jueves, 30 de abril de 2015

Antonio Ventura:"La literatura no enseña a ser buenas personas."

Fuera del programa del Ciclo de "Encuentros con autores de literatura infantil y juvenil" y con el auspicio del Fondo de Cultura Económica, Mario Méndez tuvo la oportunidad de entrevistar al escritor español  Antonio Ventura. La charla, que se dio el 21 de noviembre de 2014 en La Nube, permitió conocer el punto de vista del maestro, pintor, escritor y editor acerca de la situación de la edición en el mundo, de la evolución de las editoriales hacia las corporaciones de editoriales; también habló de la relación entre escritura e ilustración, de la importancia conferida a la imagen, y de la función de la escuela como promotora de la cultura escrita, a la vez que como límite de la libertad de la que la literatura verdadera respira. Libro de arena publicará la segunda parte del encuentro el viernes próximo.



Mario Méndez: Buenas noches y gracias por venir en este día lluvioso y fresco. Agradezco en nombre de la editorial Fondo de Cultura Económica que nos invitó a la presentación de la entrevista a Antonio Ventura y a La Nube y Pablo Medina, que siempre está abierto a estos eventos. Siempre está dispuesto y siempre es el mejor anfitrión. Te comento Antonio, que durante el año, todos los lunes o casi todos presenté a autores de literatura infantil, así que tengo algunas costumbres. La primera es la de hacer una presentación más formal. Yo voy a leer algunas cosas acerca de vos, y después vamos a la conversación más informal. Antonio Ventura es, como somos todos, muchas cosas. Maestro, pintor, escritor, editor… Maestro y además, dinamizador de la lectura. Y como él mismo ha declarado es, fundamentalmente, lector. Nació en Madrid, y durante diecinueve años fue maestro de la escuela pública. En su trayectoria de editor, destaca la creación de la colección Sopa de Libros, de la Editorial Anaya, donde fue director de publicaciones desde 1997 hasta 2008. La creación de la editorial El Jinete Azul, exquisito sello de cuentos y poemas ilustrados, libros álbum y novela gráfica, que dirige en la actualidad. Fue fundador de la revista Babar, en 1980, revista que empezó siendo de papel y hoy me enteré de que es una de las dos revistas digitales más leídas en español en todo el mundo. Colabora con las revistas Clic, Peonza, Cuatro Gatos y Emilia. Ha  dictado numerosos cursos y seminarios sobre literatura infantil y promoción de la lectura en España y Latinoamérica, y es autor de más de treinta títulos de libros para jóvenes y adultos, muchos de los cuales son libros álbum o libros ilustrados dirigidos a niños, jóvenes y adultos. Ha sido traducido al francés, portugués, italiano, gallego, vasco, catalán y árabe. Entre sus muchas obras puedo mencionar, No todas las vacas son iguales, El tren, el pájaro y la princesa, El mar de Darío, Osos de cuento, La mirada de Pablo, El lazo rojo, La espera, El oso y la niña, Trece horas, El relato incompleto, Un cuento de cigüeñas, Crónica de un deseo, y las cinco que he tenido la suerte de leer en estos días, cuando Lola Rubio y el FCE me convocaron, que son: Dos lobos blancos, El cuento del Pingüino, La Rayuela, la novela Berta sueña, y el que hoy nos toca presentar, que es El sueño, que es un libro álbum o un libro ilustrado, eso se lo vamos a preguntar a Antonio después, ilustrado por Jesús Cisneros. Antonio Ventura es pintor, y quizá por eso es un experto en plasmar el diálogo entre la palabra y la imagen (esto se los estoy robando a los amigos de Pequeño Editor, donde estuvo dando capacitaciones). Ellos dicen que la tarea del lector, como él dice que subyace, es una  de sus actividades más complejas. A pesar de los treinta libros que tiene publicados, Antonio dice que se considera un aprendiz de escritor. Y creo que vamos a empezar por eso. ¿Cómo es esto de un “aprendiz de escritor”?

Antonio Ventura: Buenas tardes. Antes de contestar, quiero agradecer a Mario Méndez, que eres tú, por presentarme. Perdonen mi relación errática con los nombres. A Pablo Medina por acogernos en su casa, a todos ustedes por acompañarnos en esta tarde de lluvia, a Lola Rubio por su eficacia y su rapidez en convocar a este encuentro de lectores, y a María Wernicke, por acompañarme durante todo este tiempo en esta ciudad, en mi primer viaje. Creo honestamente, y no es un ejercicio de falsa humildad que yo soy un aprendiz de escritor. Y lo siento, porque el lector que también soy, cuando lee (con la frecuencia con la que además leo) a los grandes, se da cuenta de que yo nunca voy a llegar a la creación de un universo como ellos. Por eso me reconozco como un aprendiz. Y de hecho, hay libros míos publicados, que fueron rechazados por editores antes de ver la luz. Creo que un escritor de verdad no tiene esa experiencia. Escribe una novela o cuento, y tiene un editor o dos detrás, esperando que acabe. Cuando yo acabo un libro, y es un álbum, siempre me cabe pensar que no les gustaron las ilustraciones. Pro mis novelas, tanto las infantiles como las de adultos, unas cuantas fueron rechazadas en su momento, y tuve un tiempo de espera.

MM: Yo lo comento por mí mismo, y por muchos de los que estamos acá: hay experiencias de rechazo. También me adhiero a esto de ser un aprendiz, porque uno sigue aprendiendo siempre. Si pensamos en John Kennedy Toole, que ni siquiera se vio publicado, el autor de La conjura de los necios, ¿lo leíste?

AV: Sí, sí.

MM: Esa historia de la madre, que llevaba el original una y otra vez a distintos lugares donde lo habían rechazado tantas veces, hasta que por fin convenció a alguien de que lo leyera. El manuscrito. Bueno, además de escritor aprendiz con más de treinta libros publicados, sos un editor con mucha experiencia en Anaya, y en tu propia editorial que es El Jinete Azul, ¿cómo nace El Jinete Azul? ¿Dónde encontraste esa necesidad?

AV: En mis sueños de juventud, soñaba con que me gustaría ser editor, y en España (no sé aquí), la posibilidad de ser editor pasaba por un desfiladero de índole económica. Uno tiene dinero, o por muchas ideas que uno tenga, si no tienes dinero no puedes ser  una editorial. Ser editor de Anaya fue algo que vino un poco rodado, después de cuatro años de colaboración con Alfaguara. Durante esos años seguía siendo maestro en la escuela.

MM: ¿Y ya tenías algo publicado?

AV: No, era asesor de lectura y asesor pedagógico. Yo pensaba que en algún momento iban a ofrecerme trabajo en el Departamento, pero no fue así. Fue la editorial Anaya que me ofreció un trabajo que no era de edición sino de investigación lectora. Estuve tres años viendo cuál era el estado de la lectura en España, qué actividades se hacían en bibliotecas, qué actividades se hacían en colegios, de cara a hacer un informe de cómo era el estado de la lectura, y qué materiales podría ofertar al mercado una editorial, para promocionar la lectura. Del ’93 al ’96 hice ese trabajo, habiendo dejado ya la escuela, y en el ’97 pasé al Departamento Editorial. En ese momento ya se estaba creando una colección que no tenía nombre todavía, y que acabó siendo Sopa de Libros. Yo sentí que me había tocado la lotería,  porque me pagaban por leer y por publicar libros. Pero me echaron a la calle. Era un despido improcedente. A nadie se le echa a la calle, al menos en España, sin un motivo. Hay que pagarle, indemnizarle por aquellos años que ha trabajado. De pronto me encontré con un montón de dinero. La única vez en mi vida que he sido rico, temporalmente. (Risas). Y me di cuenta de que era la oportunidad de montar mi editorial, de publicar aquellos libros que realmente me apetecen, y que además, tengo razones objetivas para explicar que son buenos. Si estuviera trabajando en una editorial, tendría que convencer al Director Comercial, o a alguno de los jefes, de que era un libro necesario. Esa es la experiencia de los cuatro años que lleva existiendo El Jinete… La verdad es que hace dos años que no publicamos ningún libro, con motivo de la crisis que mi país atraviesa, pero me consta que en algún momento, volveremos a publicar. Y lo que sí, no he dejado de hacer en estos dos años, ha sido editar. Aunque esas ediciones no hayan sido publicadas.

