viernes, 29 de mayo de 2015

Literatura para niños: diálogos a puertas abiertas

La literatura para niños y jóvenes no deja de crecer. Libro de arena publica una reseña de Entrelíneas realizada por María Luján Picabea para la Revista Ñ de ClarínEl libro reúne una serie de entrevistas realizadas a autores de Literatura Infantil y Juvenil que fueron llevadas a cabo como parte de un Ciclo de Encuentros con escritores de literatura infantil y juvenil, conducido por Mario Méndez, que forma parte de las actividades del Programa Bibliotecas para armar.


Por María Luján Picabea

“Uno de los campos de la cultura que mayor crecimiento y profesionalización experimentó en estas últimas décadas de la democracia argentina fue el de la literatura infantil y juvenil”. La sentencia, de Mateo Niro abre el prólogo de Entrelíneas (Amauta /Cabiria) en el que se compilan 20 conversaciones con autores de literatura infantil y juvenil de la Argentina y resulta un verdadero paseo por los libros que han velado por los sueños de muchas infancias.
La clave de las entrevistas, a cargo del también escritor y autor de muchos títulos de literatura para niños Mario Méndez, es que todas han sido abiertas. Cada una de ellas tuvo lugar en el marco del programa de promoción de la lectura Bibliotecas para armar, del Ministerio de Cultura porteño, del que participaron docentes, bibliotecarios y padres que, con la guía de Méndez, discutieron las obras de cada escritor previa a la vista del mismo, lo que favorece el dinamismo de las charlas.
En una de ellas Márgara Averbach, autora de Jirafa azul, rinoceronte verde y Las cosas, el gato y yo , entre otras, dispara uno de los secretos a voces del despegue comercial de los libros para chicos: “Vos convencés a un maestro y él te vende el libro. Al adulto lo tenés que convencer uno por uno. A menos que sea un desgraciado estudiante de Letras (risas)”. Así las cosas.
Todos dicen lo suyo y cada entrevista es distinta porque permite al lector colarse en los escritorios de Jorge Accame, Adela Basch, Paula Bombara, Liliana Cinetto, Pablo de Santis, Angeles Durini, Andrea Ferrari, Eduardo Abel Giménez, Didi Grau, Lucía Laragione, Ricardo Mariño, Silvia Schujer, Sergio Olguín, Graciela Repún, Antonia Santa Ana, Fernando Sorrentino, Verónica Sukaczer, Franco Vaccarini, Esteban Valentino, Carlos Schlaen y Averbach; mirar con ellos a través de las gafas de cristal de la imaginación y andar hacia atrás, para recuperar las primeras lecturas, las voces que les legaron los primeros cuentos.
“Empecé a escribir cuando tenía 8 años, enamorándome de un compañero de colegio. Los años siguientes me enamoraba de otros distintos cada vez y así seguía escribiendo poemas de amor”, cuenta Adela Basch, autora, dramaturga, poeta y editora, creadora del sello Abran cancha que –dice– “es un homenaje al primer libro que escribí. Y también es un mensaje”.
“No recuerdo la llegada de los libros porque estuvieron siempre. La música y la literatura siempre estuvieron en mi casa y los libros para mí fueron como un gran refugio, yo ahí podía volar, ahí adentro era todo magnífico”, evoca Paula Bombara, autora de El mar y la serpiente.
Pablo de Santis, que participó del guión de la súper producción que llevó El inventor de juegos al cine, cuenta que piensa a través de imágenes: “En general voy trabajando un poco como cuando uno hace garabatos en un papel mientras habla por teléfono. La cosa es dar vuelta alrededor de algo a ver qué puede salir, pensando en las posibilidades narrativas de una idea”.
Sergio Olguín repasa el argumento de su exitosa novela El equipo de los sueños , que transcurre en la villa, y bromea: “Fiorito lo conocí, en ese momento, más bien por fuera, del mismo modo que el personaje de la novela. Yo nunca me animé a hablarle a la chica rubia esa que entraba a la villa, o sea que ahí empieza la parte literaria. Eso es mentira. Por eso me dediqué a la literatura, porque nunca le hablé. Si le hubiera hablado nunca me hubiera dedicado a escribir”.
Pasajes como esos y muchos otros bien valen el libro que, además, es una reflexión colectiva sobre aquello a lo que llamamos literatura infantil.

Entrelíneas
20 conversaciones con autores de literatura infantil y juvenil de la Argentina
coord. Mario Méndez
Buenos Aires, Cabiria y Amauta Ediciones, 2015















Texto publicado: aquí

jueves, 28 de mayo de 2015

Entrevista a Isol


Misteriosa Buenos Aires en el Bellas Artes

Los asistentes a la Biblioteca "Misteriosa Buenos Aires" del Hogar San Martín visitarán el Museo Nacional de Bellas Artes en el marco del taller "Bellas Letras" organizado por Programa Bibliotecas para Armar este viernes 29 de mayo a las 14:30 hs. Durante el mismo fue trabajada la relación entre la literatura y la historia del arte, analizado obras como La Cautiva de Esteban Echeverría o La vuelta del malón de Ángel Della Valle. Como broche de oro, se recorrerá la colección permanente del Museo, para que los residentes del Hogar puedan contemplar personalmente las obras. 







Ni una menos


INAUGURACIÓN DE LA BIBLIOTECA "JUAN BADIÁN"


Al Sudeste, Conti

La vida vista como un viaje, como una travesía, que al igual que el curso de un río tiene un nacimiento y un fin, es la escena que plantea y donde nos sitúa la novela Sudeste. En la semana del 90 aniversario del nacimiento del escritor argentino Haroldo Conti, Libro de arena presenta una nota en su memoria, en la que río y muerte se unen como trasfondo de la historia.



