martes, 30 de diciembre de 2014

Qué respiran los lectores con sus libros

Entrelazados los discursos, los géneros, las historias, las tragedias, aparecen textos que en el siglo XX supieron explotar y aprovechar la oportunidad de producir a partir de lo ya hecho por otros libros, otros géneros, otros discursos. Libro de arena comparte las impresiones de sus fervientes lectores como forma de despedir el año, bajo la recomendación de una buena lectura que sirva para iniciar el próximo. En esta oportunidad se trata de la novela Respiración artificial, de Ricardo Piglia, que construída sobre la base de la cita, la parodia y el pastiche consigue reunir armónicamente elementos disímiles.



Por César Barbería*

¿Qué despierta en uno el interés por averiguar algo? Es una incógnita difícil de resolver. Si queda claro lo que nos atrae, el objeto, no queda clara la motivación. Muchas veces ocurre que algo nos gusta y no sabemos por qué. Lo que siempre estuvo allí frente a nuestra propia mirada pudo pasar inadvertido por completo durante tiempo hasta que de repente, un buen día, de manera inesperada, nos atrapa con el poder de una garra de la que no podemos soltarnos. Así me pasó cuando, revolviendo mi biblioteca, me topé con un libro que hace tiempo se encontraba allí pero no había llamado mi atención. Era Respiración artificial, de Ricardo Piglia. Lo que me sorprendió fue encontrarme, en la solapa del libro, con una encuesta reciente realizada entre cincuenta escritores que señalaba que la novela había sido elegida como una de las diez mejores de la historia literaria argentina. Decidí leerla. El texto se articula sobre una sutil trama policial que sostiene la intriga alrededor de unos papeles de supuesto valor histórico que, por una u otra razón, parecen renuentes a ser leídos.
Lo interesante es cómo Piglia logra entrecuzar la historia de la literatura con la historia del país a través de la historia familiar que da movimiento al relato. También cómo desanda la relación entre géneros discursivos y las normas del comportamiento. Hay un vínculo entre el teléfono y la metamorfosis de los géneros literarios, como tecnología que suplanta o modifica las relaciones sociales. Para el personaje de Piglia el teléfono es el responsable de la extinción del género epistolar. La correspondencia es un género perverso: “Solamente en las novelas epistolares la gente se escribe estando cerca. Incluso viviendo bajo el mismo techo se mandan cartas en lugar de conversar, obligados por la retórica del género, al cual dicho sea de paso (al género epistolar) lo liquidó el teléfono, volviéndolo totalmente anacrónico (habría que decir que con Hemingway se pasó del género epistolar al género telefónico”; “… en el caso de Hemingway, más o menos, es de la siguiente forma: ¿Estás bien? Sí, bien. ¿Vos? Bien, muy bien. ¿Una cerveza? No estaría mal, una cerveza. ¿Helada? ¿Qué cosa? La cerveza ¿helada? Sí, helada, etc…”; y lo mejor del caso es que la novela, al menos en su primera parte, está organizada según la lógica de este discurso al que desmonta con citas que irónicamente muestran su futilidad.
Bien, la historia es así: Emilio es un escritor sin éxito. En busca de una historia para su novela se topa con una mini tragedia familiar que, como toda mini tragedia, contiene a todas las demás. Un tío, de nombre Marcelo Maggi, desapareció luego de robarle el dinero de una herencia a su esposa, Esperancita, la cual pertenecía a una de las familias tradicionales de nuestra incipiente nación que, como dice uno de sus personajes, “no ha tenido siglo XVII”. Ese bochornoso final marcó para siempre a la familia. Emilio trata de recuperar esa historia o, mejor dicho, trata de recuperar los móviles de ese desenlace. Luego de un raid internacional y enigmático, logra contacta a su tío que vive en una provincia mesopotámica. Comienza el intercambio epistolar y es allí en donde aparece otro personaje, Luciano Ossorio, el lisiado padre de Esperancita, que tiene una particular relación con Maggi. Ambos comparten la devoción por saber qué le ha pasado a Enrique Ossorio. Este, además de ser el abuelo de Esperancita y el padre que no conoció Luciano fue el secretario privado de Juan Manuel de Rosas. Acusado de traidor, emigra a Estados Unidos y es allí en donde reúne sus papeles privados que dan cuenta de las entrañas mismas del poder.
Enigma, paranoia, complicidades se entrecruzan en un intercambio epistolar que ubica a Emilio entre estos dos personajes. La historia de esta nación fallida se percibe en cada uno de los párrafos de las cartas que van y vienen, a veces hasta sin mucho sentido, sin encontrarse.   

Respiración artificial
Ricardo Piglia
Barcelona, Anagrama, 2001
















* César Barbería: vive en Vicente López, es devoto lector y amante del buen cine al que siempre busca conectar con la literatura que lo apasiona.

lunes, 29 de diciembre de 2014

El legado de Kipling

Más allá de los títulos, de los premios, de las controversias ideológicas, de las posturas y de las épocas, se sitúa la escritura. Indudablemente, la herencia de un escritor son sus textos, su lengua, su capacidad de hacernos ver un mundo con otra mirada. Libro de arena recuerda a Rudyard Kipling en la semana de su natalicio con una breve semblanza del autor que comparte con sus lectores Alvar Torales.



Por Alvar Torales

Quien recuerde el nombre de Kipling seguramente lo asocie a su conocido relato El libro de la selva o El libro de la jungla, que Walt Disney se encargó de convertir en popular y masivo a través de la versión animada con que la historia alcanzó al gran público en 1967. Sin embargo, el poeta y narrador “indio-inglés” cuenta en su haber con una amplia producción que le valió su reconocimiento, más allá de la incursión en la literartura infantil y juvenil. Sus críticos señalan con particular ímpetu la gran capacidad de observación desarrollada por el literato, que trasvasaba a la escritura con igual precisión de la palabra y concisión del pensamiento. Fue el primer escritor británico y el más joven hasta ese momento en recibir el Premio Nobel de literatura, en el año 1907. Joseph Rudyard Kipling ejerció su vocación literaria desde temprano. Ya a los 21 años publicó su primer libro, una colección de poemas que bajo el título Departmental Ditties aborda aspectos de la vida cotidiana, para pronto pasar a trabajar en el ámbito de la narrativa. Un año después ya tenía entre sus manos su primera obra cuentística Cuentos simples de las colinas (1887), y en los dos siguientes años publicó también Tres soldados, Bajo los cedros deodaras, El rickshaw fantasma, La historia de los Gadsby, En blanco y negro y El pequeño Guillermo Winkie. Los temas que revelan su deseo de exaltar la vida primitiva y la visión romántica acerca del retorno a la naturaleza aparecen en títulos como: Invenciones varias (1893), El libro de la selva (1894), El segundo libro de la jungla (1895) y Capitanes intrépidos (1897). En El libro de la selva y su continuación presenta un mítico mundo animal, regulado por las leyes de la fuerza, al que se retorna en comunión y armonía. La línea que inauguró en el ámbito de la literatura juvenil lo llevó a escribir también Historias para niños (1902) y las leyendas, llenas de "humour" y lirismo sutil, reunidas en Puck (1906) y Recompensas y hadas (1910). Su educación, británica y pro-imperialista, sembró en él las semillas de su concepción de la cultura desde la óptica de la cultura dominante, lo que le valió una controvertida reputación, en su situación de doble pertenencia al universo cultural anglosajón y al indio, ya que pasó su vida entre ambos países, Inglaterra y La India. Acerca de este aspecto que está en los bordes de la escritura, que hace a la vida del autor, Borges señaló que “La esencial grandeza de Kipling ha sido oscurecida por algunas circunstancias adversas. Kipling reveló el Imperio Británico a una Inglaterra diferente y quizá un poco hostil.”  Nació en Bombay, en 1865 y dejó este mundo en Londres, en el año 1936.

