martes, 30 de junio de 2015

Viaje por el río literario

Lejos, muy lejos del cauce de la razón, se viaja al corazón de las tinieblas. Río arriba, por el Congo, se asoma la naturaleza del África fértil, cuyo interior esconde un misterio inenarrable. Extranjero en la propia lengua en que escribió su obra, Joseph Conrad, de origen polaco, se convirtió en uno de los escritores centrales de la literatura inglesa del siglo XIX. El corazón de las tinieblas es comentado a partir de las impresiones de lectura, como texto favorito. Libro de arena continúa proponiendo miradas sobre textos que abordan el  tema del río para iniciar nuevos viajes, a las infinitas tierras literarias.


Por Marina Ruiz





Hay un secreto a ser descubierto, hay un sentido oculto que el relato guarda, hay para el lector una necesidad suprema de recorrer el texto y desvelarlo. La intriga no es la de una novela policial, aunque parece, consume al lector que devora el texto. Como lectora me he sentido atrapada eEl corazón de las tinieblas. Una máscara recubre la razón, sus luces palidecen. El descubrimiento de Marlow, narrador y alter ego de Joseph Conrad, es el símbolo del fracaso de la razón iluminada, de su corrupción y desmoronamiento. Lo que va a contar en su breve novela es una travesía, a la vez efectiva, real si se quiere, en el viaje que sigue el itinerario de la expansión territorial de Europa desde Inglaterra hacia África, e imaginario, en la exploración de la interioridad del alma humana. El corazón de las tinieblas es una novela del contrapunto permanente entre la razón y la locura que habitan en el hombre. Reflejadas ambas en el conjunto de imágenes visuales que el texto provee y de calificaciones que refieren a las porciones iluminadas y a las oscuras del mundo al que el hombre tiene acceso. Situado en el centro de la civilización, en el centro de occidente, con la mirada de quien observa desde afuera, en la extranjería de una lengua otra, así arranca el relato. En el comienzo aparecen los claroscuros que tramarán toda la historia, que desde la partida se proyectan hacia adelante y anuncian el tema del relato. No solo la explotación del marfil, la apropiación de materias primas, no solo la expansión territorial y económica, sino lo insondable del deseo, las fluctuaciones de la razón, la fascinación por lo ominoso, por lo que no tiene nombre, orden, o explicación. El inicio del viaje es el estuario del río Támesis “un interminable camino de agua. A lo lejos el cielo y el mar se unían sin ninguna interferencia, y en el espacio luminoso las velas curtidas de los navíos que subían con la marea parecían racimos encendidos de lonas agudamente triangulares, en los que resplandecían las botavaras barnizadas. La bruma que se extendía por las orillas del río se deslizaba hacia el mar y allí se desvanecía suavemente. La oscuridad se cernía sobre Gravesend, y más lejos aún, parecía condensarse en una lúgubre capa que envolvía la ciudad más grande y poderosa del universo.” Este inicio es la clave del relato. A través del marinero Marlow, Conrad describe el viaje por el río Congo, en busca de "Kurtz", jefe de una explotación de marfil. Su encuentro será la confirmación de la hipocresía colonialista a la vez que el cuestionamiento de su carácter de cruzada moral y comercial. El horror es el vacío de sentido, la perpetración de la violencia, el sometimiento y el exterminio. Esa extraña e inexplicable comunión entre el horror y la belleza que se cifra en la selva exuberante que rodea al río Congo no encuentra su nombre: "Una corriente vacía, un gran silencio, una selva impenetrable. No había ninguna alegría en la luz del sol. Sentí un peso intolerable, la presencia invisible de la corrupción victoriosa, las tinieblas... Y hay en todo ello una fascinación, la fascinación de lo terrible". Es lo ominoso. En ese paisaje abominable, un personaje antes civilizado, Kurtz, sufre la destrucción de sus principios y de su propia naturaleza de hombre inteligente. "¡El horror!", es su grito final, poco antes de morir. Y Marlow lo juzga así: "Su mente seguía siendo perfectamente lúcida, pero su alma estaba loca...". El deseo de poder y riqueza, la avaricia, el exceso, la desmesura son las marcas que dan cuenta del horror de la colonización, de la falacia del orden civilizatorio, en nombre del cual se llevaron a cabo los actos más aberrantes e inhumanos contra otras culturas. Lo que subsiste a lo largo del relato es la oscuridad, lo inabordable, lo indecible como denuncia contra el orden establecido y el discurso de la razón.