Por María Pía Chiesino


Lo primero que habría que decir cuando hablamos de Sudeste, de Conti, es que esta novela  no se lee: se navega.
Los lectores vamos acompañando al Boga en su devenir por el río, que comienza con la muerte del viejo y cierra con su propia muerte.
Como toda gran novela, Sudeste tiene una genealogía. Podemos inscribirla en la línea de clásicos como Moby DickEl viejo y el mar. Pero en estas novelas, los personajes a quienes acompañamos en la travesía, tienen claro el objetivo de su viaje. Ahab, persigue venganza. Santiago quiere defender su enorme pez del asedio de los tiburones y llegar con él a la costa.
En el caso del Boga, de Conti, los objetivos del viaje son móviles y difusos.
Podríamos pensar, que la muerte del viejo con el que trabajaba es, de alguna manera, lo que empuja al Boga a recorrer el Delta. El personaje no nos dice por qué viaja. Hay pequeños, fugaces indicios: busca pescar un dorado para comer, busca cardúmenes de pejerreyes para intentar vivir de la venta de pescado…
En realidad, el río es el gran personaje que conduce al Boga por los distintos sitios que va visitando. La idea que nos acompaña en esta navegación, es que las expectativas acerca del destino del viaje hay que depositarlas en el río, no en el hombre. El río ayuda u obstaculiza. Lleva y trae: cosas, botes, peces, personas, situaciones.
Ese río conduce al Boga hasta el barco abandonado que intentará restaurar. Hay, en este momento, un atisbo de voluntad en el personaje: quiere que ese barco le pertenezca. Para eso intenta repararlo. Y mientras está en eso (acompañado por un perro y un hombrecito, traídos misteriosamente por el río), entra en escena la violencia, que va a marcar todo el trayecto  de ahí en más. Desde el momento en el que aparece “el hombre”, las cosas cambian de signo, porque el nuevo personaje impone su voluntad. El Boga va a seguir yendo y viniendo por el mismo rio. Pero si antes lo hacía con objetivos difusos pero propios, va a pasar a navegar con objetivos claros, pero ajenos. Ese hombre es  un intruso que viene de la costa (asociada a la desconfianza y a lo desconocido). Y de la mano de esa intrusión, ingresa el delito, un terreno en el que el Boga acompaña pero no decide. No puede ni siquiera tomar la decisión de “abrirse”.
“El hombre” va a ser quien lleve la voz cantante en esa parte de la travesía, en la que al devenir por el río, va a ir asociándose con una espiral de violencia, que conducirá a todos los personajes a un único destino cierto: la muerte.
Con tres balazos en el cuerpo, agonizante, los lectores acompañamos al Boga en ese último recorrido que lo lleva nuevamente a ese barco encallado, que tiene el sugestivo nombre de “Aleluya”. En este momento el Boga está tomando una decisión: no quiere morir en una zanja de barro.
En este último viaje, el río también lo acompaña. Conduce su bote, lentamente hacia el sitio en el que el Boga quiere terminar sus días. Gracias a ese río imprevisible, llega al barco, y se sube con un último y sobrehumano esfuerzo, mientras la vida se le va escapando.
Y el Boga se va despidiendo del rio y del paisaje, de la misma manera en la que lo hacen otros habitantes, como el pejerrey o el dorado a los que persiguió en otros momentos  más felices de ese viaje que fue su vida: con la boca y los ojos, “desmesuradamente abiertos” hacia la noche.





Sudeste
Haroldo Conti
Buenos Aires, Emece, 1962

miércoles, 27 de mayo de 2015

Leyendo espero, te cortaré las puntas

Te cortaré las puntas, la multifacética peluquería ubicada en el barrio de Mataderos, ya cuenta con el dispositivo móvil y sus libros. A partir de ahora, podrán comenzar a disfrutar del placer de la lectura en los ratos de espera.




























Te cortaré las puntas
Emilio Castro 5400
Mataderos
Comuna 9

Agenda semanal de actividades literarias

Todas las semanas el programa Bibliotecas para armar ofrece una serie de actividades gratuitas destinadas a promover el vínculo de las bibliotecas comunitarias con aquellas personas interesadas en formarse en temáticas relacionadas con el libro y la lectura. Además, brinda talleres especialmente pensados para niños y adolescentes



Miércoles 27

El mal transparente
Presentación de la novela de Leonor Curti, publicada por Expreso Nova Ediciones. Presentan María Maratea, Gabriela Luzzi, Gisela Gaffoglio, Jorge Hardmeier y Verónica Dragui junto a la autora.
A las 19 hs.
Museo del libro y de la lengua, Auditorio David Viñas, Av. Las Heras 2555

La heráldica de los libros
Colección de ex libris de la Biblioteca Nacional
Ex libris (“de los libros de…”) es una expresión latina que designa un impreso de pequeñas dimensiones que, adherido a los libros, identifica a su propietario. Ilustrado con elementos figurativos, alegóricos o decorativos, a veces acompañado de leyendas, expresa ciertas características de la personalidad del lector o de la colección que rubrica.
Del 24 de abril al 28 de mayo
Biblioteca Nacional, Sala Leopoldo Marechal, Agüero 2505