martes, 23 de diciembre de 2014

Lecturas de Poe

Aunque parezca que no, los textos cambian con los lectores y las lecturas. Los textos, siempre iguales a sí mismos, son, a la vez, siempre otros. En ocasiones resulta imposible separar la mirada, aislarse del contexto, evitar hacer traslaciones en la lectura, y así hacer nuestras interpretaciones más personales. Libro de arena publica un nota de lectura sobre cuentos de Edgar Alan Poe, con una mirada personal.



*Por Lisandro Quiroga

Los textos permanecen inmutables con el paso del tiempo; pueden pasar siglos pero ese párrafo que tanto nos impactó seguirá siendo el mismo. En tal caso el que los reformula, le saca nuevas conclusiones o interpretaciones es el lector que a su vez queda siempre a merced de la influencia de su contexto que hace que un mismo libro sea, en realidad, muchos. Por lo tanto, releer ciertos textos es siempre un ejercicio recomendable y además un buen pretexto para reencontrarse con algo que en su momento nos conmovió.
Hace unas noches atrás, por ejemplo, me dieron ganas de Poe. Era una noche perfecta y quería distenderme leyendo al precursor de la literatura norteamericana y así lo hice. Disfruté mucho de “El gato negro”, sobre todo cuando el autor se sumerge en la natural injustificación de la perversidad. El personaje de esta short story se encontraba perplejo ante una necesidad, tan interna como baja, de actuar mal por el solo deseo de ejercer el mal. Así, se la agarraba con un pobre gato de nombre Plutón que nada le había hecho más que darle cariño y compañía; allí el acto perverso, cuanta más fidelidad ofrecía el felino más violencia recibía por parte de su dueño. El pasivo y sufrido animal, al cierre de este episodio, se las ingeniará para darle el golpe de gracia a este enrevesado hombre que disfrutaba con su martirio y sojuzgamiento.
Me imaginé una y otra vez la situación, me quedé en ella y luego me puse a navegar por ella ¿Cómo no asociarla con la peculiar relación que se da en muchas ocasiones entre la multitud y el líder o la líder? Pero fue cuando abordé el segundo cuento que asocié el tema anterior de la perversidad con la política o con las formas que ha asumido lo político en la actualidad. En el clásico y magnífico cuento “La Carta Robada”, Edgar Allan Poe deja al desnudo la personalidad del político moderno, desnuda las miserias de este singular espécimen obsesionado por la conservación del poder por cualquier medio; en este caso a través de la extorsión.
Noche, Edgar Allan Poe, tópicos interesantes como perversión y conservación del poder por cualquier medio. Aquí empiezo a introducir la influencia que ejerce el contexto al momento de leer. Evidentemente, me encontraba leyendo sus cuentos con una clave política, acosado por la actualidad que nos abruma. Dudé un instante acerca de la pertinencia de realizar un abordaje de este tipo; pensé que podía ser muy forzado pero de pronto recordé que este poeta y literato había tenido un paso por la política, que había sido parte (y carne) de los incipientes partidos políticos “americanos”, paridos desde el vamos como máquinas electorales. Al leer este cuento percibí un dejo aromático; efectivamente había un aroma a política que me dio cierta seguridad para avanzar en esta interpretación. 
El tercer cuento fue el que me hizo atar cabos. En realidad, se trata de una pequeña historia que, sin lugar a dudas, aborda elípticamente a la política y a la incomprensión total de sus reglas por parte de sus contemporáneos, al fin y al cabo sus remitentes. Se trata de “Manuscrito hallado en una botella”, un desarrollo magistral acerca de lo que debería ser un derrotero por el sendero del final ¿cuáles serían las vicisitudes de un pesimista protagonista atravesando por este camino sin retorno? ¿Cómo sería ese último trayecto?, ese que uno atraviesa como ahogado por una gélida angustia capaz de provocar derroches de resignación. Si bien estoy muy lejos de reverenciar la figura de Domingo Faustino Sarmiento, debo traerlo como ejemplo cuando al final de su intervencionista vida siente que todo lo que observa es una imagen decadente de lo que alguna vez imaginó. La Argentina seguía siendo un criadero de vacas y de moscas. En la banca que ocupó en la última etapa de sus días probablemente atravesó por esas crepusculares sensaciones, estaba en la cubierta de ese mismo barco retratado por Poe cuyo destino era el final y mientras se escuchaban discursos que fondeaban en el Congreso su atención reposaba en la preparación de ese mensaje que pondría dentro de una botella ante el inminente sacudón que haría naufragar definitivamente a su país. El protagonista del cuento de Poe se encuentra en un barco en el que no se halla, ni lo hallan. Es invisible ante el resto de los tripulantes que, según él, son hombres incomprensibles. No entiende lo que hacen, ni por qué lo hacen. Hay como un engranaje superior, que pone todo a andar, que no resiste intervención alguna y que funciona por sí mismo. Si uno habla no lo escuchan, si uno hace no lo notan. El único acto racional permitido es la resignación, no obstante toda la ira contenida del personaje será canalizada en ese único momento, cuando escriba su mensaje final para colocar en una botella. Cuando la sociedad no se halla como fundamento de la política esta ruptura hace que todo el juego político no sea más que eso, una lúdica ficción. Es en ese momento cuando las sociedades transitan invisibles por la cubierta de un barco que les resulta ajeno. Pero la oscura nube se disipa cuando esta multitud invisible deja de serlo en ese momento final, cuando escribe un mensaje para poner dentro de una botella con la esperanza de que alguien escuche y así comience otra etapa.