MM: O sea que esto de la riqueza lo solucionaste enseguida siendo editor…

AV: Sí, lo de la riqueza me condujo a la pobreza, volví al estado natural con el que me sentía familiarizado, y que es en el que me encuentro actualmente. (Risas).


MM: Ponerse una editorial es una buena receta para solucionar “riqueza inesperada”. Conozco el tema. (Risas). Hablabas de convencer a Directores Comerciales, Jefes de promoción, más difícil me imagino, y te lo pregunto porque le has dedicado mucho en Sopa de Libros y en tu editorial, es convencer de la necesidad de la poesía, ¿no? ¿Por qué creés que ocurre esto?

AV: Creo que la poesía siempre ha sido un género de minorías. Aunque sorprendentemente, todos los ciudadanos del mundo, no sé cómo funciona en África y en Asia, pero los que estamos aquí presentes que pertenecemos a la misma área de civilización, hemos pasado todos por la experiencia de la poesía, porque la relación que el bebé establece con la palabra es a través de la música, de la poesía. En las nanas, en las canciones de corro, en las retahílas… Incluso podemos encontrar poesías compuestas por personas analfabetas. De lo que muchos años se llamó Castilla de Vieja, donde nació el Reino de Castilla, encontramos a pastores analfabetos que son capaces de recitar romances enteros, algunos, incluso, compuestos por ellos. O, en el ámbito del País Vasco, que tiene ese idioma opaco (lo de “opaco” es simplemente una descripción, no tiene sentido peyorativo), están los versolaris, que son los poetas  anónimos del pueblo, que no solamente componen y le ponen música en el acto a lo que componen, sino que lo componen a partir de una idea que en ese momento se les da, en una feria de pueblo. Sobre un árbol. Improvisan un verso, que lo cantan…

Asistentes: Como los payadores…

AV: Allí se llaman versolaris. Yo no conozco ninguna mujer, siempre son hombres. La experiencia poética está vinculada a la experiencia comunicativa del ser humano, más allá de que sea lector o no.  La ficción, la literatura, es una mentira. Cuando entramos en una novela, sabemos que estamos asistiendo a una mentira. Pero entramos de manera complaciente, y durante el tiempo que dura la lectura clausuramos nuestro tiempo real, cronológico y vivimos el de esos personajes. Dentro de la ficción, de la literatura, la poesía sería en género que más tiene de confesión por parte de su hacedor. De hecho, los grandes poetas del español que me han alimentado en  mi infancia, (incluso antes de leer mi madre me recitaba el “Prendimiento…” de Antonio Torres Heredia, “hijo y nieto de Camborios, con una vara de mimbre va a Sevilla a ver los toros”). El Romancero está intrínsecamente vinculado al idioma, en el caso concreto del español. Y me parece que la poesía, dentro de la ficción, sería el alimento más necesario. Pero, probablemente, la escuela, como institución encargada de la socialización en términos de cultura impresa, no ha sabido darle cabida. O no se han encontrado los métodos para que se divulgue entre los niños, los futuros adultos.

MM: ¿La escuela es (como acá en la Argentina, por lo menos esa es mi opinión), fuertemente influyente en el tema de la difusión de literatura infantil en España?

AV: Lamentablemente, muchísimo. Cuando muere el dictador en el año ’75, se produce una eclosión editorial importante. Muchos de los grandes libros europeos y norteamericanos que habían estado prohibidos, se publican. Y hasta el año ’80 u ’85 quizá, la literatura infantil y juvenil en España fue una verdadera fiesta. Los libros no llevaban recomendación de edad, los editores publicaban lo que realmente creían, y había muy buenos editores. Pero a partir del año ’85, y en gran medida por las editoriales educativas, religiosas (hay que tener en cuenta que en España las grandes editoriales educativas son de los curas y de las monjas, estoy hablando de SM, o de Edebé, o de Edelvives), entonces Dios estaba con ellos, y esto era un peligro. (Risas).

Asistente: ¿Tenían línea directa?

AV: Tenían línea directa, entonces ahí aparece la primera censura. En los años ’80 y en los ’90 ustedes no encontrarán una madre soltera en los libros de la literatura infantil y juvenil de España. No, las madres solteras no existen. Y después, empezó la influencia terrible de las modas pedagógicas, de la mano de la demanda inconsciente de los profesores, nunca explícita, los editores empezaron a publicar textos eficaces para el aula. Buenos manuales para hacer buenos ciudadanos. Pero eso no era literatura, porque la literatura no enseña a ser buenas personas. Y esos libros, son los que les gustan a los maestros. O por lo menos los que les empezaron a gustar, y a partir de entonces, en muchos casos, los catálogos de las editoriales, ponen “libros para la convivencia”, “libros para el respeto a la naturaleza”. Y más recientemente, lo que llamamos el pensamiento “políticamente correcto”, que tiene influencia directa del imperio, de los norteamericanos. Somos como los gobernadores de las provincias del imperio, como en el Imperio Romano. Se encargan de que estas consignas se lleven a cabo en las instituciones encargadas de la socialización de los ciudadanos para que de ser posible, se conviertan en súbditos.

MM: ¿Pudiste ver algo del panorama de la literatura infantil y juvenil argentina?

AV: Aparte de que me llevo unos cuantos títulos anotados para comprarlos y leerlos, lo que sí he podido ver es ilustración. Y, realmente, es una maravilla. He visto cosas maravillosas. Algunas en las dos clínicas que he tenido en Pequeño Editor, y en algún caso, de amigos que me han presentado libros de ilustradores, excelentes.



MM: Decías en una de las entrevistas de los amigos de Pequeño Editor, que en España te resultó difícil encontrar autores integrales, de texto e ilustración, que te convencieran. ¿Y en la Argentina? ¿Los viste?

AV: No. He visto trabajo de ilustradores e ilustradoras, y luego he anotado escritores o libros concretos. Pero esa figura, no sé si en el ámbito hispanohablante no se da… Lo que sí sé, es que en España, en general, han sido los ilustradores los que en determinado momento han dado el paso para escribir sus historias. Y mi punto de vista es que, en general son historias débiles. Me estoy acordado de un ejemplo que no es así, La feria abandonada de Pablo Auladell. El texto no sólo es de él, es de otras dos personas, y las ilustraciones son de él. Es un libro excepcional. No es un libro infantil. Es un álbum para adultos. Y el texto es de una belleza impresionante. Pero no es lo normal. Esa figura, donde con más prestigio se da es en el ámbito anglosajón. Y también en el centroeuropeo, en Alemania, pero en el ámbito anglosajón, curiosamente, una cultura que da pocos pintores. Gran Bretaña ha dado muchos pintores malos y pocos buenos. ¿Por qué es eso? Su ficción sería el mundo de la fantasía. Tenemos a C.S. Lewis, que fue profesor. Las Crónicas de Narnia serían la metáfora exacta del discurso que entrevera la literatura infantil y juvenil británica frente al del castellano que es el de la picaresca. Tiene grandes ilustradores de historias que son tan fantásticas como las ilustraciones.

MM: Diste una clínica sobre libro ilustrado y libro álbum, ¿verdad?

AV: Sí.