Libros para revolucionarios
Muestra conjunta del Museo Histórico Nacional del Cabildo y la Revolución de Mayo y la Biblioteca Nacional en donde se exhiben libros y periódicos que leyeron los dirigentes de Mayo. Se exhiben la traducción manuscrita realizada por Mariano Moreno de la Constitución Federativa de EEUU de 1787; La Representación de los hacendados, de Mariano Moreno (1810); la Gazeta de Buenos Ayres de 1810, entre otros.
Del 20 de mayo al 17 de agosto
Sala del Tesoro de la Biblioteca | Sala Hardoy (Patio del Cabildo), Bolívar 65


Jueves 28

Teatro español de Azul. Testimonio de identidad, cultura y desarrollo comunitario
Presentación del libro se Carlos W. Filippetti, con la participación del autor, Grissy Santomauro, Osqui Guzmán, Rubens Correa y Jorge Dubatti.
Organiza: Área de Investigaciones en Ciencias del Arte.
A las 19 hs.
Centro Cultural de la Cooperación, Sala Nelsón Giribladi, Corrientes 1543

Borges Palace. Sobre la tragedia del hombre político
Hay películas, decía Serge Daney, que miraron nuestras vidas. O en las que nos vimos existir. No podría pensarse el siglo XX y sus entusiasmos políticos o las tragedias históricas sin la filmografía en la que fueron siendo narrados.
Proyección de El jefe (Argentina, 1958) Fernando Ayala. Basada en un cuento de David Viñas.
A las 21:15 hs.
Biblioteca Nacional, Auditorio Jorge Luis Borges, Agüero 2505

Onj
Ópera prima de Bimbo Godoy. Manila no es la misma desde que su hermana hizo lo que hizo. Es hora de una "intervention" por parte de Alexia y Laila. Porque eso es lo que hacen las amigas...
Entrada: $60
A las 21 hs.
Centro Cultural Rojas, Sala Cancha, Corrientes 2038


Viernes 29

Viejo, solo y puto
La Biblioteca Nacional presenta la obra de teatro dirigida por Sergio Boris, luego de su participación en los festivales Théâtre La Commune (París, Francia - 2015), De Keuze Festival (Rotterdam, Holanda - 2014), Kunstenfestivaldesarts (Bruselas, Bélgica - 2014), entre otros. La obra se instala en el cruce entre dos hermanos que atienden una farmacia, un visitador médico y dos travestis
A las 21 hs.
Biblioteca Nacional, Sala Juan L. Ortiz, Agüero 2505

El estado natural
Ópera prima de Paula Salomón. Un espacio cerrado. Objetos diseminados. Una toalla con la imagen de un tigre. Una carpa. Un retiro existencial. Tres personajes se preguntan sobre el tiempo presente, abordan el lenguaje y contemplan la naturaleza, como si fuera la primera vez que se acercan a estos conceptos.
Entrada: $60
A las 21 hs.
Centro Cultural Rojas, Sala Cancha, Corrientes 2038


Sábado 30

Lectores galegos en Bos Aires
Ciclo de literatura gallega coordinado por Andrea Cobas Carral y Débora Campos Váquez. Para su noveno año, el ciclo propone un programa titulado Literatura gallega en diálogo, que invita a recorrer un conjunto de obras clásicas que explícitamente establecen lazos de intertextualidad con diversas tradiciones y textos de otras literaturas nacionales. La segunda de esas piezas clásicas será Hamlet (1603), de William Shakespeare que cruzaremos con la pieza teatral gallega de Alvaro Cunqueiro O incerto señor Don Hamlet, príncipe de Dinamarca (1958). Conferencia de Carolina Fernández
A las 15 hs.
Centro Cultural de España en Bs.As., Florida 943

Primera entrega del Ciclo "Proxémico" de Lectura con Micrófono Abierto
Invitados: Lila Siegrist y Leandro Ávalos Blacha.
Centro Cultural Teresa Israel, Acuña de Figueroa 797 (y Humahuaca)

A las 20 hs.

Disparo de aire, por Eugenia Pérez Tomas
¨La poesía es amor que encontró su ritmo¨ J.L. Ortiz. Disparo de aire es la versión teatral de un bolero. Se condensa el adentro y afuera de la casa. Una madre, dos hermanos, un marido; los roles están delineados y sus individualidades superan o desbordan. Los cuatro personajes se reúnen afuera de la ciudad, bajo condiciones insólitas de la niebla y la paranoia.
Entrada: $60
A las 22 hs.
Centro Cultural Rojas, Sala Cancha, Corrientes 2038

Dios tenía algo guardado para nosotros, de Maruja Bustamante
Un día Cristal conoce a Mateo por casualidad y cree que se enamoró de él. Mateo no sabe lo que siente por ella pero le encanta estar a su lado. Cristal está perdida y enamorada, pero entre la puerta del amor y la puerta del rechazo, está Dios de por medio para guiarlos.
Entrada: $40
Importante: La boletería abre dos horas antes de la función.
Centro Cultural Rojas, Sala Cancha, Corrientes 2038


Martes 2

Club del Súper 8 y cortometrajes
Dentro del ciclo de cine independiente y de autor, en su décima temporada, se proyecta una selección de cortos de los artistas: Melisa Aller, Marto Álvarez, Ernesto Baca, Emiliano Cativa, Macarena Cordiviola, Santiago Doljanin, Julio Fermepin, Luciana Foglio, Luján Montes, Paulo Pécora, Juan Tancredi, Jeff Zorrilla y Pietro Bulgarelli.
A las 19 hs.
Museo del libro y de la lengua, Auditorio David Viñas, Av. Las Heras 2555

