Si no hay un contexto que respalde, queda inverosímil. Eso me preocupa, porque yo escribo mucho, y publico poco. Y entonces tengo muchas cosas, viejas, novelas que hace años que estoy escribiendo. Y a veces, con esta cosa de editar lo actual, es un tema.



MM: El otro día, leímos “Esto no es para vos”, que fue una ponencia que hiciste en un congreso, y uno de los temas interesantes que me anoté, tiene que ver con esto que estás diciendo de la actualización. Voy a leer dos cositas: “Voy  a comenzar leyendo las respuestas dos preguntas que responde Gustavo Roldán, en una entrevista para el suplemento Cableniños. ¿Cuáles son los temas tabúes en la literatura infantil?”. Y la respuesta de Gustavo: “el sexo, la muerte, las malas palabras, Los “grandes temas” que les interesan a los chicos, la política. Vivimos en un mundo de políticos perversos que aparecen todos los días en los diarios, y de eso nadie habla con los chicos”.  Y luego sigue: “¿Hay censura? La censura se ejercita de maneras muy perversas, porque está oculta. Un libro que queda en el cajón de un escritorio, que no puede ser ni visto ni leído por ningún niño, no existe.”, dice Sandra, o lo decía hace doce años. “Roldán y sus palabras resumen un aspecto de lo que sucede en el campo de la literatura infantil y juvenil hoy en nuestro país. Ya habla de lo oculto, y dice que aquello que queda oculto, no tiene defensa posible. ¿Serán la muerte, el sexo y la política, temas prohibidos en la literatura infantil? ¿Será que hay que ocultar esos temas? En todo caso, ¿alguien prohíbe hablar de eses temas? ¿Qué se puede decir y qué no en la ficción, en el 2002?” Y yo me anoté: “Actualizar”. ¿Qué se puede decir y qué no, en la ficción, en 2014?

SC: Mejor que no te respondí lo de la crítica antes, porque tiene que ver con esto. Yo creo que ahora no hay crítica. Hay, en medios especializados, gente que se dedica. En blogs o revistas. No en los medios. En ese punto, estamos como antes. Todo lo que se había logrado en un momento, de tener presencia en suplementos culturales, pasó, porque hora hay pastillitas, o apenas menciones, o tapitas de gente que no lee. Yo también leo menos suplementos culturales ahora. En este punto pasa algo parecido, en algunos temas que cito en ese capítulo tal vez haya que actualizar. Por ejemplo, en la temática sobre sexo en ficción no avanzamos. Les da como un horror a los editores. Lo de política, no sé si aparece. Gustavo Roldán tiene un cuento muy ideológico que hace poco me llamó una mamá para contarme que lo habían prohibido en Junín, uno de los del Sapo, que cuenta cómo son los políticos. Está en Sapo en Buenos Aires, no me acuerdo de cómo se llama el cuento. Eso pudo publicarlo, porque él era el editor de la colección.

Asistente: Las Reglas del Juego

SC: Ese. Léanlo esta noche. Yo no digo más… me da miedo porque me están grabando… Ahora hay un mercado, que supuestamente puede publicar todo. Pero no sé si es así. Creo que se jugaban más en el boom de los ochenta. Por eso, siempre insisto en volver a esa literatura, en la que realmente se jugaban los editores y los escritores. No sé si ese nivel de profundidad está ahora. Si yo voy a una editorial, ahora, no sé si publican ese cuento. Puede ser que piensen que el promotor no va a promocionarlo, o el mediador no va a leerlo. La censura por omisión. No solamente la del mediador, sino del escritor, es peligrosa. Porque nadie va a decirte que hay algo que no publicás. Pero sabés que si escribís sobre ciertos temas, no te lo publican. Con Nadar de pie estuve años. Y se publicó en el 2010. Porque había un contexto histórico que permitía hablar de Malvinas. Pasó con el tema de la dictadura, también. Hasta que no hay lugar para hablar de ciertos temas, no aparecen en la literatura. Claro que se publicaron cosas como Quién soy, o El mar y la serpiente, o Piedra, papel y tijera, o el de Sobico, que me encanta, Como una guerra. Pero en otros temas como erotismo o sexualidad no.