MM: Con el permiso de Silvina Rocha, que fue a tu clínica, que tiene un libro Por qué los elefantes prefieren jugar a la mancha, que fue seleccionado por el White Raven y te lo recomiendo para que lo lleves. Ella escribió esto en Facebook, y quiero pedirte una opinión, y quiero compartirlo con el público: “Todas vamos con nuestros proyectos bajo el brazo. (A tu clínica, ¿no?). Algunas tienen años, otras están verdes, pero todas vamos con esta suerte de hijo en nuestras manos, a que Ventura nos diga si es Frankenstein, si es la mar de bonito, o un poco y un poco. Ventura. Que se las sabe todas. Porque fue maestro veinte años, porque dirigió colecciones en grande editoriales, porque dirige su propia editorial, pero además porque ¡oh, me entero allí!, es pintor. O sea, alguien que mira desde todas las miradas. Van pasando las maquetas en pantalla y se aportan originales, y/o libros armados. Entonces, es un buen ejercicio para ver en otro, eso que a uno tanto le cuesta en lo propio. Una forma de chequear, si podemos por un rato, ser editores de nosotros mismos, y si aprendimos algo de esto que es armar dos relatos, texto e imagen, para que corran juntos. “Juntos” no es exactamente la palabra. Pasándose la posta, diría yo. Ventura no es condescendiente. De manera argumentada te va hachando varios pilotes y al mismo tiempo te subraya las virtudes. En este encuentro, la mayoría son ilustradoras que se animan a escribir. Yo soy la única escritora que se declara como tal. Y hay una arquitecta que dice: “Yo no soy ilustradora ni escritora”, pero cuando le toca el turno, pela unos dibujos que te vuelan la peluca. Vaya que sirvieron los años de Arquitectura. Algunas publicamos y otras, no. Entonces hay muchas preguntas con respecto al mundo editorial, que es otro. Ventura cuenta que acaba de salir en una nueva editorial, Editorial Treinta y Seis, un texto suyo con ilustraciones de Pacheco. Y que ese proyecto tiene diez años. Y aclara que se lo rechazaron infinidad de editoriales. Le pregunté el por qué y dijo: “Porque decían que la historia era triste”. Ergo: ¿cómo saber si eso que tenemos entre manos es bueno pero no entra en ninguna editorial? ¿O no entra en ninguna editorial porque es malo? No lo sabemos. ¿Veinte años de rechazos será una buena medida? Ventura va hablando de libros, relacionando nuestros trabajos, por temática o por el tipo de ilustración, con otros libros e ilustradores que le resuenan. Somos esponjas. Al final, volvemos a preguntar cosas puntuales de nuestros libros. Esa pregunta que se nos escapó en el medio. Y nos vamos felices, con un poco más de trabajo, el gusano tiene chance de convertirse en mariposa.” ¿Qué opinión te merece esto, Antonio?

AV: ¿El texto? Es maravilloso. (Risas). No sé si ajustado pero es una crónica narrada, según escucho, desde el corazón, con lo cual, contiene una verdad. Este me parece que es el debate de fondo que late en la Edición. En casi cualquier manual sobre historia de la edición,  hay una serie de elementos comunes que definen. Quién sea su autor. Estamos hablando de editores que en un momento determinado han levantado acta de su experiencia. Hasta los años ’60 en Norteamérica, que sería el paradigma, o en Francia, Inglaterra o Alemania en Europa, en un momento determinado, hombres cultos deciden montar una editorial. Y no quieren enriquecerse con ella. La plusvalía que genera el libro en los grandes momentos de la edición en los Estados Unidos, en los años ‘60 genera cinco puntos de beneficio. Esa es la plusvalía que da el libro. Aquellos hombres que publicaban a Arthur Miller o a Carson Mc Cullers, estoy pensando, por ejemplo en William Maxwell, que tiene tres novelas publicadas en español, creo que en la actualidad en Asteroide, sobre todo una, maravillosa, que se llama Volvieron como golondrinas. Es casi una novela juvenil. Maxwell es un hombre que a sus noventa y cuatro años, deja la editorial a sus hijos. Tenía decenas y decenas de libros. No había director de marketing, no había un director comercial. Los libros los editaban hombres que tenían una imprenta, que eran impresores. Como lo fueron Gallimard o Hachette en París. Y esos libros daban beneficio a aquellas familias para vivir dignamente, honestamente, y hacían una divulgación de la cultura impresa. En el  siglo XX, sobre todo a partir de los años ’80, los grandes grupos editoriales, las grandes corporaciones, que además suelen estar en manos, desde mi punto de vista de empresarios sospechosos… Por ejemplo Hachette es de un señor que se llama Lagardere, que es el dueño de la fábrica que hace los componentes electrónicos del Leopard, que es el tanque de guerra. Ese señor es el dueño de Hachette, que a su vez es dueña de Larousse, estamos hablando del ochenta por ciento de los diccionarios que se venden en Francia. Este señor tiene acciones en otras empresas, pero de donde gana mucho dinero es de los componentes electrónicos del Leopard, el tanque de la OTAN, que necesita muchos tanques. No solamente para sus países sino para vender a países que están en guerra entre ellos, y los venden a un bando o a otro. Ese señor, para presentarse al público, lo hace con su editorial, Hachette, con su diccionario Larousse, vende cultura. ¿Qué ha sucedido con Planeta? De Planeta se apropian, la jibarizan, Seix Barral, Tusquets, casi todos los grandes sellos editoriales de autor y de editores, que mientras vivan… Por ejemplo, mientras viva Beatriz de Moura, Tusquets estará a salvo, porque el contrato blinda que esa mujer, la creadora de ese sello, siga siendo su representante, pero una vez muerta, ¿qué hará Planeta? No lo sé, pero es algo sospechoso o directamente perverso. Ese es el drama de la edición. No me he ido de la pregunta…

MM: No, está muy bien.

miércoles, 29 de abril de 2015

Agenda semanal de actividades literarias

Todas las semanas el programa Bibliotecas para armar ofrece una serie de actividades gratuitas destinadas a promover el vínculo de las bibliotecas comunitarias con aquellas personas interesadas en formarse en temáticas relacionadas con el libro y la lectura. Además, brinda talleres especialmente pensados para niños y adolescentes






Miércoles 29

Tal para cual
Libros y obras de Ayax Barnes y Beatriz Doumerc, realizada en colaboración con la biblioteca infantil La Nube y el entusiasta aporte de Gabriel Barnes. La exposición presenta un importante número de publicaciones, ilustraciones originales, fotografías y textos, y busca incentivar a través de juegos y actividades el acceso a sus libros a nuevos lectores.
Marzo - Julio 2015
Museo del libro y de la lengua, Auditorio David Viñas, Av. Las Heras 2555


Jueves 30

El pasado como futuro
Mesa redonda. Muchas veces, a pesar de los puentes históricos y culturales que unen a España y Argentina, hablamos de sus literaturas como si provinieran de mundos muy distintos. Las literaturas de ambas orillas han recorrido caminos diversos, pero hay en ellas temáticas y aproximaciones formales que les son comunes. Esta charla entre escritores españoles y argentinos pretende dar cuenta de aquellas experiencias comunes a través de algunos de los libros más emblemáticos de la actual narrativa en español.
A las 19 hs.
Feria del Libro, Pabellón Blanco, Sala Victoria Ocampo, Predio Ferial de Palermo. Avda. Santa Fe 4201 / Avda. Sarmiento 2704 / Avda. Cerviño 4474

El restaurante de sukiyaki
Presentación de la novela de Bae Suah, reconocida como una de las voces más originales y renovadoras de la literatura coreana contemporánea.
A las 16 hs.
Biblioteca Nacional, Sala Juan L. Ortiz, Agüero 2505

La pata de un pajarito
Presentación del poemario de Cristian Riccieri, publicado por Huesos de Jibia. Participan Estela Kallay, Laura Elizalde y el autor.
Se realizará una lectura de los poemas que integran el libro, se proyectarán imágenes y el músico Tamponi tocará el acordeón.
A las 19 hs.
Biblioteca Nacional, Sala Juan L. Ortiz, Agüero 2505