 Seis ciudades, seis autores La ciudad en la pluma
Un recorrido por la vida cotidiana y las preocupaciones de las primeras décadas del siglo XX: inmigraciones, mixturas, crecimiento urbano, desarrollo de los transportes, construcción
de identidades, estéticas nacionales, la lengua. Leopoldo Lugones, Buenos Aires, Felisberto Hernández, Montevideo, Oswald de Andrade, San Pablo, José Vasconcelos, México, José Carlos Mariátegui, Lima, Fernando Pessoa, Lisboa
Mayo - Junio 2015
Biblioteca Nacional, Sala Leopoldo Lugones, Agüero 2505


Convocatorias

I Concurso de cuentos “Floreal Gorini” 2015 (Argentina)

Género: Relato
Premio: $ 25.000 pesos
Abierto a: mayor de edad
Entidad convocante: Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Centro Cultural de la Cooperación y Ediciones desde la Gente
País de la entidad convocante: Argentina

Fecha de cierre: 31:05:2015
Más información: aquí

Muertes violentas

Borramos, alisamos, unimos y recomponemos imágenes de la realidad no tal como es sino tal como nos gustaría que fuera. Hasta lo más armonioso y aparentemente normal está lleno de fisuras que nuestra mente decide no ver: la violencia y la muerte pueblan la vida humana y son grietas que señalan las contradicciones de los órdenes que construimos. Libro de arena publica un artículo que recorre la violencia y la muerte en la época victoriana a través de la literatura y algunos de sus textos y personajes más conocidos.


Por Valeria Stroman

Morir en las ficciones ambientadas, o creadas, en la época victoriana supone tener una disposición de ánimo particular para lo desbordado, violento, pasional. Implica estar dispuesto a ser un personaje que, inevitablemente, estará atravesado por ultrajes y violencias no exentos de la innovación científica. Perpetradores o víctimas, investigadores o sospechosos, todos los que habiten las ficciones de índole policial/fantástica que ocurren durante el reinado de Victoria I de Inglaterra, formarán parte de una construcción de la imagen de la muerte que no se aleja en demasía de lo fantástico, lo irracional.
El efecto en la recepción de estos personajes desbordados por la pasión violenta, se profundiza a través del contraste que los mismos generan en relación al ámbito en que se desenvuelven. Orden, asepsia, racionalidad, férrea moral y un control estricto en las diversas manifestaciones de lo humano, conforman el “ambiente vivo” en el cual aparecerán sujetos que rompen –quebrándose- con una cultura ordenada, reglada, proba, controladora, y con una incansable fe en el progreso humano a través de la ciencia y la tecnología.
Quizá no haya casualidad en el hecho de que un tal Jekyll permita a un respetuoso científico expresar pulsiones -y satisfacer necesidades-, que no debían ser posibles en el ámbito de la decorosa sociedad londinense del West end. Tampoco será casual que la venganza y el amor se extralimiten, por años y años, aún en la lejanía de los páramos gélidos de Cumbres borrascosas. Lo insólito, y siempre lindante con lo fantástico, que caracteriza a los casos que permiten al respetado detective que comparte domicilio con el Dr. Watson dejar en claro la supremacía de la razón, parecen más contundentes que la propia racionalidad con que se los descifra. Y ello tampoco resulta azaroso. En una sociedad tan reglamentada y ordenada, poco espacio queda para el azar o lo casual. Incluso los ámbitos de esparcimiento y relajación están normalizados, así como las conductas en el espacio privado.
Si Londres se configura como la expresión geográfica de la mentalidad victoriana, ciudad expandida gracias y debido al éxito de la industrialización inglesa, el barrio del Soho –con sus prostíbulos y tabernas- aparece como el espacio para la descompresión, necesario para la supervivencia del orden del próspero West End. La propia tolerancia del barrio del Soho, con sus peculiaridades, implica una reglamentación y un ordenamiento tan extenso e instaurado, que abraza aún los espacios de descomprensión y relax. De este modo, nada, nadie y nunca puede escaparse del victorianismo rígido, austero e irreal.
¿Y la muerte? Ese territorio intrínseco a la condición humana, pero sin embargo ajeno, desconocido, misterioso. La muerte y la pasión animalizada que se le acerca algunas veces, aparecen como los únicos reductos en los que escapar de un “deber ser” deshumanizante y severo. De este modo, lo más humano de los personajes que deambulan por las historias ficcionales ambientadas en la época victoriana, es su relación con la muerte.
Dar muerte o morir de manera ajena al control racional, o con una racionalidad organizada de modo que permita la expresión de las pulsiones, es lo más humano de personajes como los asesinos que persigue Sherlock Holmes, del misterioso Mr. Hyde, o del propio Heathcliff que en Cumbres borrascosas somete a Hareton a una “no vida” al mantenerlo al margen de la humanización que supone la cultura.  Así, las formas de la muerte en estas ficciones funcionan como “válvulas de escape” para una realidad agobiante y perseguidora.
La innegable popularidad del denominado primer asesino serial de la historia, “Jack, the ripper”, sugiere el interrogante acerca de si las peculiaridades de la muerte en estas ficciones configuran una “válvula de escape” o expresan una realidad que se escondía, presionándola, debajo de la alfombra de hilos dorados y pundonorosos de la cultura dominante.