MM: Vos misma: en Así en la tierra como en el cielo, desaparece un papá. Y al poco tiempo, la mamá, que fue a reclamar, también desaparece…

 Sí, pero no es lo central en la novela, porque en realidad eso no nació para hablar de la dictadura. No es como lo de Malvinas, que nació con la historia. Lo fui armando después, es otra cosa. Me costó más publicar La casita azul.

MM: Por la violencia…

Asistente: También está eso de que tienen que llegar a la estación de tren a comer…

MM: Sí, pero además, el papá la faja.

SC: Mirá vos… cómo van cambiando las cosas… La estación de tren de mi pueblo es un centro cultural. Ahora te sale otra novela sobre cómo recuperar las estaciones de tren. No sé si la palabra es recuperar, pero en relación con el contexto.

MM: Recién dijiste: “yo no quería hablar de”. No querías hablar de los desaparecidos, y fue un tema lateral. Estábamos hablando de los temas tabúes. Yo veo que en varias de tus novelas hay una cosa temática muy fuerte como parte de la propuesta. Por ejemplo, en La casita azul, los padres golpeadores. En Así en la tierra como en el cielo puede ser la cuestión del peso familiar, el autoritarismo de esa abuela y, sin dudas, en Nadar de pie, Malvinas. ¿Cómo surgen tus historias? ¿Hay un peso en el tema? ¿Vos querés hablar de un tema previamente? ¿O surgen?

SC: No. Yo escribo sobre lo que me preocupa, lo que quiero sacarme de encima, lo que me atraviesa, lo que me conmueve, lo que me angustia… Cuando empiezo a escribir, no sé qué quiero contar. Soy muy desordenada, muy caótica. Escribo tres o cuatro cosas de ficción al mismo tiempo, y tres o cuatro notas. Y soy muy dispersa. Voy a hacer mate, y hago zapping, me cuesta concentrarme. Una vez que lo hago, voy a fondo. Pero, por ejemplo, ahora estoy con dos novelas, nada más. Voy picoteando. Cuando me doy cuenta de qué quiero contar, me meto de lleno. Pero me viene el tema, y no me animo a decir un tiempo, pero a veces pasan años. Con Nadar de pie, estuve como diez años, pero ahí sí que quise contar Malvinas. Pero, por ejemplo en La casita azul, no sabía lo que quería contar. Empecé con la historia de Ailín y Joaquín, la leyenda. Y después fue apareciendo. Ahora retomé una que empecé en el 2005, que se llama Antes era mío. Y es la historia de un chico que ve una casa en un country, donde antes estaba la villa en la que él vivía. Antes del desalojo. Y eso empecé a escribirlo hace muchos años, cuando vi una nota sobre un desalojo en el diario. En 2005 empecé a armarlo como novela, y desde ese momento me está esperando una editora a la que le mostré lo que había empezado a escribir y le gustó el principio. No me propongo el tema. Se impone. El protagonista hace malabares en los semáforos, entonces empiezo con toda una cosa de ir a ver a los chicos, de ponerme a charlar, o de escucharlos mientras espero el colectivo. Eso se va armando en la cabeza, y a veces se me interrumpe con otra historia, o con otro cuento que estaba por terminar. Así de caótico. Por eso no lo veo como temático. A veces tengo miedo de repetirme en ciertas cosas. Cuando siento que tengo ganas de contar algo, y ya lo conté… Por ejemplo, ahora está por salir la otra parte de La casita azul. Siempre que termino una novela se la doy a gente más cercana, para tener una devolución. A alguien que sepa, que me corrija y que me diga. Se la di a tres personas y después la revisé.

MM: ¿Ya tiene editorial?