*Lisandro Quiroga: es politólogo y disfruta de las lecturas en sus ratos de ocio, a las que inevitablemente relaciona con su formación.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Las formas de lo extranjero

Cuando uno mismo es como si fuera otro la existencia se parece a un suerte de muerte. Cada decisión, cada sentimiento, cada acción están envueltas en la desazón de lo que no se conviene consigo mismo. Los lectores de Libro de arena comparten sus apreciaciones y experiencias de lectura y entusiasman a que sigamos animándonos a leer. En esta ocasión el libro favorito es la novela corta El extranjero, de Albert Camus, que también cuenta con la versión cinematográfica de Luchino Visconti.



Por Haydeé Ávila*


El protagonista de El extranjero, Mersault, es un hombre sin rebeldía, y la novela relata el transcurrir monótono de su existencia, el extranjero vive dentro de él. Espectador de lo que lo rodea, las cosas pasan a su lado sin ser cuestionadas. Así, como el anunico de la muerte de su anciana madre no lo conmueve, ni derrama lágrima alguna, de esa manera, impensada, se involucra en el asesinato de un árabe con el que no tiene pleito, al que ni siquiera conoce. Es encarcelado y sentenciado al patíbulo. Sin intentar defenderse, llega a ese trágico final como si fuese su destino esperado. En el transcurso de la lectura, esta novela provocó en mí una sensación de impaciencia y de malestar difíciles de superar, por dos motivos: uno, su falta de relación con lo que le sucedía, su divorcio del mundo que lo rodeaba, su indiferencia ante todo y en segundo lugar, su carencia absoluta de valores y principios. La novela es harto conocida, sin embargo, hasta ahora no me había dado a mí misma la oportunidad de sentarme a leerla y creo que me sorprendió cómo el narrador logra crear el efecto de distancia glacial en su personaje respeto de toda instancia afectiva. No me esperaba encontrar con este tipo de caracter. Una imagen general permaneció hasta ahora en mi mente, que, de alguna manera, resume en una sola figura la situación. Son dos momentos. Tanto el atardecer con sus colores y olores, como, una vez en prisión, el amanecer fueron las únicas ocasiones en que se mostró conmovido. Asocio el primero a que al fin, de un modo monótono y agobiante, por el calor, halla su liberación. El segundo es la posibilidad de un día más de vida antes de llegar a su irremediable y trágico final. Quizá la empatía que logra provocar en nosotros este texto se dé porque todos hemos sido víctimas en algún momento de nuestras vidas de alguna inercia, de alguna despersonalización, de una otredad. Recomiendo esta lectura por el pensamiento que surge a propósito de la situación vivida por nuestro triste Mersault, que no encuentra la posibilidad de escape, que no tiene forma de salir de sí mismo porque ya está habitado por una ausencia de sí, por una extranjería del ser.

El extranjero
Albert Camus
Madrid, Alianza, 1942













*Haydeé Ávila: vive en Buenos Aires, es locutora y profesora de francés. Ha viajado por Europa y América latina un poco por trabajo y otro tanto por curiosidad, y ha adquirido de joven el hábito por la lectura que sigue cultivando con fervor.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Cierre de fin de año en el Ameghino

El programa Bibliotecas para armar ofrece actividades gratuitas destinadas a promover el vínculo de las bibliotecas comunitarias con aquellas personas interesadas en formarse en temáticas relacionadas con el libro y la lectura. La biblioteca Memoria con yapa desarrollará la actividad de Cierre de fin de 2014 del Hospital Ameghino, que trabajará lectura y radioteatro.


Como parte del cierre de actividades del año del Centro de día para adultos mayores del CSM Ameghino, propondremos a los participantes jugar con lecturas y los procedimientos fundamentales del radioteatro. La actividad se llevará a cabo con los asistentes de la institución, el día lunes 22 de diciembre, a las 9.30 hs., en el Centro de día para personas mayores del CSM Ameghino, Av. Córdoba 3120.

viernes, 19 de diciembre de 2014

María Inés Falconi: " Cuando uno plantea una situación incorrecta, lo hace para debatir, para tomar postura, para movilizar, para provocar."

La segunda parte de la entrevista a María Inés Falconi retoma la conversación con Mario Méndez acerca del trabajo con distintos formatos de libro, de la importancia de la palabra, del texto escrito, en el desarrollo de las historias. También se habló sobre las políticas educativas y editoriales en relación con los contenidos literarios, de la cuestión del público al que van dirigidos los textos considerados infantiles, y la representación de las problemáticas socio culturales como la violencia. Para finalizar la autora leyó un fragmento de El llorón.



Mario Méndez: ¿Has trabajado el libro álbum?

María Inés Falconi: No, porque yo hablo mucho. (Risas). Escribo con mucho texto, entonces el libro álbum me cuesta muchísimo. Esas cosas maravillosas, tan sintéticas del libro álbum… Yo necesito muchas palabras. Puede encajar para este tipo de cosas, que es como un cuento ilustrado.

MM: Hablando de hablar, lo iba a googlear y me olvidé, ¿las jirafas son mudas? Hay un libro de María Inés que se llama Alta, muda y con las patas largas.

MIF: Sí, son mudas. No me acuerdo de dónde salió el dato.

Asistente: A mi hija, para una actividad con animales que hizo en el jardín le tocó la jirafa, y una de las características es que era muda.

Mateo Niro: Semejantes cuerdas vocales.

MM: Claro, no deben llegar. Porque de la manera en que lo contás, no es que esta jirafa es muda.

MIF: Para mí son mudas. Ahora me hiciste dudar…

MM: A mí me hiciste dudar peor porque tengo un cuento en el que la jirafa habla…

MIF: Acá no tenés los libros de Norma, pero ahí, están Bichos de cuento, Mascotas de cuento, donde juego mucho con eso también. Con los animales como parodiando la burla de los humanos. Cuando escribía ese libro me reía sola, cuando me imaginaba a los animales riéndose de la pobre jirafa.

MM: Además, como está aislada allá arriba, ella no se conecta con el mundo que vive allá abajo. Y se burlan, la cargan por la altura, por el cogote, hasta que ella descubre, desde la altura, que se viene una inundación. Y quiere avisarles y la hiena se ríe, el mono se ríe. Quiere hacerles señas y empiezan a jugar a “Dígalo con mímica”. La jirafa empieza a saltar, hasta que descubren lo que pasa, y después de eso empiezan a aprender lenguaje de señas. ¿Y este personaje que cuenta en primera persona las desgracias de tener un hermanito? ¿De dónde surge?

MIF: Surgió de la necesidad de hacer una serie sobre el sufrimiento del hermano que tiene un bebé, y que va pasando por distintas etapas. Hay dos publicados. Uno es El llorón, que es el primero, y otro es El llorón cumple tres meses, a medida que el hermano va creciendo. Tengo más escritos.

MM: ¿Van a salir?

MIF: No sé. Empezó como una idea mía que fue aumentando mucho por las anécdotas de niñez. Tengo una que es la causa del que todavía no salió, que es de un nene que tenía una hermana bebé, y alguien decía: “¡Ay, qué linda la nena!” y el tipo muy serio dijo: “No, no habla”. (Risas). Esos anecdotarios te dan pie para esto.