*Valeria cultiva cactus y malvones en su pequeño jardín, y le cuesta controlar a los últimos. Sonríe inevitablemente mirando animalitos y conoce el nombre de todos los perros de su barrio, pero el de ningún vecino humano. Le gusta el otoño y no le gusta que le digan "Vale", aunque no sabe bien porqué ni se molesta cuando lo hacen. Adora la música y ama a Olivia y Félix, sus gatos de tres y cuatro patas respectivamente. 


martes, 26 de mayo de 2015

INAUGURACIÓN DE LA BIBLIOTECA "JUAN BADIÁN"



El de la Continental

No siempre el personaje más famoso de un autor es aquel con quien se sentiría más identificado. En el aniversario del nacimiento del escritor Dashiell Hammett, Libro de arena publica un comentario sobre su verdadero alter ego, a manera de recuerdo.



Por Mario Méndez


Raymond Chandler tiene a su Marlowe, Vázquez Montalbán a su Pepe Carvalho, Andrea Camilleri a su comisario Montalbano (que homenajea a Vázquez Montalbán, claro está). Y Dashiell Hammett tiene a Spade, sí,  ¿pero es este cínico detective de cara algo diabólica, su detective? Yo diría que no. Por más que Spade sea el protagonista de  El halcón maltés, la más famosa de sus novelas (John Huston y Humphrey Bogart mediante) y de tres buenos cuentos: “Demasiados han vivido”,  “Sólo pueden colgarte una vez” y “Un tal Samuel Spade”, por más que tenga nombre, y el otro no, yo me arriesgaría a decir que el detective de Hammett, su hijo favorito, es ese robusto personaje que protagoniza Cosecha roja y La maldición de los Dain, y otros veintisiete cuentos: el detective de la Continental. Es este “tipo gordo, cuarentón, que no se casa con nadie y testarudo”, como lo define Dinah Brand, la femme fatal de Personville (despectivamente llamada Poisonville –ciudad veneno-, por el propio detective), el personaje con el que yo creo que Dashiell Hammett se sentiría más plenamente identificado. Después de todo, Hammett tomó mucho de sus experiencias como detective real, en los años en que trabajó para la famosa Agencia Nacional de Detectives Pinkerton, así como el innominado gordo testarudo de Cosecha roja trabaja y reporta para la Continental. Es a ese gordo cuyo nombre desconocemos, que se carga solito toda una ciudad envenenada y corrupta, a ese detective maleducado, contestatario, radical en el sentido más norteamericano del término, me arriesgo a decir, al que Hammet habría elegido como su detective.


sábado, 23 de mayo de 2015

Viaje al país de las maravillas

Cuando se cumplen 150 años de la publicación del libro de Lewis Carroll sobre las aventuras de Alicia en el reino subterráneo, un viaje a Daresbury, el pueblo donde el escritor pasó su infancia, ayuda a comprender el mundo creado por el autor para entretener a una niña en una tarde aburrida.


En una tarde dorada de julio de 1862, el profesor, matemático y diácono Charles Lutwidge Dodgson remontaba en barca en el Támesis, entre Oxford y Godstow, arropado a los remos por su amigo Robinson Duckworth y ante la mirada inquieta de tres niñas, Edith, Lorina y Alice Liddell, que se aburrían como tortugas contemplando las aguas del río.
Fue Alice quien tiró de la lengua al esforzado Dodgson, y le pidió que inventara una de sus chifladas historias para hacer más llevadera la travesía de dos horas. El ocurrente remero pudo haber lanzado a la niña por la borda, para que saliera al encuentro de los seres increíbles que reposan en los lechos fluviales. Pero su imaginación le llevó hasta la verde orilla, por donde pasaba un conejo blanco vestido con un chaleco y musitando con impaciencia mientras miraba su reloj de bolsillo.
La niña no pudo reprimir la tentación y decidió seguir mentalmente al conejo, hasta caer atrapada en la madriguera. El remero confesó tiempo después que ni él mismo sabía lo que le esperaba en ese viaje vertiginoso hacia el subsuelo, donde la niña crecería y decrecería caprichosamente mientras bebía pócimas mágicas y le daba por mordiscos a una seta: "Bébeme", "Cómeme"...
El universo mágico de 'Alicia en el país de las maravillas' se sigue expandiendo al cabo de 150 años de la publicación de un libro queLewis Carroll (su 'alter ego' literario) escribió en principio para la pequeña musa que él mismo retrataría (también fue apasionado fotógrafo) con su mirada traviesa y su melena morena y corta.
Poner orden y concierto (es un decir) al cuento que se le ocurrió en aquella aburridísima travesía por el Támesis. Ése fue su compromiso con Alicia, sin saber que al mismo tiempo se estaba comprometiendo con los lectores de todo el mundo, de su coetáneoCharles Darwin (que por aquellos tiempos hablaba de "las formas bellas y maravillosas de vida que luchan por la supervivencia") a la reina Victoria, lejanamente emparentada con la Reina de Corazones.
Casi todos los personajes de 'Las aventuras subterráneas de Alicia', que así se tituló en principio, estaban inspirados en personas de carne y hueso que los dos conocían. El caso es que el pacto secreto entre el profesor y la niña (incluido el retrato ovalado que le dedicó en la última página) quedó profanado cuando su amigo George MacDonald cayó también atrapado en la madriguera en la segunda página, sin considerar por un momento cómo iba a salir de allí.
El Conejo Blanco, el ratón cuenta-cuentos, el simpático Dodo, el Sombrerero, la Liebre de Marzo, el gato de Cheshire y la persistente Oruga Azul ("¿Quién eres tú?") cobran luego vida propia gracias a las ilustraciones de John Tenniel en la primera edición que ve la luz en 1865, porque nada le revienta más a Alicia que los libros sin dibujos y sin diálogos, y por eso se quedó dormida, y por eso se pasa todo el tiempo haciendo equilibrios entre el sueño y la pesadilla, tal vez como fruto del láudano que tomaba el propio Lewis Carroll para combatir sus frecuentes migrañas.