Onj
Ópera prima de Bimbo Godoy. Manila no es la misma desde que su hermana hizo lo que hizo. Es hora de una "intervention" por parte de Alexia y Laila. Porque eso es lo que hacen las amigas...
Entrada: $60
A las 21 hs.
Centro Cultural Rojas, Sala Cancha, Corrientes 2038

Busto de Ricardo Rojas
La Biblioteca Nacional invita a la inauguración del busto de Ricardo Rojas, ensayista, poeta y político, quien dejara una marca significativa en la cultura y la historia argentina del siglo XX. Ricardo Rojas (1882-1957), ensayista, poeta, político, dejó una marca significativa en la cultura y la historia argentina del siglo XX.
A las 16 hs.
Museo del libro y de la lengua, Plaza del Lector Rayuela, Av. Las Heras 2555


Sábado 2

Mijaíl Iasnov: Historia y práctica de la traducción. Año de la literatura rusa
Vladímir Putin, presidente de la Federación Rusa, designó a 2015 como Año de la Literatura Rusa a celebrarse en distintas partes del mundo. En Buenos Aires escritores rusos participan en la Feria del Libro y en el CCC.
A las 10:30
Centro Cultural de la Cooperación, Sala Meyer Dubrovsky, Corrientes 1543

La verdad del ángel
Espectáculo de narración oral escénica sobre textos de Haroldo Conti con dirección y puesta de María Marta Hovhanessian y narración de Lili Meier y Viviana Vera.
La obra recorrerá a través de los exquisitos relatos de Conti, la tierra, el cielo y el río. Se atravesarán islas de cuento en cuento, en busca de la verdad del ángel, guiados hacia el rumbo de las batallas cotidianaspor la dignidad del hombre.
A las 17:30 hs.
Biblioteca Nacional, Sala Augusto Raúl Cortázar, Agüero 2505

Dios tenía algo guardado para nosotros, de Maruja Bustamante
Un día Cristal conoce a Mateo por casualidad y cree que se enamoró de él. Mateo no sabe lo que siente por ella pero le encanta estar a su lado. Cristal está perdida y enamorada, pero entre la puerta del amor y la puerta del rechazo, está Dios de por medio para guiarlos.
Entrada: $40
Importante: La boletería abre dos horas antes de la función.
Centro Cultural Rojas, Sala Cancha, Corrientes 2038


Domingo 3

Cómo leen los escritores
En Cómo leen los escritores, se indaga en el mundo de las lecturas de escritores argentinos contemporáneos: sus rituales, sus autores favoritos, los libros que están leyendo actualmente. En cada encuentro dos escritores serán coordinados por un miembro de la Biblioteca Nacional.
A las 18 hs.
Feria del Libro, Stand 602 del Pabellón Azul, Predio Ferial de Palermo, Avda. Santa Fe 4201 / Avda. Sarmiento 2704 / Avda. Cerviño 4474


Martes 5

Año de la literatura rusa
Evguenii Vodolazkin "Representaciones de la historia en la Rusia medieval". En Buenos Aires escritores rusos participan en la Feria del Libro y en el CCC.
A las 18 hs.
Centro Cultural de la Cooperación, Sala Jacobo Lacks, Corrientes 1543

Conversaciones con Héctor P. Agosti
Presentación del libro de Julio Ardiles Gray (Ediciones del CCC-Asociación Héctor P. Agosti). El libro se basa en una larga entrevista que el periodista y escritor tucumano Julio Ardiles Gray le hiciera a Héctor P. Agosti en 1975, en la que atravieza tanto momentos de la vida del pensador comunista como de sus reflexiones políticas y filosóficas.
A las 19 hs.
Centro Cultural de la Cooperación, Sala Meyer Dubrovsky, Corrientes 1543

La marca
Presentación del libro de María Lorena Natalini, publicado por Editorial Dunken.
La novela, que articula una voz narrativa directa y a la vez desafiante que busca implicar al lector desde diálogos abiertos y claros, será presentada por Víctor Ezequiel Vasallo y Julieta Giacobelli.
A las 19 hs.
Museo del libro y de la lengua, Auditorio David Viñas, Av. Las Heras 2555


Convocatorias

Antología de guiones para microteatro (México)

Género: Teatro
Premio: Edición
Abierto a:  sin restricciones
Entidad convocante: Universidad Iberoamericana León
País de la entidad convocante: México

Fecha de cierre: 30 de abril de 2015
Más información: aquí

martes, 28 de abril de 2015

Lecturas de Poe

Aunque parezca que no, los textos cambian con los lectores y las lecturas. Los textos, siempre iguales a sí mismos, son, a la vez, siempre otros. En ocasiones resulta imposible separar la mirada, aislarse del contexto, evitar hacer traslaciones del estado de ánimo a la lectura, y así hacer nuestras interpretaciones más personales. Libro de arena publica una nota de lectura sobre cuentos de Edgar Alan Poe, con una mirada personal.



*Por Lisandro Quiroga

Los textos permanecen inmutables con el paso del tiempo; pueden pasar siglos pero ese párrafo que tanto nos impactó seguirá siendo el mismo. En tal caso el que los reformula, le saca nuevas conclusiones o interpretaciones es el lector que a su vez queda siempre a merced de la influencia de su contexto que hace que un mismo libro sea, en realidad, muchos. Por lo tanto, releer ciertos textos es siempre un ejercicio recomendable y además un buen pretexto para reencontrarse con algo que en su momento nos conmovió.
Hace unas noches atrás, por ejemplo, me dieron ganas de Poe. Era una noche perfecta y quería distenderme leyendo al precursor de la literatura norteamericana y así lo hice. Disfruté mucho de “El gato negro”, sobre todo cuando el autor se sumerge en la natural injustificación de la perversidad. El personaje de esta short story se encontraba perplejo ante una necesidad, tan interna como baja, de actuar mal por el solo deseo de ejercer el mal. Así, se la agarraba con un pobre gato de nombre Plutón que nada le había hecho más que darle cariño y compañía; allí el acto perverso, cuanta más fidelidad ofrecía el felino más violencia recibía por parte de su dueño. El pasivo y sufrido animal, al cierre de este episodio, se las ingeniará para darle el golpe de gracia a este enrevesado hombre que disfrutaba con su martirio y sojuzgamiento.
Me imaginé una y otra vez la situación, me quedé en ella y luego me puse a navegar por ella ¿Cómo no relacionarla con la peculiar relación que se da en muchas ocasiones entre la multitud y el líder o la líder? Pero fue cuando abordé el segundo cuento que asocié el tema anterior de la perversidad con la política o con las formas que ha asumido lo político en la actualidad. En el clásico y magnífico cuento “La Carta Robada”, Edgar Allan Poe deja al desnudo la personalidad del político moderno, desnuda las miserias de este singular espécimen obsesionado por la conservación del poder por cualquier medio; en este caso a través de la extorsión.
Noche, Edgar Allan Poe, tópicos interesantes como perversión y conservación del poder por cualquier medio. Aquí empiezo a introducir la influencia que ejerce el contexto al momento de leer. Evidentemente, me encontraba leyendo sus cuentos con una clave política, acosado por la actualidad que nos abruma. Dudé un instante acerca de la pertinencia de realizar un abordaje de este tipo; pensé que podía ser muy forzado pero de pronto recordé que este poeta y literato había tenido un paso por la política, que había sido parte (y carne) de los incipientes partidos políticos “americanos”, paridos desde el vamos como máquinas electorales. Al leer este cuento percibí un dejo aromático; efectivamente había un aroma a política que me dio cierta seguridad para avanzar en esta interpretación. 
El tercer cuento fue el que me hizo atar cabos. En realidad, se trata de una pequeña historia que, sin lugar a dudas, aborda elípticamente a la política y a la incomprensión total de sus reglas por parte de sus contemporáneos, al fin y al cabo sus remitentes. Se trata de “Manuscrito hallado en una botella”, un desarrollo magistral acerca de lo que debería ser un derrotero por el sendero del final ¿cuáles serían las vicisitudes de un pesimista protagonista atravesando por este camino sin retorno? ¿Cómo sería ese último trayecto?, ese que uno atraviesa como ahogado por una gélida angustia capaz de provocar derroches de resignación. Si bien estoy muy lejos de reverenciar la figura de Domingo Faustino Sarmiento, debo traerlo como ejemplo cuando al final de su intervencionista vida siente que todo lo que observa es una imagen decadente de lo que alguna vez imaginó. La Argentina seguía siendo un criadero de vacas y de moscas. En la banca que ocupó en la última etapa de sus días probablemente atravesó por esas crepusculares sensaciones, estaba en la cubierta de ese mismo barco retratado por Poe cuyo destino era el final y mientras se escuchaban discursos que fondeaban en el Congreso su atención reposaba en la preparación de ese mensaje que pondría dentro de una botella ante el inminente sacudón que haría naufragar definitivamente a su país. El protagonista del cuento de Poe se encuentra en un barco en el que no se halla, ni lo hallan. Es invisible ante el resto de los tripulantes que, según él, son hombres incomprensibles. No entiende lo que hacen, ni por qué lo hacen. Hay como un engranaje superior, que pone todo a andar, que no resiste intervención alguna y que funciona por sí mismo. Si uno habla no lo escuchan, si uno hace no lo notan. El único acto racional permitido es la resignación, no obstante toda la ira contenida del personaje será canalizada en ese único momento, cuando escriba su mensaje final para colocar en una botella. Cuando la sociedad no se halla como fundamento de la política esta ruptura hace que todo el juego político no sea más que eso, una lúdica ficción. Es en ese momento cuando las sociedades transitan invisibles por la cubierta de un barco que les resulta ajeno. Pero la oscura nube se disipa cuando esta multitud invisible deja de serlo en ese momento final, cuando escribe un mensaje para poner dentro de una botella con la esperanza de que alguien escuche y así comience otra etapa.