MM: Esta cosa de qué es lo que pensará el hermano del llorón, el que se supone que escribe,  que es un chico chiquitito, de dos años.

MIF: Diario de un hermano desesperado…

MM: El pibe lo quiere matar, se mete en la cuna, le pone el oso en la cara y se lo refriega para que juegue, le tira pelotazos para que ataje, y lo quiere, por supuesto, pero es una relación de hermanos. Y es muy gracioso lo que él lee. Lo que mejor sirve para que el chico no llore, es la teta. La mamá le da la teta y el pibe se calma. Pero la abuela, no. Se ve que la de la abuela ya no funciona. (Risas). O el chupete, que es como un tapón, pero a veces se sale… Está muy bien.

MIF: A mí me divierte mucho jugar a pensar cómo ven la realidad los chicos. Nosotros manejamos una cantidad de códigos que para los chicos son absolutamente desconocidos. Me gusta mucho jugar con esa idea de pensar cómo lo verán. Hay otro cuento, que está en un libro que se llama Los hermanos no son cuento, que cuenta de la hermanita que nace, y el chico la va a ver al sanatorio y piensa que se tiene que llevar a la casa a todos los bebés que hay en la nursery. Ese tipo de juegos de confusión de la realidad me divierte.


MM: Es muy divertido. Una pregunta que te quería hacer… Está en Primera Sudamericana, por lo que, podría ser que, si bien está ilustrado, lo lean chicos más grandes. Este relato, a veces es más para los grandes, ¿no?

MIF: Son libros con una contradicción seria, porque la temática es como para chicos más chiquitos, pero la estructura con mucho texto es para chicos un poco más grandes. Nosotros usamos mucho este libro en la biblioteca, cuando hay que leer cuentos y la verdad es que termina funcionando muy bien para todas las edades. No es para que un chico lo lea. Es un cuento para que le lean. No creo que haya un chico que se siente a leer esto. Para leer esto tiene que tener de nueve años en adelante… Es para que a un chico se lo lean y es para grandes.

MM: Para grandes es muy divertido.

MIF: Está muy lejos de ser la intención de que sea para grandes, pero cuando los grandes lo leen le ponen muchas ganas.

MM: Vamos a una de las estrellas. Caídos del mapa.  Yo tengo una edición nueva, pero traje un histórico para mostrar. ¿Cómo fue que Caídos del mapa primero era obra de teatro, después fue novela? Contanos un poco.

MIF: Yo escribía mucho teatro para chicos chiquitos, no había escrito todavía para adolescentes, ni preadolescentes, y no había, no hay, mucho teatro para esa edad. Yo pensaba en cómo sería escribir una obra para preadolescentes, cuál sería la temática, que podía interesarles. Estuve mucho tiempo dándole vueltas a eso, hasta que funcionó esta idea de los chicos que se ratean de la clase de Geografía. Y fue una obra de teatro, porque todavía no había escrito ninguna novela. Pero cuando la terminé, y la estrenamos y salió muy bien, me quedé como con las ganas de contar. Yo contaba nada más que lo que les pasaba a los chicos que estaban escondidos en el sótano de la escuela, y me había quedado con las ganas de contar lo que pasaba en la escuela. En el teatro no lo podía hacer. Cómo reaccionaban, cómo los buscaban, llamaban a los padres. Esos personajes, en la obra de teatro ni siquiera existían. El escenario era el sótano y la mención de “la foca” como la maestra, que no aparecía nunca…

MM: El padre que era presidente de la Cooperadora…

MIF: Claro, se los nombraba a todos, pero no aparecían. En ese momento vino Carlos Silveyra a ver la obra. Estaba sacando esa colección de Quipu, y cuando vio la obra me preguntó si no me gustaría escribir una novela con eso. Yo estaba justamente pensando en eso y se lo dije. Y me dijo que tenía que escribirla muy rápido porque estaban trabajando en una colección que iban a presentar en la Feria. Yo la tenía bastante presente, así que me senté, la escribí, se presentó en la Feria con toda la colección. Se presentó, además, con una escena de la obra, que fueron mis propios actores, y funcionó bien de entrada. Fue un libro que no tuvo ningún tipo de marketing, ni de distribución, y que pasó momentos complicados de la editorial también, pero que funcionó con el boca a boca de los chicos. Ellos se lo recomendaban entre sí.

MM: ¿Y a qué atribuís vos que sea tan exitoso, que les guste tanto a los chicos?

MIF: No sé… ellos, lo que manifiestan es que los personajes hablan como ellos, eso es algo que les gusta mucho, que es un libro muy divertido, y que se sienten muy identificados con los personajes. Recibo cientos de cartas y de mensajes que me dicen: “Yo soy como Graciela y mi amiga es como Paula”.  “En mi curso hay una Miriam”. “A mí me gustaría tener un novio como Fabián”. Los chicos hacen todo el tiempo una transposición, y se identifican con eso.  Y eso, iba a ser un libro, nada más. En un momento, mi hijo menor estaba en séptimo grado y se iba de viaje de egresados. Y fui a una reunión de esas en las que están los padres, la empresa de viajes, y era una cosa tan insoportable… (Risas).

MM: Como las reuniones de consorcio…

MIF: Más o menos. Yo estaba sentada al lado del papá del mejor amigo de mi hijo, que también es editor, y en un momento empezamos a hacer chistes entre nosotros porque era imposible salir de ahí. Y le dije: “Esto es un libro”. Era una cosa terrible. Ahí escribí el segundo, que quedó corto, y el resto de la saga fue a pedido de los chicos. Me la pasé años diciendo que el que estaba escribiendo era el último…

MM: El once ya está…

MIF: Es el último. (Risas).

MM: ¿En qué año están? Recordanos…

MIF: En el once hay un salto. La historia en continuidad termina cuando están en segundo o tercer año. Pero en el once, justamente para que sea el último, hay un salto y están en quinto. Y vuelven a la escuela, a una fiesta de despedida del portero, que se jubila. Y vuelven a encontrarse con los espacios, con el sótano, que lo van a tirar abajo… Hay un montón de cosas que  van cerrando.

MM: Además ya terminan la secundaria…

MIF: Por eso. Lo busqué para que no tuvieran ningún tipo de posibilidad de pedirme nada. (Risas).

MM: La próxima los matás. (Risas). Una pregunta más difícil o más antipática. Con esta cosa de cierta incorrección política, sobre todo por el personaje de Miriam, ¿has tenido algún problema, reclamo?

MIF: Distintos. De hecho, cuando el libro salió en el año ’92, era otra época. De un montón de cosas de las que ahora la gente se escandaliza, no se escandalizaba nadie.