SC: Sí. Va a salir en Comunicarte. Ya tiene colección. La iba a mandar a un concurso, no creo que sea una novela que se venda mucho, creo que es de concurso. Es una novela fuerte. Yo pensé mucho en esa nena a la que le ha pasado esto, me la imaginé de adulta, y me la imaginé refugiada en la literatura, entonces hay una intertextualidad con la literatura clásica, que hace que todos los editores que la leyeron me dijeran que es aburrida para un adolescente. Y yo no sé si es para adolescentes o para adultos. Yo escribí la segunda parte. No les molesta tanto lo fuerte, (porque la violencia no se termina), sino el temor a darles algo que cueste leer. Y yo quiero sostener el intertexto cueste lo que cueste, porque es lo más rico de la novela. Si yo en los setenta me las arreglaba para saber quién era Charles Tritten, que había escrito Los hijos de Heidi, y Heidi lo había escrito Juana Spyri, con el Larousse naranja, y en el campo… ¿Cómo ahora un adolescente no va a poder saber resolver el intertexto? Se pasará el día en Wikipedia, ¿qué mejor que haga un recorrido lector por otro lado? Me parece que si me adapto a la facilidad cada vez vamos a saber menos y va a escribir Araceli González. Empecé a pensar esta novela, a raíz de que los chicos me preguntaban dónde estaba la mamá de Cintia. Ahí me di cuenta de la crueldad que uno puede tener, porque lo usé como recurso literario. Necesitaba que Cintia fuera huérfana, para que se refugiara en la literatura. Y que fuera sufrida. No pensé en qué tenía que hacer con la madre. Y no pensaba seguir esa historia. Me pareció que matarla era como en Bambi. La deja. Y después me metí en un berenjenal, porque hasta las maestras me preguntaban qué pasaba. Y yo les decía que no sabía. Una vez, fui a una escuela y la habían leído en segundo grado, y me preguntaban qué pasaba con la madre, y yo no tenía idea. Después empecé a preguntarme yo… y así salió la segunda parte.

MM: Esto que acabás de decir lo mencionabas en este trabajo que leímos el lunes pasado.

SC: Eso no lo leí nunca más.

MM: Escuchá, porque parece que no ha variado tanto: “A la hora de escribir, la censura parece que no existe.” ¿Qué pasa a la hora de publicar?, te preguntabas “La censura a veces se ejerce por omisión.”  Esto que decís, acerca de la duda para publicar este libro, ni siquiera por un tema fuerte, sino por una cuestión de llegada al público lector, que quizá se aburre si hay demasiadas citas del Quijote, o del libro que sea que esté en la casita. Es una censura comercial, ni siquiera hay un tema problemático…

SC: Va a salir como yo quería, pero en una nueva colección, que no sé cómo se llama, pero que está en una frontera. No es ni juvenil, ni adulto. Pero yo siempre estoy en la frontera, en los bordes…

MM: Puede ser el título para la entrevista. (Risas). Va a salir en Comunicarte, donde salió La casita azul, donde salió Seis años después, que era La panza usada

SC: Esta novelita (Canela me diría que tengo que decir nouvelle, no novelita), se llamaba La panza usada. Soy muy mala y muy poco original para los títulos. Son muy pocos los títulos que me salen como Nadar de pie, que me encanta. Pero después… La casita azul, no dicen nada los títulos. Y la editora me dijo que quedaba mejor Seis años después. Y a mí, la idea de la panza usada me quedó. Entonces hice como un test. Cada vez que voy a un colegio, les preguntó qué título les gusta más (y si está la editora, mejor). Y los chicos me dicen que les gusta más La panza usada. Entonces, me hacen caso en la editorial, y dije que si se reimprime, me gustaría que se ponga en algún lado La panza usada. Porque es de lo que trata la novela. Una hermana le dice a su hermanita que es hermana de panza usada, porque la panza era de ella que fue la primera. Y así quedó ahora, Seis años después: La panza usada.

MM: Eso es biográfico, me contaste.