*Lisandro Quiroga: es politólogo y disfruta, en sus ratos de ocio, de las lecturas relacionadas con su formación.

lunes, 27 de abril de 2015

Tormentas del pasado

Algunas veces es necesario escapar, y hay textos que ayudan y mucho en esa empresa. Hoy comenta para Libro de arena la novela Tormentas del pasado, de Gabriela Exilart, Laura Passera. El texto ronda sobre el espacio urbano porteño y los personajes que lo habitan y sus transformaciones, a fines del siglo XIX. Habla de la liberación, del cambio de vida, de la situación de agobio en el escenario revolucionario. Y cuenta una historia de amor a través de las tertulias, fiestas y salones.




Por Laura Passera*


Tormentas del pasado, de Gabriela Exiliart, trata de una historia de amor entre una joven humilde y de pasado turbulento con un joven acomodado de la alta sociedad porteña que participa en la Revolución del Parque de 1890. Si algo me gustó de este libro fue sobre todo la descripción de la época y los personajes. Está tan bien logrado que uno se adentra en ese universo creyendo imposible no participar del mismo cuando alguna pausa nos hace detener la lectura y alzar la vista. Es como si esperáramos vernos rodeados por las mismas cosa, por la misma época de entonces. Prudencia, una joven a quien la vida no ha tratado bien, encuentra una nueva posibilidad. Luego de haber atravesado situaciones de violencia familiar, de abuso y maltrato, luego incluso del crimen que cometió para salvar su vida, de la condena y de la prisión, alguien la salva. Alguien, una mujer de la alta sociedad decide esconderla bajo otra identidad y le brinda así un subterfugio mediante el que logra reinsertarse socialmente.
Me parece que estaría bien relacionarlo con la novela de folletín por el tema y los motivos que aparecen, como así también los personajes. Es una novela entretenida que por más que recurra a viejas fórmulas de intriga romántica y de captación de la atención del lector, no por ello deja de ser efectiva y logra atraparte. Es un buen escape para evadirse de la realidad un rato. Cuando el calor es renuente a irse, con mucha más razón. Nada como este tiempo pesado para huir al espacio, en comparación, liviano de Tormentas del pasado. Lo recomiendo con fervor.



Tormentas del pasado
Gabriela Exilart
Buenos Aires, Sudamericana, 2012












*Laura Passera: es Licenciada en Ciencias de la Comunicación de la UBA, vive en Buenos Aires, y prefiere el invierno al verano.

viernes, 24 de abril de 2015

Luis Pescetti: "Hay que tener una enorme autoridad, en el sentido de la confianza, de que lo que vas a decir merece ser dicho."

La segunda parte de la charla con Luis María Pescetti retoma la conversación acerca de otra de las actividades y pasiones del escritor: la música, las letras de las canciones, las historias que cuentan, cómo las cuenta. En la entrevista en La Nube, con Mario Méndez, también habló de la importancia del humor que contrarresta el aburrimiento, del sentido común y de la necesidad de quebrarlo, de lo lógico y lo absurdo. Además, respondió a las preguntas sobre cuáles son las estrategias de escritura a las que apela para fomentar la creatividad. Para finalizar el encuentro, y a modo de agradecimiento, el autor leyó un poema construido sobre una anécdota acerca de los miedos.


MM: De lo que no hablamos nada todavía es de la música que es otra de las facetas importantísimas de tu trabajo. ¿Vos empezaste como músico?

LP: Empecé como profesor de música, como estudiante de música, estudié armonía, composición, piano… algo de canto… Pero sobre todo volcado a la canción que es lo que más me gusta. El género canción. Incluso como oyente.

MM: ¿Y como creador?

LP: También. Vos me preguntaste al principio de la charla cómo me llevo con todo. Y eso es lo que no es fácil. A veces uno está haciendo un poema o una canción por necesidad. Pero después esa necesidad no es la misma. Se agota, o no está. ¿Cómo escribís otra canción? O ¿cómo escribís una canción después de ocho discos? ¿Qué canción? Entonces sos conocido “como” tal cosa. Te hacés conocido como el que se pelea con los chicos o les hace bromas a los chicos… Es muy fácil irse por ahí… Y es muy riesgoso irse por ahí. Yo ya tengo la edad que tengo, llevo actuando los años que llevo actuando… No podés seguir jugando al rebelde. Y menos desde un lugar de autoridad como es el del reconocimiento. Ahí hay que “tunear” todo muy delicadamente. Además, también escribo como papá. Una de las últimas canciones que hice es “Dejame acá”. Iba haciendo una de esas caminatas que uno hace, para despejarse un poco, pase frente a una escuela, (esto lo cuento en el show) y veo una señora que va corriendo atrás de un chico. Y el chico se aleja. Y me alarmó. Y entonces de pronto el chico dice: “Chau mamá, chau mamá”. Y ahí me tranquilicé, y entendí que no quería que lo vieran con la mamá frente a la escuela. La mamá lo miró y le dijo que lo miraba hasta que entrara. Y el otro la miraba como si le hubiera dicho: “Pis, caca”. (Risas). Le pegó derecho, se metió en la escuela y ni se dio vuelta a ver, y ella quedó como una madre desconsolada en la calle. Entonces la canción dice (canta): “Mamá, no es que me avergüence de ti, no es que me avergüence de ti. Sólo no quiero que vengas conmigo, déjenme a una cuadra, les pido. (Risas). Cuando la escribí, la primera versión, en el estribillo decía: “Qué nabos, qué nabos, qué nabos, los chicos que son”. Y no me sonaba orgánico. Me parecía que ponía todo el énfasis en la mirada de un adulto sancionador. “Los chicos hacen tal cosa, son unos pescados”. Porque después los necesitan a los papás. O los buscan. En esa edad, entre los diez y los dieciocho (risas), los esquivan y los buscan indistintamente. Y se me ocurrió otro estribillo. Para hacer cantar a los chicos y a los papás, y dije: “Hijo, soy tu mamá, hija soy tu papá, de la mano te llevo a la puerta y me quedo a mirar. Dame un besito”. (Risas). Con lo cual los chicos gritan: “¡AAAAHHHHH!”. A mí no me importa. Vos hacé tu papel que yo hago el mío. Y ahí quedaba parejo. No había moraleja ni moralina, están los dos en la escena sin que el narrador editorialice. Me parece que lo mejor que podemos hacer como narradores es dar un buen reflejo. Ya que uno se ve, corrige o cambia. No es lo mismo salir vestido con espejo o sin espejo. Puede parecer una imagen muy zonza. O en la terapia de pareja o cuando charlás con un amigo. Cuando lo contás, ya corregís la anécdota. En relación con los chicos, más aún. Con tanto código que tienen los chicos. Como decía Umberto Eco hace veinte años: no es que hay profusión de mensajes, lo que hay es profusión de códigos de lectura. Los chicos ahora están muy entrenados, entonces uno puede confiar en que si les presenta las dos escenas, o la escena que sea, si uno se las presenta sin trucos, noblemente, sin inclinar la balanza para un lado o para el otro, como lo estaba haciendo yo al principio, sacan las propias conclusiones. Y evitás que te rechacen por “editorialista pesado”. O por moralista.