MM: Vos decís que es al revés…

MIF: Para mí, nos volvemos cada vez más hipócritas. Cuando pasamos de una edición a otra, tuve que limpiar un montón de cosas del lenguaje del libro. A Miriam la llamaban “la gorda”, y nadie se asustaba por eso. Entonces, a pedido de la editorial traté de alivianarlo un poco, porque si no era dificultoso en las escuelas, los Ministerios ni te cuento, y no cambié la esencia del libro.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Agenda semanal de actividades literarias

Todas las semanas el programa Bibliotecas para armar ofrece una serie de actividades gratuitas destinadas a promover el vínculo de las bibliotecas comunitarias con aquellas personas interesadas en formarse en temáticas relacionadas con el libro y la lectura. Además, brinda talleres especialmente pensados para niños y adolescentes




Miércoles 10

I Encuentro de Escritura en la Cárcel. La ley, el delito y las penas
Contará con la participación de escritores, editores, periodistas, docentes y talleristas que trabajan intramuros, además de actores vinculados con el tema, provenientes del ámbito del Derecho, la Justicia, la literatura, la comunicación y la militancia. La palabra escrita tiene un valor especial en la cárcel. Llena expedientes, legajos y oficios; atraviesa muros; deja su trazo en paredes talladas con facas. Establece sanciones y penas; se usa para condenar e insultar. Pero también es una herramienta creativa y de resistencia.
De 12 a 21 hs.
Biblioteca Nacional, Auditorio Jorge Luis Borges, Agüero 2505

Revista La Biblioteca Nº 14. Ensayos lenguaraces
Revista la biblioteca
La Biblioteca Nacional presenta un nuevo número de la revista La Biblioteca. Avezados lectores y ocasionales visitantes podrán encontrar en este volumen un conjunto de ensayos que expresan, en cierto modo, un panorama de las ideas que han deambulado por nuestra historia a través de sus escritores, sus corrientes políticas y culturales.
A las 19 hs.
Biblioteca Nacional, Sala Juan L. Ortiz, Agüero 2505

Luca: El Sonido y La Furia
En la muestra se expondrán fotos, correspondencia, cuadernos, Inauguración de la exposición con el espectáculo de Andrea Prodan, Pájaros.
originales, el bajo y la valija de ropa de Luca Prodan. El visitante podrá escuchar, en algunas cajas, grabaciones desconocidas: las cartas en casetes que Luca enviaba a su familia en Europa.
A las 19 hs.
Museo del libro y de la lengua, Auditorio David Viñas, Av. Las Heras 2555


Jueves 18

La patria es el otro
Encuentro. Kultura Descamisada logró en estos últimos años generar un espacio de discusión y acción para creadores de todas las disciplinas artísticas. En esta oportunidad se compartirá el resultado de los proyectos realizados en el 2014.
A las 19 hs.
Biblioteca Nacional, Sala Juan L. Ortiz, Agüero 2505


Viernes 19

Nala y otros cinco libros
Presentación de Nala, de Agustina Zelalic, y otras cinco lecturas de otras cinco propuestas editoriales. Participan con sus obras Manuel Schifani, Deni Rodríguez Ballejo, Alan Ojeda, Javier Galarza y Gastón Córdova.
La presentación del libro Nala, de Agustina Zelalic, publicado por la editorial venezolana Las Injurias, es el pretexto para invitarlos a una serie de lecturas que funcionan como un panorama dispar y parcial de la producción literaria argentina a lo largo del 2014.
A las 19 hs.
Museo del libro y de la lengua, Auditorio David Viñas, Av. Las Heras 2555


Sábado 20

Rapsodia de Basavilbaso
Presentación de la novela de Mariano Marquevich. Acompaña al autor Sergio Víctor Palma. Música a cargo de Julio Domínguez (violinista), A. Secches (piano, voz y composición), Guido Kohn (violoncello) y Lucas (Muñoz percusión). Pintor invitado: Emilio Fatuzzo.
Sábado 20 de diciembre | 17 hs.
Biblioteca Nacional, Auditorio Jorge Luis Borges, Agüero 2505

Encuentro coral de fin de año
Encuentro coral de cierre de las actividades del año del coro de la Biblioteca Nacional, invitando a sumarse en esta oportunidad al Coro del EcuNHi, Espacio Cultural Nuestros Hijos, de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.
El repertorio incluirá canciones de musica popular argentina y latinoamericana y académica del siglo XX.
Sábado 20 de diciembre | 17 hs.
Sala Juan L. Ortiz

Artes y Oficios: Segundo Concurso Internacional de Encuadernación Artística EARA 2014
Noviembre - Diciembre
La exposición reúne el conjunto de libros seleccionados y premiados en el Segundo Concurso Internacional de Encuadernación Artística organizado por la Asociación Argentina de Encuadernadores Artesanales de la República Argentina. La selección del material fue realizada por un jurado integrado por Ezequiel Holodovsky, Sol Rébora y Andrés Casares.
Museo del libro y de la lengua, Auditorio David Viñas, Av. Las Heras 2555


Lunes 22

…En la punta de la lengua
Bienal de la imagen en movimiento: obras de Raquel Ponce y Gregorio Viera
Del 18 de noviembre al 18 de diciembre de 2014
A las 19 hs.
Centro Cultural de España en Bs.As., Paraná 1159


Convocatorias

VI Certamen de cartas de amor “En amor a dos” (España)

Género: Carta
Premio: Estancia
Abierto a: sin restricciones
Entidad convocante: Biblioteca municipal de Arucas
 País de la entidad convocante: España

Fecha de cierre:  26 de diciembre de 2014
Más información: aquí

martes, 16 de diciembre de 2014

Postales de lectura de infancia

Nuestras lecturas de la niñez nos marcan para siempre, nos definen, nos hacen ser quienes somos. Esos textos que poblaron alguna vez el final de las jornadas, las noches de inquietud y que voces amenas entonaron quedarán guardados, como postales de un viaje, para siempre en la memoria. Mario Méndez comparte con Libro de arena el relato de las que le son propias y que seguramente se parecen a las de tantos otros que se convirtieron en lectores gracias a ellas.