SC: Sí, era lo que le decía mi hija mayor a la más chica. Que la panza era de ella. Y la más chiquita lloraba como una loca.

MM: Además de La casita azul, de Seis años después-La panza usada, del nuevo de La casita… que me dijiste que se va a llamar La noche más larga, de El pueblo de Mala Muerte, de Las gradas, que no lo tengo, tengo la primera versión, ¿cómo es la experiencia de trabajar en relación con una editorial que no es porteña? Tu editorial más fuerte, donde tenés más obra publicada y que más te mima, es una editorial cordobesa, pequeña o mediana. Vos vivís acá. ¿Cómo es?


SC: Voy mucho a Córdoba. Tuve el honor de que María Teresa Andruetto me dijera que en Córdoba me leían un montón. Creo que es en Junín y en Córdoba donde más me leen. Tengo el mismo vínculo que uno puede llegar a tener con una editorial de acá. Ahora, todo lo hacés por mail. Cuando es la corrección de galeras y todo eso, nos juntamos. Creo que veo más a mi editora de Córdoba, que a editoras de acá. Por cómo es la comunicación ahora, casi no vas a la editorial, y a mí, Comunicarte me da mucho espacio. Hoy me preguntabas si viajaba por el Plan… Yo viajo mucho por Comunicarte. Porque al tener varios libros, cuando te leen uno, y quieren seguir con el autor,  al estar en la misma editorial, es fácil para el autor, el editor, y el promotor. Me han llevado a Bahía Blanca, por ejemplo. Y a lo mejor estoy tres días y voy a diferentes escuelas. Ahora me están leyendo en Neuquén. Yo sé que voy a ir a Neuquén, que voy a estar dos o tres días. Y así, fui a un montón de lugares. En la provincia de Córdoba, a muchos. 

Entrevista a Mario Méndez

El próximo lunes 3 de noviembre a las 18 hs. en la Biblioteca "La Nube" (Jorge Newbery 3537, CABA), en el marco del ciclo "Encuentros con escritores de literatura infantil y juvenil", el entrevistador será entrevistado. En esta oportunidad, Mario Méndez, moderador durante todo el ciclo, será guiado a través de distintas preguntas por Paula Bombara, Sebastián Vargas, Sandra Comino y Andrea Ferrari.
Consultas e inscripciones a bibliotecasparaarmar@gmail.com


Dostoievski, un clásico

Ni la conjunción de los hechos más desgraciados lograron alejar a Fiodor Dostoievski de su consagración a la literatura. Su genio trascendió su época y su geografía para convertirlo en una figura clásica del arte de escribir. Libro de arena publica una breve semblanza del escritor en el mes aniversario de su nacimiento.