¿Pedófilo?


Hay quienes han hecho una doble lectura del libro como Alicia en el país de las Psicopatías. Hay quienes siguen viendo una velada declaración de amor, sobre todo en el poema final ("Aún así, todavía me atormenta"). Hay quienes explotan el mito de Carroll como un pedófilo reprimido, y nos remiten a las páginas de sus diarios, las que desaparecieron y las que llegaron hasta nuestros días, con pasajes reveladores como éste, en el que narra el pasaje a la pubertad de su añorada niña: "Alicia parece muy cambiada, y no a mejor precisamente... Posiblemente está pasando por la inusual y extraña fase de transición".
Otro de los mitos que rodean a Alicia es del supuesto afecto de Carroll por su hermana mayor, Lorina, que pudo ser la causa auténtica de su ruptura con la familia y con su padre, el reverendo Henry Liddell, que nunca más le volvería a confiar a sus hijas. Stuart Dodgson Collingwood, sobrino del autor, fue el primero en exculpar a su tío alegando que siempre tuvo alma de profesor, que tenía la rara habilidad de hacer que todo fuera divertido con sus juegos de lógico... Y que sentía tremendamente atraído por las "mentes inmaculadas de los niños, que siempre fueron su fuente de inspiración".
Los niños, todo hay que decirlo, nunca fueron santo de su devoción. Carroll no ocultaba en sus diarios su predilección por las niñas, ni su obsesión por fotografiarlas ligeras de ropa o desnudas. Vuelve a pesar la sospecha (alimentada por un reciente documental de la BBC), y vuelven a escucharse voces como la de Hughes Lebailly, que nos invita a poner sus "inocentes" imágenes dentro del contexto del culto al niño en la era victoriana.
La relación entre Carroll y Alicia se sigue prestando a todo tipo de divagaciones y acertijos. Robert Douglas-Fairhurst, en su fascinante y reciente 'The story of Alice', va más lejos que nadie y recuerda como, en su imaginación, Alicia está condenada a seguir pequeña toda la vida y a no cumplir siquiera los ocho años, porque eso sería casi como perder la inocencia.
Cuando en 1871 se publica la secuela, 'A través del espejo', Alicia le confiesa a su amigo Humpty Dumpty que aún tiene siete años y medio. El tiempo, ya se sabe, no es una cosa que se pueda derrochar sino más bien una "persona", como dijo en su día el Sombrerero, con esa verdad inmutable que parece pesar sobre todo lo que vio y escuchó Alicia en ese mundo de miniatura, tan deudor del 'Wunderland' del romanticismo alemán como de la irrupción del "subterráneo" londinense, que se inauguró por cierto por esas fechas.
Pero el micromundo de Lewis Carroll fue Oxford, y en el Puente de Folly arranca simbólicamente el delirio que nos transporta del mundo real al reino de la imaginación si límites, donde uno es capaz de pensar hasta seis cosas imposibles antes del desayuno y sentarse a una merienda de locos con la Liebre, el Sombrerero y un Lirón que toma un té insufrible. Y eso por no hablar de la partida inacabable de croquet con un flamenco a modo de mazo y unos erizos que hacen de pelotas pero intentan escaparse a toda costa.

Viaje a Daresbury


Para adentrarse aún mejor al universo de Alicia no hay nada como viajar al origen, a esa aldea de poco más de 200 habitantes que sigue casi tan intacta como hace 150 años: Daresbury. Allí nació y vivió hasta los 11 años (algunos más que Alicia) el propio Charles Lutwidge Dodgson, que ya a los 10 desarrolló el curioso hábito de escribir un diario.
Tartamudo y zurdo (tal vez por el intento de corregirle), imaginativo y frágil de salud, el pequeño Charles tuvo que codearse con 10 hermanos y corretear por los bancos de la Iglesia de todos los Santos, donde su padre ejercía de vicario. La casa familiar quedaba a dos kilómetros del pueblo, y a ella volvió antes del incendio que la destruyó, pertrechado con aparatosas cámaras fotográficas, para perpetuar en 1860 los recuerdos de su infancia y hacer de paso algunos retratos de sus paisanos lejanos (como Mary Cliffe y Phoebe Thomas).
"Hay quienes no quieren volver a los paisajes de su infancia, pero él regresó a tiempo y antes de concebir el que luego sería uno de los libros más populares del mundo", recuerda Myra Fye, voluntaria del Lewis Carroll Center, levantado hace apenas tres años en un ala de la iglesia con el esfuerzo y la imaginación de los apacibles vecinos de Daresbury, tan reacios a construir un 'Wonderland' a costa de su hijo predilecto.
Daresbury tiene algo de encrucijada en medio del condado de Cheshire (como el gato) y a tiro de piedra de Manchester. El entorno industrial ruge en la lejanía, pero el lugar transmite una extraña paz, entre un paisaje de suaves colinas por el que uno imagina corriendo a los personajes predilectos de Carroll.
En 1932, coincidiendo con el centenario del nacimiento, el prodigioso universo subterráneo saltó a las cristaleras góticasgracias a un artista del vidrio local, Geoffrey Webb, que fiel al juego firmó la originalísima ventana con una tela de araña. Vista desde lejos, la escena parece exclusivamente religiosa, con la Anunciación en primer plano... Pero si nos fijamos a la izquierda veremos al ilustre hijo del vicario, vestido de diácono y flanqueado por una niña de melena rubia que no necesita presentaciones. Bajo ellos, en hilarante sucesión, están la Reina de Corazones, el ceñudo Sombrerero (con la etiqueta del precio del sombrero aún puesto) y finalmente el Conejo Blanco y Dodo, como si se persignaran ante el epitafio: "En memoria de Charles Lutwidge Dodgson, también conocido como Lewis Carroll".