MM: Contar la historia y no la moraleja.

LP: Claro. Vos presentás las cosas, y obviamente estás editorializando. “Los chicos hacen tal cosa y los papás hacen tal otra”. El solo presentar un tema tan cotidiano, sin exponer una línea de valores o sin inclinar la balanza con una orientación pedagógica, ya es una editorialización. En Latinoamérica, especialmente tendemos a hacer muchas declaraciones de principios (ustedes lo verán en el género de la canción). La canción anglo suele contar anécdotas muy pequeñas, intrascendentes, como Molly Malone, una vieja canción irlandesa. Hace tantas declaraciones de principios, como estrategia, no funciona. Puede ser valioso, pero no quiere decir que funcione como canción. Funciona para declamar los valores que vos tenés, para agrupar a tu tropa, para sentirte reivindicado, pero no cumple con la función principal, que no sé muy bien cuál es, pero no creo que sea declamativa. Lo voy a decir como una receta que les va a servir para toda la vida (risas), tomen nota, como dijo Fontanarrosa en el Congreso de la Lengua. Me da un poco de vergüenza hasta usar una palabra, pero tiene que ser una función catártica-comprensiva. Con perdón. Catártica, en el sentido de que esa experiencia tiene que producirte alivio, y comprensiva, porque tiene que dejarte mejor que antes de leerla o de oír la canción. Con otra luz sobre la experiencia que te tocó vivir. Tiene que producir alivio humano, que es lo que todos queremos. En las declamaciones, es como si yo dijera: “¡Bienvenido a la Argentina, somos un país de bien, tatatata!”, mientras te estoy recibiendo en el puerto. (Risas). Eso no te alivia la experiencia. No te hace sentir incluido, comprendido. Siempre cuento anécdotas de un maestro de San Martín de los Andes que admiro mucho, que se llama Marcos Dellepiane. Lo presentan en un segundo grado, y la directora, muy piola, dijo: “Marcos es maestro, sabe muchos juegos, es muy divertido… lo único, chicos, es que tiene fea letra”. Los chicos hicieron: “¡Guau!”. Imaginate que vos sos un inmigrante y cuando llegás al país te dicen: “Te presento a tu tutor para los próximos meses de asimilación al país. Lo único, no le hagas caso con las recomendaciones de salidas porque va a unos antros impresionantes”. (Risas). Te lo hace más creíble al tipo. Te lo acerca. Y más querible. Entonces empieza la clase, y antes de  empezar a escribir en el pizarrón, se da vuelta y les dice: “Chicos, en serio tengo fea letra”. Y se acerca una petisa y le dice: “Marcos, no te preocupes. Mirá nosotros…”. (Risas). Ya está. ¿Qué costaba? La forma más alta de la autoridad. Esta anécdota, para mí, es la canción cuando no es declamativa. La otra, se apoya en el ideal, en la reivindicación de nuestros derechos. Más allá de que sean valores con los que podamos estar completamente de acuerdo, creo que fracasa su objetivo. Hay otras formas más eficaces para la declamación. Y otras más eficaces para la canción… ¡¡¡¡¡¡¡Faaaaaaaa!!!!!! (Risas). Alpargata de domingo que le dicen. Andá a opinar distinto… (Risas).

MM: Y en la canción infantil argentina, ¿tenés algún maestro? ¿Notás influencias de alguien?

LP: Yo me nutrí mucho de la canción para adultos. Y entonces, cuando empecé a componer admiraba, estudiaba y traducía a Georges Brassens. Estudié como cuatro biografías de él. Usé como cuatro versiones diferentes de las adaptaciones de sus canciones al español, y además estudiaba francés. Conociendo su biografía, lo que él pensaba de Dios, entonces, cuando él lo nombraba, le daba mi propia voltereta. Esa y las canciones tradicionales. Yo cantaba en un coro de canciones alpinas piamontesas y esas eran muy fuentes. Obviamente, todo el cancionero que había para la escuela. Cuando empezás a trabajar, tenés que estar cincuenta minutos frente a un grupo y eso es una eternidad. Y si son chiquititos, que no podés decirles que saquen una hoja es peor. (Risas). Entonces yo les daba actividades y actividades, canciones y canciones. Esas eran mis principales fuentes de inspiración y de admiración.

MM: Anotar que hay que buscar y leer a Brassens.

LP: Sí. Que es un moralista invertido, en el sentido de que sus canciones son acerca de personajes que no parecen ideales, que son todo lo contrario de lo ideal. Pero él se inspira en la canción tradicional francesa. Hace moral en el sentido más alto de la palabra, con el personaje más pobre o con el personaje al que peor le va, el más humilde. Tiene una que se llama “El flautista”. (Canta en francés). Cuenta que va a tocar música al castillo. Y que por la gracia de sus canciones el rey le ofrece un blasón, un título honorario. Y él le dice que no puede aceptarlo, porque en su clave, y en la llave de su flauta, se le va a hinchar el LA. Y va a empezar a sonar mal. “Y en la pequeña zona de la que yo vengo van a decir: el flautista nos traicionó”. Y en cada verso le da una razón. Pero es un flautista. Un músico ambulante que va al castillo. Y es él, el menor de la ecuación, ante el rey, el que da la lección moral. Yo quiero mantener mi independencia frente al poder, no acepto tus dones, no acepto tu gracia. Imaginate si llegás a traducirle eso al Ministerio de Cultura de cada país. “No acepto tu beca. Me comprometería”. (Risas). “No acepto tu pasaje, porque me comprometería”. Es eso. Y estás dando una lección moral con el más débil de la ecuación.

MM: De Moc y Poc no hablamos casi nada. Estos dos señores…

LP: Ellos agradecen… ¿Cuando hacemos un alto? Me da mucho pudor aburrirlos.

MM: No, no. Para nada.

LP: Una de las razones por las que me hice comediante es por mi pudor a aburrir. Cada tanto meto un chiste porque quiero saber si están despiertos. (Risas).

MM: Yo creo que están despiertos. (Risas). De Historias de los señores Moc y Poc también hablamos el lunes pasado. Leímos un par y nos reímos mucho. ¿De dónde salen estos dos?

LP: Son de la misma época en la que estudiaba Filosofía para niños, por un lado, y por el otro, porque quería llegar al absurdo, y no soy de una tierra pródiga en realismo mágico. Como Pablo bien conoce, soy de una zona de inmigrantes italianos de la provincia de Santa Fe. Del Piamonte, lombardos, a mí me cuesta imaginar orgánicamente algo que lleve al realismo mágico. Y me pesa. Soy crítico con eso. Y encontré el camino de llegar al absurdo, a fuerza de ser insistentemente lógico. Hay un momento en el que si el sentido común sigue derecho, derecho, derecho, es un absurdo. Es una demostración por el absurdo, del absurdo de la lógica del sentido común.