Por Mario Méndez

“En un tronco hueco, vivían dichosas, dos ardillas listas, inquietas, curiosas. Eran tan iguales que nadie sabía, ni aún su mamá, si eran Pío o Pía”.
Así comenzaba este libro maravilloso, en cuyo retiro de contratapa, como decimos los editores cuando nos queremos dar dique, mi madre escribió con letra prolijita, “Marito, 1968”. Este libro, junto con otro, que comienza así: “Había una vez, hace mucho tiempo, una niñita dulce como el azúcar y buena como el pan, su mamá la quería muchísimo, y su abuelita todavía más. La buena abuelita le había hecho una preciosa capa roja con caperuza. Vestida con ella, la niña lucía tan vistosa y alegre que todos la llamaban Caperucita Roja”, son los dos libros que me leyeron primero, y que ahora siguen en mi biblioteca, tras un breve paso por la de mis hijas. Estos dos, y un tercero, podría decir, que disparó mi primer cuento, una fábula lamentablemente perdida. El tercer libro era Fábulas, que Sigmar sigue editando con la misma tapa, también con fecha del ‘68. Dentro de este libro, en cuarto grado, metí una hoja de carpeta en la que había escrito, como un Esopo marplatense, chiquito y gordito, una fábula en la que el protagonista era el tigre, que me gustaba mucho más que el león, excesivamente protagonista para mi gusto. Así, escondida dentro del libro, le leí a mi viejo mi fabulita. Y él tuvo el buen gusto, la sabiduría, de no darse cuenta de que lo había escrito yo, y decirme que estaba bárbara. Obviamente, debió darse cuenta, pero yo no se lo pregunté, ni en esa tarde marplatense, ni hoy, cuarenta años después. Estas son mis postales de lectura y de escritura. Y me falta una, de relato, o narración. Mi viejo no me leía, la que lo hacía, y estaba orgullosa de que yo recordara de memoria cada estrofa de “Las ardillitas mellizas”, era mi mamá. Mi padre, en cambio, me contaba dos cuentos, siempre los mismos, los domingos cuando me pasaba a la cama grande. Uno de ellos trataba de un corderito negro que se escapaba del rebaño, y me lo acuerdo vagamente. El otro, el cumpleaños de Pablito, lo recuerdo mucho más, y es mi aporte de esta tarde, porque lo he reescrito a partir de estos recuerdos:
“Pablito estaba por cumplir 8 años, y su mamá quería hacerle una fiesta en su casa. Por eso fue al almacén de don Ramón y compró… (Acá mi viejo me dejaba participar, yo decía todo lo que había comprado, y exageraba con cada golosina, fiambre, gaseosa, mantecol, galletitas rex, y otras cosas que me gustaban). A la noche, la mamá de Pablito dejó las cosas sobre la mesa y se fue a dormir. Pero mientas dormían, aparecieron los ratones, y se comieron casi todo. Y lo que no, lo rompieron, tiraron, ensuciaron. ¡Como lloró a la mañana la señora cuando vio el desastre! Quedaban dos día, pero ¿cómo iba a hacer ahora? Entonces, la mamá de Pablito volvió al almacén y contó lo que había pasado. Un viejito, que estaba en la cola, le dijo que no se preocupara. Que volviera a comprar todo, que él tenía dos amigos que iban a ayudarla. La señora compró… (Yo volvía a participar de la lista de cosas, eso, quién sabe por qué, me divertía mucho) y luego el viejito la llevó a su casa y le prestó, por esa noche, a sus dos gatitos: Blanquito, que era blanco y elegante, y Michifuz, que era negro y atorrante.  A la noche, la señora dejó las compras sobre la mesa y se fue a dormir, y cuando los ratones salieron, Blanquito y Michifuz, escondidos, los dejaron llegar hasta la mesa… pero apenas llegaron, ¡pum!, ¡zas!, ¡zácate!, los ratones iban de un lado para otro perseguidos por los dos gatos, que les pegaban manotazos, los mordían, los sacudían hasta que los corrieron a todos hasta su agujero y la señora, que se había despertado, tapó el agujero con cal y cemento para que nunca más volvieran.
Al otro día se hizo el cumpleaños, que fue un gran éxito. Y además de los amigos de Pablito, con un moño rojo cada uno, estaban los dos invitados, Blanquito y Michifuz, frente a un gran plato de leche que la mamá les había preparado”. Y colorín colorado, este cuento que me contaba mi viejo, acá les he regalado.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Versos de la mañana

El misterio de una música, de un nombre, de la palabra poética aparecen en una escritura que comunica lo inexplicable del sentir, del saber, de la percepción. Libro de arena publica un fragmento de la novela Delmira, de Omar Prego Gadea, que habla de la relación de la ficción con la escritura y la lectura.


¿Te das cuenta? El viejo reblandecido escribió eso que después se convertiría en el prólogo del primer libro de aquella niña hecha de carne y sangre de rosas. Claro, sí escribía casi todo el mundo en aquellos tiempos, incluso yo, por supuesto, pero no me negarás que al viejo se le fue la mano. Hay mucho más, déjame que te lea este pasaje y te perdono el resto: “Era una carne que había transformado por una milagrosa metamorfosis de la materia milagrosa, los ingenuos, los gemantes, los inverosímiles cuentos azules de Las mil y una noches, en visiones si tan magníficas y suntuosas, de más sentido humano y más humano soñar. Sus manos de azucena de cinco pétalos tocaban por igual la tierra como el cielo, para buscar los gloriosos atributos con qué recamar sus versos esplendentes: el Azul y el dios cristiano con su corte de soles y de estrellas y sus jardines de nubes; el suelo con sus olas, sus alas, sus flores, sus oros, sus mariposas y sus piedras preciosas. Era una pequeña maga que hacía su reino y su encantamiento con los tesoros inacabables de todas las magias”. Se echa a reír, repone el libro en la biblioteca, fuma, plácido. “¿Qué te parece? ¿Te animarías a escribir de esa manera? Se necesitaría un coraje loco, sin contar el festín que se darían los muchachos de Marcha, en “La mar en coche”.  La tal niña era realmente una belleza impresionante. Yo tenía que salir a hacerle una entrevista a un poeta de cuyo nombre prefiero no acordarme, pero me quedé dando vueltas por la sala de redacción, me puse a pasar en limpio unos apuntes, a ordenar papeles, cualquier cosa que me permitiera verla de nuevo y con la esperanza de que sus ojos  se detuvieran un instante en los míos, uno o dos segundos, nada más, para verla caminar, avanzar con ímpetu, como si tuviera que vencer la resistencia del aire con todo el empuje del cuerpo, cortarlo, abrirse camino a través de  esa voluptuosa resistencia. ¿Ves? Me acuerdo de ese día, de alguna manera vuelvo a él y ya estoy hablando como el Director”, dice, y se me hace difícil imaginarlo joven y empezando a enamorarse de esa muchacha que acababa de conocer. “Pero ni siquiera  me volví cuando escuché el ruido de la puerta y luego los pasos y la voz infatuada del Director. La suya también, que pareció dirigirse hacia donde yo fingía estar muy ocupado con mis papeles, acaso porque en ese momento me estaba mirando, hasta que oí cerrarse la puerta de salida y los pasos perentorios del Director de regreso a su despacho, del que surgió calzándose el sombrero, porque era la hora del aperitivo en El Brasilero. Desde el balcón lo vi atravesar la plaza con su andar hamacado, echado hacia atrás como correspondía a su prosapia. Dos o tres veces lo vi quitarse ceremoniosamente el sombrero al paso de unas señoras, quienes le respondieron con circunspectas inclinaciones de cabeza, casi imperceptibles. No me costó trabajo ubicar el manuscrito encima de su escritorio. En realidad era un cuaderno voluminoso y manoseado. En la tapa, en gruesos caracteres había cuatro palabras, “Versos de la mañana”. Me senté y empecé a leer un poco al azar: Ven oye, yo te evoco/extraño amado de mi musa extraña,/ ven, tú, el que meces los enigmas/ en el vibrar de las pupilas cálidas./El que ahondas los cauces de amatista/de las ojeras cárdenas…/ Ven, oye, yo te evoco,/ ¡extraño amado de mi musa! Seguí leyendo, atrapado ya por aquella música misteriosa, envolvente, asombrado, hasta el final de aquel poema: Ven, acércate a mí que en mis pupilas/ se hundan las tuyas en tenaz mirada,/ vislumbre en ellas el sublime enigma/del más allá que espanta…/ Ven… acércate más…clava en mis labios/ tus fríos labios de ámbar./ ¡Guste yo de ellos el sabor ignoto,/ de la esencia enervante de tu alma!/ Ven, oye, yo te evoco,/ ¡extraño amado de mi musa extraña!
Me dice que leyó todo el cuaderno de un tirón sin poder detenerse: Le resultaba imposible asociar esos versos en los que se podía ya rastrear algunos de los temas nocturnos que la perseguirían hasta la muerte, (el amor, la pasión, el sexo incluso, ardiente, omnipresente, apenas velado) con aquella jovencita que acababa de irse. No la niña etérea, evanescente, imaginada por Medina, pero tampoco la mujer de carne y hueso, de sangre tempestuosa que surgía de aquel cuaderno. Me dice también que tiempo después, cuando leyó un juicio del filósofo Carlos Vaz Ferreirra, se quedó deslumbrado por su pasmosa intuición. Vaz Ferreira, quien no era un poeta, le escribió que él no la juzgaba con criterio relativo: “Si tuviera que apreciarla con ese criterio, teniendo en cuenta su edad, su sexo, los paralelos que puede haber oído entre Los Pocitos y la Playa Ramírez y, en las grandes ocasiones, entre la Manón de Puccini y la se Massenet, entonces diría que su libro es simplemente un milagro. Si usted tuviera algún respeto por las leyes de la psicología, ciencia muy seria que yo enseño, no debería ser capaz, no precisamente de escribir, sino de entender su libro. Cómo ha llegado usted, sea a saber, sea a sentir lo que ha puesto en ciertas poesías suyas es algo completamente inexplicable.