Nota publicada por El Mundo, el 23 de mayo de 2015

viernes, 22 de mayo de 2015

La orfandad de las cosas

¿Qué pasa cuando las cosas se quedan huérfanas?¿Adónde va a parar su dominio, su interés, su sentido? Las cosas no son más que eso: cosas. Pero el valor con que las recubrimos les infunde una suerte de ánima, de vitalidad, las hace parecidas a quienes las poseen o poseyeron. Libro de arena publica una nota referida a lo que deja la muerte tras de sí, los objetos que siguen habitando la vida de quienes despiden a sus seres queridos y se enfrentan con sus cosas.


Por Adriana Márquez*

“A veces pienso en mi viejo. O es un barco que parte o esa gente vagabunda que trae el verano o simplemente una luz en el río. Entonces me siento en la costa y pienso en mi viejo.” Así empieza “Todos los veranos”, uno de mis cuentos favoritos de Haroldo Conti. Así empieza a narrar el recuerdo del padre muerto. Y de ese mismo hilo del recuerdo han nacido infinidad de relatos. Es que el tema traspasa la literatura. La atraviesa. Los vivos narran a sus muertos y así los mantienen cerca: la palabra permanece.
Es que toda muerte deja huérfanos, me digo. Vienen nombres, títulos, frases, imágenes. Un poema de Miguel Hernández que leí en la escuela secundaria y cuyo comienzo me quedó grabado: “En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.” Tan contundente, tan encierro de pena y de cariño. Tan inesperado ese “con”, cuando uno espera la seguridad de un “a” (a quien tanto quería). Pero no. El poeta señala el dolor de no tener ya más a un compañero con quien se quería. Y pienso que eso es literatura. Esa preposición inesperada es literatura. Ese decir inesperado es literatura. Esa muerte que dicha así se vuelve única, universal, recordable. 
Es que toda muerte deja huérfanos, me repito, y pienso también en los silenciosos, los sin voz: los objetos, las prendas de vestir, los libros, las anotaciones. Los sin voz que nos acompañan durante toda la vida. Cuando no estamos, quedan solos. Y se muestra la verdadera naturaleza de las cosas que nos rodean: nunca fueron nuestras. Se trata de una pertenencia corta, momentánea, efímera, casi una ilusión. En realidad, configuran una maqueta de nuestra existencia que, a veces, es deseada por otros, como en “La larga y dolorosa muerte”, cuento de Claire Keegan en el que la casa del escritor muerto Heinrich Böll es anhelada al punto de ser el motivo de disputa entre una joven escritora que la ha alquilado y un visitante inesperado que no pudo hacerlo. La casa del escritor muerto (con la “famosa ventana” de su estudio, desde la que se ve el mar) se vuelve un amuleto que enmarca el anhelo de un sitio donde el arte pueda suceder, donde pintar, escribir, componer estén casi garantizados. Sólo por haber pertenecido a un artista. Como si un halo quedara flotando entre sus cosas y pudiera ser aprehendido, casi inhalado si se permanece cerca.
Lo que siempre dejan los muertos son recuerdos. Mientras trata de decidir qué hacer con los objetos de su padre, la narradora de El lugar del padre (novela de Ángela Pradelli) tiene que lidiar con los recuerdos ligados a ellos. Así, un pañuelo de seda que ha empezado a ser comido por las polillas, un sobretodo con el que ella ahora se calienta por las noches, una pila de diarios viejos, bolsas de alpiste, libros del ferrocarril, un diccionario, remedios se vuelven acompañantes en el duelo pero también reclaman, en silencio: ¿qué será de nosotros? ¿qué harás con nosotros? Y la protagonista se pregunta: ¿debo hacer algo con ellos? En ese caso, ¿qué?
Resolver sobre las pertenencias de los muertos es tomar decisiones por ellos. Así, la trágica muerte de su novia pone al protagonista de la novela Plaza Irlanda, de Eduardo Muslip, en situación de tener que decidir sobre la ropa ya sin dueña. Muslip describe sutilmente las distintas emociones que surgen del acto mínimo y a la vez profundo y conmovedor de encontrarles nueva dueña: irritación, disgusto, rechazo. Aceptación, por fin: la aceptación de que las prendas huérfanas en realidad tendrán un futuro más amable: “Por el contrario, es como que llegará para la ropa de Helena un momento de liberación. Es que nunca recibió un buen trato. (…) Un guardiacárcel miraría a los presos con más simpatía.”
En la orfandad de las cosas se advierte el hueco, la ausencia. Narrar su nuevo presente es preguntarse por la muerte, siempre dura, siempre golpe fatal, pero también parece ser un indagar en el futuro. Un nuevo futuro. Eso advierte el protagonista de Plaza Irlanda: “Sus objetos son como planetas cuyo sol desaparece y no pueden girar más a su alrededor. Supongo que morirse puede verse así, no poseer más la facultad para hacer que personas y objetos giren alrededor de uno. Todo lo que nos rodea se dispersa y pasará a formar parte de otros sistemas. La ropa irá hacia otros cuerpos, los amigos descubrirán nuevas afinidades.”