MM: ¿Y con los chicos cómo te va, cuando vas  a entrevistas y eso?

LP: En los últimos años ya no voy tanto a entrevistas. En parte, porque me volví más canuto y disfruto mucho de estar en mi casa escribiendo o tonteando con la compu. Y en parte porque algunas veces las entrevistas en escuelas se convertían en un show. O no sé si un show, pero en una cosa demasiado grande, y perdía la relación uno a uno. En un grado o dos vos podés conversar. Cuando se suman tres o cuatro se convierte en algo muy grande. Ya dos grados es bastante. Y la relación con los chicos me nutría mucho.

MM: A los chicos les gusta mucho. Lo he trabajado y lo he leído en la escuela con amigos.

Asistente: ¿Y lo entienden?

MM: Sí, lo entienden y se ríen. Porque a veces el humor de los chicos no es tan simple. ¿Y en qué proyectos estás?

LP: Ahora me quedé un poco como el Pato Donald cuando se le termina la montaña. Esta suele ser una época del año en la que me quedo así. No es lo que más disfruto, pero no tengo un proyecto en mente. En todo caso, el proyecto más redondo que tengo es el taller digital que hago en mi blog, en el que voy escribiendo ejercicios. Pero no es un proyecto de escritura de ficción o de poesía. Mientras tanto, voy escribiendo poemas, leo, invento alguna canción, pero todo así medio “desflecadamente”. Vengo de un show en México, en la Feria del Libro Infantil del DF, y me voy a la Feria del Libro Infantil de Guadalajara, voy a tocar con la banda ahí. Después tengo un recital con el Negro Aguirre en Paraná, de música y poesías. A mí me cuesta estar sin escribir, pero a veces no tengo de qué escribir, la verdad es esa. Cuando terminé uno de los Natacha, yo estudiaba literatura con una profesora cubana que vivía en México. Siete años estudié con Nara Araujo. Y cuando terminé el libro le pregunté qué hacía y me dijo: “Niño, leer”. Para los piamonteses la actividad no productiva no es fácil. (Risas).

MM: Diría Istvan, que también es de tu pueblo, que te sale la piamontesada.

LP: Exactamente.

Asistente: ¿Por qué El pulpo está crudo?

LP: Fue mi primer libro publicado, junto con Naranjas y marcianos. En esa época estaba Graciela Montes en Del Quirquincho, y Canela en Sudamericana. Con una alta confianza en mí mismo mandé los mismos textos a las dos. (Risas). Por suerte se conocían y se repartían. Pero me olvidé de ponerle el título, y en el mismo momento me fui a Cuba. Estaba comprando el pasaje y me confirmaron que salía el libro, año ’89. Y viajé a Cuba, en esa época, por el Plan Nacional de Lectura, Adela Basch me hizo el favor de ir a ponerle agua a las plantas de mi casa. En un momento la llamé para ver si estaba todo bien, y me dijo que Graciela le había dicho que me había olvidado de ponerle el título al libro. Y en esa época en Cuba yo estaba contando un chiste que era muy popular, que había gustado mucho que era el de: “Mozo, mozo, el pulpo está crudo”. (Risas: el chiste es gestual: se agarra la cara con los cinco dedos de una mano, como si el pulpo se hubiera escapado del plato y se le hubiera prendido en la cara). Y le dije que le pusiera El pulpo está crudo. Se lo dije por teléfono. Yo era maestro de escuela en ese momento, y las comunicaciones telefónicas con Cuba eran carísimas. Y entonces Graciela Montes en la primera edición puso que los lectores con ese libro iban a poder enterarse de muchas cosas, pero no de por qué se llamaba así. (Risas). (Le alcanzan la primera edición y lee) “El pulpo está crudo, vertiginoso, divertido y absurdo. De lo que no podrá enterarse jamás es de por qué el autor le puso el título que le puso. Ese es su gran secreto”. Lo ilustró Sergio Kern, que ahora está en Barcelona, por la edición del libro de las cartas de Cortázar.



Asistente: ¿Qué te gusta leer?

LP: Sobre todo novela, la novela psicológica es la que más me gusta. No policiales. Y ya. No sé qué más decir de lo que me gusta leer… El primer Saramago, que son cuatro o cinco novelas antes de la de los ciegos, Ensayo sobre la ceguera. Kundera… John Berger, en algunas novelas… David Lodge, que es un novelista inglés de una intuición psicológica muy grande, pero de un humor finísimo y delicadísimo. No creo ser un gran lector, honestamente. No soy erudito como lector. Estoy muy lejos. Sí creo ser un gran conocedor de las mecánicas de la creación. Mi papá era mecánico. Soy un buen conocedor de la mecánica del acto creativo. Por tendencia introspectiva y por muchas razones aprendí mucho de eso. Y para compensar lo otro y no caer en la falsa modestia, creo que puedo dar buenísimas clases sobre la dinámica de un espectáculo. Pero estoy lejos de ser un erudito.

Asistente: ¿Por qué te gusta hablarles a los maestros?

LP: A los maestros y a los papás… qué sé yo, trabajás para chicos, a veces escribís cosas de contenido adulto, no lo sé muy bien, pero te puedo dar una buena razón, y es porque los siento muy compañeros, muy laderos. Sobre todo a los maestros de escuela pública. Los maestros en la Argentina son gente de mucha vocación. Hay salames, como en todo, pero, ¿me vas a decir que no hay salames en la abogacía o en la medicina? No se puede medir a un gremio por la peor parte. Y cuando salen buenos, son buenos. Entonces, para mí es un interlocutor muy compañero.

Asistente: ¿Podés hablar del acto creativo? Lo que desees…

LP: A ver, ¿quisieras orientarme un poquito? (Risas). Siempre que me invitan a hablar, salvo en este caso, me pregunto cuál fue la intuición de la invitación, porque eso te orienta mucho en relación con la razón por la que te invitan. Hace un tiempo me invitaron a hablar para profesores, y a poco de charlar me dijeron que hacía un tiempo había muerto uno de los chicos de la escuela, y que estaban tratando de hacer actividades que hablaran de la vida y de lo vital. Y yo les dije que si ese era el móvil, siempre iba a haber algo que iba a terminar apareciendo más explícita o fantasmalmente de ese tema. Perdón por dar este ejemplo que es de un dramatismo que excede a nuestro encuentro, pero de alguna manera, en una invitación hay un conocimiento que es la expectativa de una respuesta. Entonces, sin exponerme en lo más mínimo, ¿hay alguna intuición en tu pregunta?



Asistente: Creo que el acto creativo es misterioso. Entonces, cuando te definís como un gran conocedor del acto creativo, me interesa.

LP: Él no quiere que yo me ande haciendo el que le revuelve el misterio. Quiere seguir creyendo en el misterio, porque hubo un dejo afectuoso…

Asistente: No, perdón… Me llama la atención que alguien sea tan conocedor del misterio del acto creativo.

LP: De los mecanismos de la creación. Me dijiste que hablara de lo que yo quiera. Denme un segundo, voy a tratar de responder… el acto creativo es un acto de una gigantesca confianza.  Hay que tener una enorme autoridad, en el sentido de tranquilidad y solvente confianza, de que lo que vas a decir (y acá ya estoy desarrollando y se pierde todo) es necesario, es  bien escuchado, merece ser dicho y desarrollado. Eso, hacia afuera. Y hacia adentro, tomá un pensamiento o un sentimiento tuyo que no esté hecho para deslumbrar a nadie, porque cuando uno quiere deslumbrar de alguna manera se desnaturaliza un poquito, porque hace un triple salto mortal con lo que te imaginás que al otro lo va a deslumbrar… Y andá a saber qué es lo que va a deslumbrar al otro. Y a la vez, cuando uno busca deslumbrar, y este es el caso de los hijos, que pescan que estás queriendo deslumbrarlos y tu palabra pierde autoridad. Entonces, tomás cualquier pensamiento, o sentimiento o idea que no esté dirigida a deslumbrar a alguien, y le decís: “Adelante, pase”.