Delmira
Omar Prego Gadea
Alfaguara


viernes, 12 de diciembre de 2014

María Inés Falconi: "Me divierto mucho cuando escribo, me río."

En la primera entrega de la entrevista a María Inés Falconi, realizada en la Nube, como parte del ciclo "Encuentros con escritores de literatura infantil y juvenil", la autora habló de su doble vocación, por la literatura y por el teatro. En la charla coordinada por Mario Méndez, contó que su apasionado interés por el teatro infantil la ha llevado ha formar parte de una asociación (ATINA), que busca hacer conocer las obras de calidad que se realizan en Argentina y requieren aún de un gran trabajo de difusión, que es el actual desafío. También habló acerca de la especificidad de la producción literaria y dramatúrgica infantil, como un campo de desarrollo propio que tiene en el centro al destinatario, que no puede desconocerse. Además, se explayó sobre sus obras, su trabajo de investigación a la hora de escribir y su especial gusto por los márgenes de la historia. Libro de arena publicará la segunda parte de la charla el viernes próximo.

Mateo Niro: En este día tan particular, se está cumpliendo un sueño que teníamos con Mario y con todo el Programa Bibliotecas para Armar, y La Nube: que viniera María Inés Falconi a acompañarnos en este ciclo ya clásico. Quería comentarles algo además, que es la publicación de un libro con las primeras entrevistas de este ciclo, en el que se habla de la literatura infantil y juvenil con sus protagonistas. Escritores, lectores bibliotecarios y maestros. Y la posibilidad de que se publique un segundo. El otro sueño que teníamos era… ¿qué hacíamos con Mario? Porque Mario no puede quedar afuera. Entonces, el lunes que viene, ya que María Inés nos dio el gusto de adelantar su visita acá, por un viaje que tenía, vamos a cumplir otro sueño anhelado que es que el escritor Mario Méndez va a ser entrevistado por cuatro amigos escritores, Paula Bombara, Sandra Comino Sebastián Vargas y Andrea Ferrari. Así como no tiene problemas para hablar de los demás, es medio tímido para hablar de sí mismo, así que les vamos a pedir que, desde acá hasta el lunes, además de lo que hayan leído sobre Mario, si quieren incentivar la lectura de sus libros pueden hacerlo. Bueno, arrancamos con esta entrevista. Si hay algún inconveniente climatológico o técnico vemos de irnos mudando. Bienvenida María Inés.

María Inés Falconi: Gracias por la invitación, a todos.

Mario Méndez: Gracias, Mateo. Bueno, bienvenida María Inés. Un agradecimiento doble. Por un lado, le decía a María Inés más temprano, este ciclo empezó hace unos años con gente que no podía decir que no. Eran amigos, y yo les decía que vinieran y venían. Poco a poco  fui animándome a invitar gente con la que todavía no somos amigos, somos conocidos, nos hemos visto alguna vez en algún brindis de Alfaguara o en la Feria. Que hayas venido tiene ese valor agregado. Y el segundo agradecimiento y no menor, es que hayas cambiado la fecha. María Inés se va nada menos que a Estocolmo. Bueno… voy a empezar por ahí… Vos sos una autora que viene del teatro, y vas a Estocolmo invitada por una asociación internacional de teatro. Contanos un poco…

MIF: Además de escribir literatura escribo teatro, y además tengo una extraña vocación para meterme en líos. Y entonces organizo cosas, y de tanto involucrarme, creamos acá con mucha  gente que hace teatro para niños, una asociación, con la que organizamos actividades para promover, mejorar el teatro para niños. Después nos conectamos con la Asociación Internacional, yo participé activamente, y sigo participando en eso, y organizamos actividades, no sólo locales sino internacionales, de intercambio con otros países. Es como mi cara oculta, la de estar en la organización de mucha cuestión formativa en relación al teatro. Más que a la literatura.

MM: La institución se llama ATINA…

MIF: ATINA se llama la de acá y ASSITEJ la internacional.

MM: Es lindo, y además poder ir a Estocolmo.

MIF: Sí, está buenísimo. Además, yo soy una convencida de que el intercambio genera cambio. Siempre. La posibilidad de hacer junto con el otro, de escucharlo, de ver cómo el otro lo hace… Uno aprende. Ve dónde está ubicado.