*Adriana Márquez: es Licenciada en Letras, docente del Taller de lectura y escritura en la materia Semiología (CBC - UBA). Publicó el libro de relatos De paso (2013, Editorial Simurg). Dicta talleres literarios. 

jueves, 21 de mayo de 2015

Un recorrido por el Paseo de la Historieta y el Museo del Humor

Los personajes de ficción, del humor y la historieta, se entrecruzan con las personas de carne y hueso en distintos puntos de la ciudad que es posible visitar. Libro de arena publica una crónica acerca del Paseo de la Historieta y del Museo del Humor, que va siguiendo esculturas y emplazamientos según se presentan en el recorrido urbano.



Por Corina Auster

  
                             




Dijo Charles Chaplin: "un día sin reír es un día perdido".  Entonces, siempre es el momento oportuno para conocer y recorrer el Paseo de la Historieta que comienza en el barrio de San Telmo y culmina en el Museo del Humor (en Puerto Madero). Pero..., en primer lugar convendría definir a la historieta.  En algún tiempo considerada un género menor, hoy es vista como un "medio de expresión artístico" y hasta la reconocen como una "corriente literaria" y la reivindican como el "noveno arte". Además, la historieta argentina en particular, funciona como un espacio desde donde mostrar la realidad local con sus problemas a través del humor y que hace pensar al público que se identifica con él; es testigo de su tiempo. Podemos encontrar algunos de los míticos personajes del "chiste dibujado" empezando por Chile y Defensa, adonde está emplazada la escultura de Mafalda, la más conocida y requerida por el público -para sacarse una foto junto a ella y sus amigos Susanita y Miguelito hay media cuadra de cola-.  Aquella nena preguntona, cuestionadora y feminista es adorada por varias generaciones.  Este personaje de Quino recorrió el mundo entero.  Según el humorista Sendra los inventos argentinos se componen de: birome, colectivo, dulce de leche y el cuarto invento es Mafalda. Luego sigue Isidoro Cañones (en Balcarce y Chile), de Dante Quinterno, auténtico playboy, es el diseño del "porteño chanta" a la perfección. La esquina dedicada a García Ferré -Balcarce y México- tiene las esculturas de Larguirucho, bueno y despistado y de Superhijitus, el niño superhéroe y asimismo hay murales con otras de sus creaciones. Un personaje de la actualidad es Matías, ubicado en Balcarce entre México y Venezuela, niño travieso y curioso que pertenece a Sendra. También en Balcarce y Venezuela aparece Don Fulgencio, "el hombre que no tuvo infancia", de Lino Palacios, nació en los años ´20 y representa a nuestro niño interior. No falta el futbolero Clemente que es un ejemplo de la viveza criolla y es de Caloi.  Está en Balcarce entre Venezuela y Belgrano.
La sensualidad y femineidad de la mujer argentina tiene sus exponentes -exageradas- con las Chicas Divito en Balcarce y Belgrano; curvilíneas, de cintura de avispa, caderas y busto gigantes y pies diminutos, son la más famosa obra de Divito. Ya en la Plaza Agustín P. Justo, en Paseo Colón y Av. Belgrano, encontramos tanto a Patoruzú, de Quinterno, el último cacique tehuelche con la nobleza del hombre de campo, como a su versión infantil: Paturuzito junto a la de Isidoro: Isidorito. 

Gaturro, de Nik, es una mascota ingeniosa e imaginativa, tiene su escultura en Azopardo y Belgrano.  Una curiosidad de esa esquina es que hasta los semáforos tienen su imagen. Durante el trayecto en San Telmo no sólo hay esculturas, sino que abundan murales de Landrú, Fontanarrosa y Garaycochea entre otros.
Continuando en Puerto Madero, se puede observar a Don Nicola (simpático dueño de un conventillo que resuelve los problemas absurdos de sus inquilinos) en Alicia Moreau de Justo y Azucena Villaflor, y a Negrazón y Chaveta (dos amigos cordobeses que mantienen diálogos delirantes arriba de su moto), en Juana Manso y Marta Linch. En el Parque Mujeres Argentinas están Diógenes y el Linyera (Marta Linch al 400), un vagabundo y su perro, ambos reflexivos e Inodoro Pereyra con Mendieta, de Fontanarrosa, un gaucho solitario de mal genio acompañado siempre de su perro Mendieta.
También en el parque, en Marta Linch al 700, habitan Langostino y Corina, un marinero de hablar filosófico que navega en su lancha Corina. Finalmente, en la entrada del Museo del Humor -Av. de los Italianos 851- nos recibe la Jirafa de Mordillo, un colorido personaje mudo. El edificio del museo albergaba a la ex cervecería Munich, inaugurada en 1927.  Allí se expone una muestra permanente acerca de la Historia del Humor Gráfico y sus personajes con material desde los primeros años del siglo XIX hasta nuestros días, y una temporaria: Vacaciones con Matías, conformada por una selección de historietas, esculturas y objetos dedicados a este querido personaje de Sendra.  En el microcine se exhiben cortos de Mafalda.
En definitiva, la historieta puede representar la historia dibujada de un pueblo, es clara y directa, se las ingenia para decir algo sin que los que no saben leer entre líneas se den cuenta -aún en épocas de censura-.  La nuestra es realista, politizada y popular. Valga la visita en familia, cámara incluída, de este circuito nostálgico para entrar en un mundo de ilusión y ver la vida con humor...