Asistente: Muchas gracias.

MM: Eso de la enorme confianza ya es el título de la entrevista. Es muy bueno.

LP: Es que te va ganando, porque ¿desde dónde me paro yo en un escenario y digo lo que hay que decir o me pongo a jugar? Esa autoridad yo la cuido mucho, porque soy muy frágil. Tengo una lista muy larga de situaciones en las que no actúo. No actúo ante niños solamente, no actúo ante instituciones privadas, no actúo en shows privados, de empresas, familias o shows personales, ni hablar. Hay un montón de situaciones en las cuales no actúo, porque me sentiría disminuido en mi confianza o mi autoridad.

MM: También hay una cosa de confianza en el que va a leerte.

LP: Ahí me mataste, porque confiar en el que te va a leer… a esta altura yo confío más en mis recursos que en el lector imaginario. Y me das un buen motivo de escritura con esto que acabás de agregar. Eso de imaginar un lector no está mal.

MM: ¿Alguna pregunta más?

Asistente: Los chicos que hacen “Tiempo Libre”, ¿se te acercan para pedirte canciones o cosas así?

LP: No tengo un espacio que permita recibirlos. Las ofrezco vía Internet.

MM: El lunes lo dije para los que estábamos, pero hoy hay muchísimos más. La página de Luis es de una enorme generosidad. Hay canciones, textos, cuentos…

Asistente: Algo que no es habitual, y que se aprovecha mucho con los chicos en el trabajo. Algo para agradecerte personalmente.

LP: Gracias.

MM: ¿Alguna pregunta más?

Asistente: Una inquietud. ¿Cómo podríamos nosotros estimular la creatividad en el niño?

LP: Esa es la pregunta que yo hubiera dado automáticamente a la pregunta de tu compañero. Una vez yo estaba dando una charla como ésta pero en el norte, y quien me presentó, muy bien intencionadamente dijo: “Yo les digo que sean creativos”. Y yo miraba a todos esos estudiantes del magisterio, y pensé. “Los mató con esto”. (Risas). Es como si te agarrara tu marido y te dijera: “Yo te digo que seas atractiva”. (Risas). ¿Qué me estás diciendo con eso? O la mujer al marido: Yo te digo que seas atractivo”. Y yo te digo que te vayas a la… (Carcajadas). Ahí pensé rápido y le dije que pensaba que la creación poco tenía que ver con la imaginación, y que tenía más que ver con el oído. Y que se me ocurrían dos ejercicios para decirles a sus alumnos, para hacer todos los días, y el día que no tienen ganas, no. El primero, anotar algo que les hubiera llamado la atención del día anterior. Y el segundo, si tuvieran la capacidad de que se cumpliera un deseo mágico, cuál pedirían. ¿Por qué todos los días? Porque si tenés un deseo mágico, y ciento ochenta días de calendario escolar, al cuarto día pedís que te regalen un caramelo, total… ¿Y por qué razón esos dos? Porque si es algo que te llamó la atención en el día de ayer, tenés que guiar a todos los chicos para que eso que te llamó la atención no esté sujeto a miedo a burlas, a deslumbrar a los otros chicos… Y cuando sacás toda la influencia de tus lectores sobre lo que vas a contar, lo que te llamó la atención, es algo que no sabés por qué te llamó la atención. Eso. ¿Y qué voy a hacer con esa pavada? Eso. El primer entrenamiento es estar atento a lo que cautivó tu atención. Finalmente, una obra después no es más que un gran desarrollo, mayor o menor, de algo que te llamó la atención. Eso por una parte. Y por otra, porque al pedir un deseo mágico, si trabajás en zona de alto poder adquisitivo va a tener un efecto, y si trabajás en zonas carenciadas va a tener otro. No es lo mismo en un yacht que en zonas suburbanas, donde van a tener que vencer el miedo a verse expuestos ingenuamente. No van a querer ser ingenuos ante los ojos de los demás. Vos tenés que guiar que ninguno se burle. Y por otra parte van a  tener que avanzar en un territorio en el cual uno es muy frágil, y se expone mucho, que es el de expresar sus deseos. Aun cuando los expresás mágicamente, quizá sea una trampa, pero los estás expresando. ¿Cuánto avanza uno si se pregunta que querría si pudiera conseguirlo mágicamente? No das dos pasos sin pisar el palo. El chico te abre el corazón y chau. No te podés esquivar tres días de clase. Y a la cuarta clase, o mentís o decís la verdad. Y si decís la verdad (y no estás obligado) te deja muy expuesto. En los dos casos de los que hablamos, el de la hiper-estimulación y el de zonas carenciadas, hay que defenderse del horizonte de expectativas. Te liberás de tu horizonte de expectativas. Por lo que sea. Por pares, por lo que se esperaba de vos, por lo que se espera por tus condiciones, por lo que se espera de tus recursos… Una vez fui a una escuela rural en Córdoba, hice algunas preguntas, les pregunté qué querían ser,  y uno de los chicos, que se levantaba con los padres todos los días a las cuatro de la mañana para ayudarlos a cosechar, me mira y me dice: Astronauta. Me lo dijo con una sonrisa irónica, como diciendo: “A ver ¿qué me respondés?”, pero a la vez, en la mirada, miraba en serio. Capaz que era cierto lo que me estaba confesando. Entonces, no escuché nada. Este silencio es porque ya me entendieron. Cuando alguien te da crédito para un deseo mágico… Deseo mágico: una hora de charla con mi mamá. No hizo falta ser muy creativo. ¿Verdad? Pero sentí en ustedes la confianza de poder decirlo.

Asistente: ¿Por qué tu último libro se llama Unidos contra Drácula?

LP: Al igual que Carta al Rey de la Cabina y Nadie te creería, son libros muy líricos, y el título es porque un amigo, Miguel, me contó en una charla en casa, que cuando él tenía diez años le tenía mucho miedo a Drácula. Pánico. Un miedo que no lo dejaba dormir en las noches… Ese sería otro recurso de escritura y de creación. Tomá cualquier emoción, y quitale todos los recursos de la vida adulta para “torearla”. “A ver si me aceptan este trabajo en la oficina”. Quitale todos los recursos que te harían sentir seguro, confiado, y escribilo así. O exagerado de recursos infantiles de confianza en tu habilidad y poderes. Y ahí tenés el texto. “Si este no me lo acepta yo consigo hablar con el dueño de la empresa”… Y entonces mi amigo me contó de ese miedo que no lo dejaba dormir. Pero, si él invitaba a su hermanito, de cinco años, a que se cruzara a su cama podía dormir tranquilo. Y él dice que sabía que su hermano no podía salvarlo de Drácula. Pero estaba acompañado y así no tenía miedo.



MM: ¿Nos vas a leer algo?

LP: Leo esto y con esto les agradezco. Esta es la anécdota que él me contó, y este es el poema:

A los diez años le tenía miedo a Drácula,
y a un montón de cosas más,
pero mucho: a Drácula.
De noche, en la oscuridad y el silencio del cuarto,
no pegaba un ojo
si no pasaba a mi hermanito
de cinco años a mi cama.
Así dormía plácidamente.
Él jamás hubiera podido defenderme
de Drácula; pero
era el miedo a que venga el miedo.
Y contra el miedo
que desata el miedo que el miedo me da,
lo mejor es no estar solo.
Entonces y siempre,
entonces y siempre.
Entonces
y siempre.

MM: Muy bueno, Luis, muchísimas gracias.


LP: Gracias a ustedes.