Hay hombres para los que la sucesión y el cúmulo de desgracias parecen ser de un infierno inagotable. La necesidad, las deudas, y otros apremios llevaron por un camino impensado a uno de los escritores más relevantes del siglo XIX, cuya trascendencia llegó al siglo XX, hasta convertirse en una figura insoslayable. Por la indagación y búsqueda  en las profunidades del alma humana, por la capacidad para representar la sociedad de su época, y reflejar los conflictos existenciales, descontando el ejercicio de convertir toda su desdicha personal en una construcción superadora. Seguramente sería absurdo considerar que estos motivos fueran la causa de su literartura, pero sí fueron las condiciones a partir de las cuales la produjo. Fiódor Dostoyevski, que nació en Moscú, en 1821, se formó como ingeniero, fue parte de las filas militares, y vivió la opresión del régimen zarista, pero encontró su verdadera vocación en la literatura, a la que se dedicó de lleno abandonando sus otras actividades. Parece que la traducción de Eugenia Grandet, de Balzac, que le permitió saldar una deuda usurera, le produjo el entusiasmo que le faltaba para dedicarse a escribir sus propias obras, cosa que hizo, no sin todos los traspiés imaginables de una vida agitada. Cuando su padre murió a manos de unos campesinos que lo azotaron y torturaron fatalmente, la culpa lo carcomió por haber sido parte de su deseo la desaparición física de su progenitor, quien luego de muerta su madre se consagrara al alcohol en lugar de a su cuidado. Su participación en el grupo intelectual y político llamado Círculo Petrashevsky, opuesto al zar Nicolás I, le valió una condena al cadalso de lo que se salvó a último momento; en cambio, fue enviado a participar de una experiencia presidiaria en la Siberia por un periodo de cuatro años, que le sirvieron para reflexionar y conocer la otra cara de la desolación, al tiempo que  recababa la experiencia necesaria para escribir Recuerdos de la casa de los muertos (1861), y Memorias del subsuelo. Sin embargo, no conforme con esta colección de miserias, la salida del presidio se vio seguida de otros hitos en la seguidilla de experiencias tortuosas: su casamiento con una viuda de escasos recursos, en medio de lo cual escribió y publicó El jugador (1866), y la primera obra de la serie de sus  obras consagratorias, Crimen y castigo, (1866); su huída hacia Europa para alejarse de la persecución de los acreedores y deudas que lo ahogaban; la muerte de su pequeña hijita, que tuvo con una nueva mujer, fueron algunas de las desgracias que le tocó soportar. El idiota (1868), Los endemoniados (1870), Diario de un escritor, son otros títulos de su prolífica obra. En 1880 apareció Los hermanos Karamazov, la obra que condensa los temas más próximos al autor: los análisis psicológicos, los temas existenciales, la angustia moral del hombre moderno y la indagación acerca de las condiciones de libertad humana se presentan de la manera más refinada y aguda. La muerte lo encontró en San Petersburgo, en 1881.

jueves, 30 de octubre de 2014

La Ilíada de Fontanarrosa: una epopeya canalla

“La Ilíada”, de Los clásicos según Fontanarrosa, es una historieta del reconocido caricaturista rosarino Roberto “El negro” Fontanarrosa (1944-2007). Se trata de una transposición del libro La Ilíada, epopeya griega por antonomasia, que junto con La Odisea es adjudicada al poeta Homero.  Ambos textos versan, cada uno desde su punto de vista, sobre la guerra de Troya, llevada a cabo entre el bando aqueo y troyano con la intervención de los dioses del Olimpo. Pero sobre el primero, el poema escrito más antiguo de la literatura occidental, Fontanarrosa urdió un pérfido plan: el de convertirlo en historieta. Belén Leuzzi escribe un artículo para Libro de arena en donde analiza los avatares de esta transformación discursiva y del cambio de soporte.


Por Belén Leuzzi

En la transposición al discurso del texto clásico a la historieta,  como fenómeno relativo a la transtextualidad, asociado a la expansión de los medios de comunicación masivos, muchos cambios ocurren; entre ellos hay que prestarle especial atención al lenguaje coloquial y a la figura del rapsoda. El fenómeno transpositivo presenta múltiples aspectos, complejos e interrelacionados. El tipo de transtextualidad hipertextual, es entendida por Gerard Genette como “toda relación que une un texto B (al que llamaré hipertexto) a un texto anterior A (al que llamaré hipotexto) en el que se injerta de una manera que no es la del comentario”. Pero esto no significa que los cinco tipos de transtextualidad (inter, para, meta, hiper y architextualidad) son independientes y aislados. Por el contrario, están intrínsicamente relacionados entre sí. Por ejemplo, entre “las Ilíadas” existe necesariamente la relación intertextual dado que el texto B alude explícitamente en su título al A, además de las semejanzas dentro de la historia. Por ejemplo, en la contratapa de Los clásicos según Fontanarrosa, el autor agradece consciente de este fenómeno:

Roberto Fontanarrosa agradece la colaboración de Herman Melville, Robert Stevenson, Walter Scott, Daniel Dafoe, William Shakespeare, Homero, Miguel de Cervantes, Enriqueta Beecher Stowe y otros sin cuya estimable, invalorable e involuntaria ayuda, no hubiese sido posible esta obra.
Volviendo a la transposición en sí, se puede decir que consiste, de manera general, en un cambio de lenguaje, de soporte o dispositivo. Es en este punto, el del cambio de lenguaje y soporte, que aparece una de las cuestiones centrales de la transposición: la producción de sentido. Todo texto es un proyecto y una estrategia comunicativa. La transposición de un poema épico a una historieta implica la confección de una nueva estrategia, pues se producen grandes cambios de dispositivos y de géneros, que conllevan instancias de producción y consumo muy diferentes. Consiste en una modificación de soporte y estilística que lo transporta del registro noble que le es propio a un registro más coloquial, e incluso considerado “vulgar”. Por otra parte, en la literatura existe una fuerte participación de la mente imaginativa del lector, dado que los signos presentados son simbólicamente abstractos. En cambio, en el registro historietista las apariencias de los personajes y los lugares se encuentran definidos de antemano. Por otro lado, desde el punto de la temporalidad, se encuentra que el tiempo de lectura está librado a la decisión y gusto del lector que se permite hacer pausas y retomarla luego si la extensión le resulta pesada; esto no sucede con la historieta pues al ser tan breve es leída de corrido por lo general.  Entonces, cabe preguntarse: ¿Cuál es el sistema de valores y la estrategia que presenta la historieta de “La Ilíada” de Roberto Fontanarrosa? La figura del rapsoda comparada con su contrapartida en el texto original es eje de los efectos de sentido que produce la transposición, sobre todo en sus compatriotas, al valerse del recurso cultural del discurso propio del tango. La transposición de un género es un movimiento complejo y nunca mecánico.


El origen de La Ilíada original

La historia popular de Homero y sus poemas cuenta que entre el siglo XII y el XI a. C. los griegos sitiaron durante diez años la ciudad de Troya (Ilión), en el Asia Menor, la tomaron, la saquearon y la destruyeron. “Homero, poeta ciego y pobre, nacido en una de las ciudades del Mar Egeo, isleñas o continentales (…), había vivido después de la guerra, entre el siglo XI y el X, y había escrito sobre ella dos poemas, la Ilíada y la Odisea: el primero en la madurez, el último en la vejez (…) Los dos grandes poemas fueron adoptados como obras nacionales en Atenas, para recitarse íntegros en las fiestas panatenaicas, según disposición de Pisístrato, a mediados del siglo VI; se leyeron en las escuelas de toda Grecia”. Así pues, esta epopeya tiene origen primeramente en la tradición oral, dado que pasó al menos un siglo entre la guerra de Troya y el momento de la escritura del relato atribuida a Homero. Asimismo, éste fijó esta historia que estaba destinada a sus contemporáneos y a su descendencia, quizá sin imaginar que formaría parte de la base de la educación griega y, menos aún, que sería aludida muchísimos siglos después en formato de historieta. Es importante notar la relevancia de la constitución de un público específico para la definición del género épico en función de su fin, ya que si se lo piensa en relación a la transposición en historieta ésta última se dirige a un público más amplio, tanto niños como adultos con el propósito de generar humor; en cambio, su sentido original fue el de transmitir a las generaciones venideras la tradición e historia griega.


Una historieta “canalla”