MM: Y en términos generales, ¿cómo está ubicado el teatro para niños y para jóvenes en la Argentina con respecto al mundo?

MIF: El teatro para niños en la Argentina tiene un problemón, que es que el mundo no lo conoce. Ese es uno de nuestros objetivos. La verdad es que hay muy poco apoyo de los gobiernos para que las compañías  puedan salir y participar de festivales que se hacen. O para giras. La gente no sale y los de afuera no lo conocen. Cuando tienen la posibilidad de verlo quedan muy asombrados. Pese a que nosotros decimos que hay que profundizar más y que falta desarrollo, es muy vital el teatro argentino. El actor argentino es muy espontáneo, se comunica muy bien con el público. Es un teatro muy creativo con muy poca producción. Eso sorprende mucho. Sigue siendo, casi, una actividad amateur. La gente trabaja, vive de eso, pero sigue haciéndolo “por amor al arte”.

MM: Justo el otro día surgía esta discusión con un grupo de escritores amigos. La discusión entre “amateurismo” y “profesionalismo”. Hasta dónde uno se profesionaliza, y hasta dónde sigue siendo amateur en el corazón. ¿Y pasa en el teatro para niños y jóvenes lo que en la literatura infantil pasa mucho, que es esta suerte de especialización, o es más de actores, directores…?

MIF: Hay especializaciones marcadas. Ahora hay una discusión en la que hay personas que dicen que no hay teatro para niños y para adultos, que sólo hay teatro. Yo digo que esa es una posición vergonzante. Dicen eso porque les da vergüenza decir que hacen teatro para niños. Prefieren adoptar el genérico de “teatro”. Pero el teatro para niños, igual que la literatura para niños, piensa en el destinatario. Es un teatro escrito y definido por quién va a ser ese público. Y no es lo mismo, como no es lo mismo escribir literatura pensando en lo que el chico puede entender, en la etapa que está atravesando, en lo que le interesa, lo que lo divierte, lo que lo emociona.

MM: ¿Y los actores también?

MIF: Los actores son más mercenarios. Pueden hacer ambas cosas. Está apareciendo una generación nueva de actores y directores jóvenes que por decisión quieren hacer teatro para niños. Y eso me parece fantástico, porque no es que, como no tienen nada para hacer hacen una obra para chicos. Nosotros insistimos mucho en teatro, en algo que la literatura todavía no adoptó. Nosotros no decimos teatro infantil, sino teatro para niños. Porque el “infantil”, condiciona a la palabra “teatro”. Como si fuera un teatro inconsistente. Por eso insistimos mucho, en que es para niños o para jóvenes o para adolescentes. No usamos los términos “infantil” y “juvenil” que se usan en literatura.

MM: Ahí en lo juvenil hay una línea, en la literatura, muy difícil, de cuál es la literatura para niños y cuál la juvenil. ¿En el teatro es más fácil esa diferencia?

MIF: Me parece que es lo mismo, pero lo que pasa es que es muy difícil atraer al teatro a los adolescentes.

MM: A la lectura también. Contamos con el apoyo muy fuerte del colegio.

MIF: Sí. No pasa lo mismo con el teatro. Cuando el profesor de secundaria decide ir al teatro va a ver unos bodrios horribles, o clásicos… un Shakespeare mal hecho que hace que los chicos odien el teatro. Lo que no hacen los chicos generalmente es ir ellos espontáneamente. A veces hay propuestas que los atraen. Pero los mueve más la música o los recitales;  son más su grupo de pertenencia.

MM: Por otro lado, vos hacés docencia en teatro con grupos de adolescentes, de jóvenes.

MIF: Sí. Durante muchos años tuve talleres de expresión teatral para niños y para adolescentes. Ahora ya no estoy dando más. Pero trabajé con eso como veinte años. Me gustó mucho trabajar con ellos, fue muy divertido, y además me alimentaba todo el tiempo, porque era un contacto todas las semanas, de manera permanente con chicos y jóvenes.

MM: Eso rejuvenece…

MIF: Sí, pero además, cuando preguntan cómo hace uno para escribir… Surge del contacto cotidiano.

MM: Sí. Leyendo Caídos del mapa, leyendo la saga de Fin de semana en el paraíso, leyendo C@ro dice…, pensé que seguramente habías tenido hijos que habían pasado por la adolescencia, o algún tipo de contacto permanente con adolescentes.

MIF: También.



MM: Entre paréntesis, esta es una anécdota linda. Recién estábamos acá al lado, en Gargantúa, antes de que llegara el grupo de teatro, y yo estaba leyendo el final de Fin de semana en el paraíso, y me venía riendo solo. Es algo raro de ver y es divertido. Y viene un pibe de unos veinte años, muy suelto, muy interesante, y me dice: “Disculpame, ¿qué estás leyendo que te estás riendo así?”. Se lo mostré, y le dije que era literatura juvenil. Me preguntó si podía leerlo él. Le dije “Ya ves, lo estoy leyendo yo…” (Risas). Entonces mira el libro y me dice: “¡Ah, es de mi profesora!” (Risas). Me anotó el nombre, y era alumno de María Inés. Y un rato después llegó el grupito de acá al lado que hace la escuela de teatro. Y viene un chiquito también muy desenvuelto, pero este tenía diez años, mira el montón de libros que yo tenía arriba de la mesa, y se fija en El secreto del tanque de agua. Y le dice a la mamá, que andaba por ahí: ¡Mirá, mirá, el que leí en el colegio!” Le pregunté si le había gustado y me dijo: “Sí, me interesó mucho”. Vamos a empezar por ese lado. El secreto del tanque de agua. Esta vez no tuvimos tiempo de trabajar con los libros el lunes anterior, espero que algunos los conozcan. Varios me dicen que sí. Bien. El secreto del tanque de agua es una novela histórica. Una de las que surgieron a pedido para el Bicentenario…

MIF: En realidad, yo había escrito cuentos históricos que sí me habían pedido. A mí me gusta mucho la parte no oficial de la historia. Investigar, encontrar cartas, cosas que están fuera de la historia del Billiken. Me había entusiasmado tanto con esos cuentos, que fui a la editorial, y les propuse armar una antología de relatos de historia de distintos personajes y distintos momentos. Les pareció bárbaro. Y no sé por qué, un día se me ocurrió que en lugar de cuentos fuera una novela entera ubicada en algún lugar de la historia. Pensé en 1880, antes de 1810… La cuestión es que me fui a la editorial, y se los propuse. Entonces me dijeron que si iba a hacer una novela histórica, por qué no la ubicaba en 1810, ya que estaban lanzando la colección del Bicentenario. Esto fue en 2008. Yo ni me había dado cuenta de que venía el 2010. Así que empecé a centrar la idea en lo que había pasado en ese momento. Fue un semi pedido.