“La Ilíada” del rosarino hincha de Rosario Central (los canallas) forma parte de Los Clásicos según Fontanarrosa, publicado por ediciones de la Flor en 1980.  Luego fue extraído y publicado también en Los Clásicos en Globo de ediciones Libro del Quirquincho, en 1990. La historieta, según Carla Ornani, pertenece a la familia de los medios nacidos de la integración del lenguaje icónico y del lenguaje literario. Es un “género propio de la cultura de masas”. Este género se caracteriza por ser una estructura narrativa que se encuentra conformada por una secuencia de pictogramas, en los cuales pueden integrarse elementos de escritura fonética –aunque no es necesario-. En el caso de la historieta analizada la escritura es muy importante para entender la historia que relatan las imágenes y porque en los globos del rapsoda se da un interesante fenómeno en donde Fontanarrosa instaló fragmentos de tango cambiando la letra. Las historietas, para Ornani, se basan en un lenguaje elíptico. La articulación de las viñetas permite una supresión de redundancias y de tiempos muertos, a la vez que posibilita al lector la restitución del continuum narrativo. Es decir, que no sigue estrictamente el tiempo del texto fuente porque puede hacer elipsis y está en la total libertad de elegir y seleccionar qué núcleos le parecen significativos para representar el nuevo sentido que quiere crear. “la caricatura gráfica es a la vez una ‘imitación’ (representación) y una transformación satírica” asegura Ornani. Genette adopta el término transformación para los géneros que deforman al hipotexto (la parodia y el travestimiento) y el de imitación para los que se diferencian por su función y su grado de intensificación estilística (la imitación satírica y el pastiche). Pero cabe señalar, que el sentido que le da Fontanarrosa a su historieta no es vulgar y no lo hace para ridiculizar al original sino que, según señala Pablo De Santis, “es un acto de amor con respecto de aquello que es parodiado”. Además, el hecho que se trate de una historieta implica que se encuentra dentro de la mass media puesto que que sea masivo no quiere decir que no sea culto, y para entender bien la historieta es necesario contar con cierta competencia literaria. Por ello, la imitación es una transformación mediante un procedimiento complejo que “exige la constitución previa de un modelo de competencia genérica (llamémosla épica) extraído de esa performance singular”, [en este caso, La Ilíada] “capaz de engendrar un número indefinido de performances miméticas”. Como sostiene Genette en su obra Palimpsestos, para transformar un texto, puede bastar con un gesto simple y mecánico; para imitarlo, en cambio, es preciso adquirir un dominio al menos parcial, el dominio de aquel de sus caracteres que se ha elegido para la imitación. En cuanto a este punto es interesante traer a colación una respuesta que da Roberto Fontanarrosa a una entrevista cuando le preguntan por esta historieta:

(Se ríe) Bueno, yo nunca leí La Ilíada... Leí el libro chiquitito de la colección Billiken (risas) Mientras publicaba en Satiricón se me ocurrió hacer esas parodias y leí algunos. Ahora hace no mucho tiempo mandé a una revista de Colombia una nota sobre lecturas importantes, donde incluía La Ilíada, por lo que tuve que leerla un poquito más y además ya había visto la película Troya con Brad Pitt. Y la verdad que la lectura me resultó muy divertida, esa mezcla de mitología y realidad. No hay buenos, y los dioses son más malos y desgraciados que los seres vivos.



El cantar de los cantantes

Como se ha mencionado, en el libro el sujeto enunciador se encuentra “huyente”, delega en boca de los personajes los diálogos y su participación es visible sólo cuando es necesario. Por estas características, se podría asimilar, según los postulados de Casetti, cercana a la narración, como un narrador intradiegético.  Además, ni siquiera se encuentra explícito que el narrador del poema sea Homero, y mucho menos que el autor sea él, puesto que su figura se ha convertido en un verdadero mito. Aunque es cierto que la mayoría de los críticos y teóricos concuerden con que sí es el autor. Cuando se traslada el relato con los efectos de un “cambio de soporte”, ése cambio “despliega con una amplitud desacostumbrada su registro. De la literatura a la historieta, un cambio de materia significante (…) implica en todos los casos un cambio en las condiciones de producción de un discurso social”, como sostiene en Semiótica de los medios masivos, Oscar Steimberg. A estos cambios propios de los diferentes dispositivos se agrega la elección del dibujante de incluir como personaje a Homero, quien supuestamente relata la historia. Este pequeño homenaje se intensifica con las canciones que recita el rapsoda. Las mismas están formadas a través de la deformación de letras de tango (Milonga triste; Malena; y, Sur), todas de la autoría de Homero Manzi. La caricatura del Homero griego se fusiona con los cantos del Homero argentino. Otro guiño más para el lector atento y con competencias musicales. Fontanarrosa es harto sensible a los giros coloquiales, a los clichés, a las jergas, a los refranes, para viciar, viñeta a viñeta, el aire sagrado o solemne que pudiera desprenderse auráticamente de algunas de las historias de origen, que a veces parecen meros trampolines para lanzarse al disparate verbal. Para ello, suele asimilar rasgos de estilo, deforma los argumentos a través de referencias a la canción popular, las prácticas y costumbres nativas, los sucesos de la actualidad, los productos de consumo masivo. Los fragmentos que transforma son: En la primera viñeta cuando dice “Llegabas por el Olimpo delantal y trenzas sueltas” se corresponde con el fragmento de Milonga sentimental “Llegabas por el sendero / delantal y trenzas sueltas.” En la sexta viñeta dice, “Minerva canta en Argos como ninguna, y en cada verso pone su corazón, a friso del Parnaso su voz perfuma, Minerva tiene pena de Aganmelón”, con el estribillo de Malena “Malena canta el tango / como ninguna / y en cada verso pone / su corazón; / a yuyo del suburbio / su voz perfuma, Malena tiene pena / de bandoneón”. En la doceava viñeta, recita “Tal vez allá en Esparta su voz de alondra tomó ese tono oscuro del Partenón. Tal vez de aquel auriga que solo nombra cuando se pone triste con el alcohol” también perteneciente a Malena, “Tal vez allá en la infancia / su voz de alondra / tomó ese tono oscuro / del callejón, / o acaso aquel romance / que solo nombra / cuando se pone triste / con el alcohol”. En la vigésima viñeta cambia la letra de Sur, cuando versa “Augur… Partenón y después augur…” hace referencia a “Sur... paredón y después... / Sur... una luz de almacén...”. En la trigésimo quinta, cambia “San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo, / Pompeya y, más allá, la inundación,” de Sur por “Esparta y Troya antigua… cielo perdido Pompeya y al llegar a Colofón”. Finalmente, en la última viñeta concluye “Nostalgias de las cosas que han pasado. Arenas que la guerra se llevó. Pesadumbre de amores que han cambiado. Y amargura del sueño que murió”, también de Sur, “Nostalgia de las cosas que han pasado, / arena que la vida se llevó, / pesadumbre del barrio que ha cambiado / y amargura del sueño que murió.” Esto es lo que Steimberg llama “Grado de originalidad o nacionalidad del proceso de la historieta argentina”, como volcar  lo propio de la cultura nacional de fuentes importadas. El efecto que produce la aparición del poeta con una especie de voz argentina no puede más que generar en los coterráneos de Fontanarrosa cierto orgullo, humor e identidad en aquellos versos. Le quita lo solemne a lo mitológico, lo trágico al tango y los mezcla para homenajearlos de la mejor manera que dispone: el humor. Es posible, entonces, concluir que en la comparación de las citadas viñetas del rapsoda y el texto fuente se hacen visibles proyectos comunicativos y producciones de sentido distintas entre sí, con propósitos disímiles –uno pretende forjar la educación y tradición del mundo griego y el otro generar humor en los lectores-. Si bien desde un comienzo se desvalorizaron las transposiciones por considerárselas como “bajas”, hoy estamos en condiciones de apreciar la riqueza de significados que se entraman entre la obra fuentes y sus transposiciones. Además, éstos últimos no son productos de sustitución sino que simplemente son diferentes. Cabe señalar que, si bien la historieta está destinada, en un principio (porque luego fue traducida a otros idiomas), a un público argentino, esto no quiere decir que todos reconozcan en los versos del rapsoda, letras de tango y la autoría (Homero Manzi) de ellas.
Es por ello que resulta preciso destacar la importancia de las competencias en materia cultural (tanto mitológica, como musical) para poder interpretar en todo sentido, y no sólo parcialmente, la transposición de la historieta.


Los clásicos según Fontanarrosa
Roberto Fontanarrosa
Buenos Aires: Planeta, 2013