*Marina Ruiz:  su mayor pasión es viajar, mezclarse con la gente, conocer sus comidas y disfrutarlas, compartir sus costumbres, aprender de cómo se vive en otros lugares, para mirar de otra forma su propio vivir. Vive en Buenos Aires, la mayor parte del tiempo, cuando no viaja, y estudia antropología en la UBA.

Todo pasa, todo queda

En el mes dedicado al río, Libro de arena sigue compartiendo textos que lo evocan. El río es hablado y recreado en imágenes que lo representan. En "Arte poética", un poema de Borges, del libro El hacedor, se nos recuerda que, como la vida misma, es un pasar, es un viaje, es un tránsito hacia otro lugar, que solo la palabra fija.




Arte poética


Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.


Jorge Luis Borges

lunes, 29 de junio de 2015

La reescritura del tiempo

Condensación y expansión son los movimientos que se cifran en el río cuyo sentido es, desde luego, fluir. Pero para la mente, para el recuerdo, la repetición del acontecimiento convierte en eterno un instante en que el tiempo se detiene. Desde allí el relato vuelve a arrancar en El limonero real, de Juan José Saer. Libro de arena publica un comentario sobre la novela, en el mes del décimo aniversario de la muerte de su autor y un día después de su natalicio, a modo de homenaje.



Por María Pía Chiesino

En Gramática de la Fantasía, Gianni Rodari presenta la idea de la piedra en el estanque. Con ella se refiere a aquellas palabras lanzadas al azar que provocan asociaciones en cadena. La relectura de El limonero real, de Saer, me remite en principio a esta idea. En parte, la piedra será ese “Amanece y ya está con los ojos abiertos”, que se repite nueve veces a lo largo de la novela, y que es el punto que concentra y expande la acción, desde el momento en que Wenceslao abre los ojos por primera vez.
Pero además, no puedo evitar asociar la imagen de la piedra en el estanque, con ese recuerdo que vuelve obsesivamente a la mente del protagonista: la imagen de su hijo niño, vestido con un pantaloncito azul, y corriendo a tirarse al agua.
En esta hermosa novela, que nos presenta a una familia de isleños que festeja el fin de año, hay un punto en el que la celebración está incompleta, hay un nudo lateral de oscuridad y de pena: el luto de la mujer de Wenceslao que se niega a salir de su casa; que se prohíbe a sí misma festejo alguno, y se queda sola, recordando a ese hijo muerto seis años antes.
Muchas lecturas críticas han hecho hincapié, en el trabajo con el tiempo cíclico que hace Saer en esta novela, y en el movimiento de concentración y expansión que la caracteriza.
Personalmente, me interesó más ese devenir del protagonista, que tiene, por supuesto, su propio duelo, pero en el que no se encierra. Ya pasó para él el momento de dolor  más intenso, en el que hasta había abandonado el cuidado de su terreno y de su huerta. Nadie puede devolverle ese hijo, pero la vida sigue. Y si se celebra el fin de año, él va a salir de su casa, y  va a llevar brevas y limones para los suyos.
Desde el momento en el que Wenceslao se sube solo a su bote para ir a pasar el último día del año con su familia, advertimos ese empuje que lo aparta irremediablemente de su mujer. Este matrimonio, destrozado por la muerte del hijo, parece no tener retorno: ella vive cosiendo cintas de luto en camisas que él se niega a usar.
Esta voluntad de Layo por seguir con su vida, lo hace partícipe activo de lo que sucede en la fiesta. No es un invitado más. De hecho, él es quien mata el cordero para la cena.
Pero hay un punto al que su voluntad no llega: es absolutamente imposible para él, convencer a su esposa de que salga de ese tremendo dolor y lo acompañe. Cuando las hermanas de la mujer le dicen que van a ir a buscarla para que cene con todos, les advierte que es un viaje inútil, que no van a conseguir que salga. Las mujeres no le hacen caso, se van todas, en dos botes y, desde luego, vuelven sin ella. Wenceslao ya ha matado el cordero y está nadando en el río, cuando las ve volver, y las escucha hablar de la locura de la ausente.
Ese río por el que los personajes van y vienen mientras se prepara el festejo, será el que recorra Wenceslao al final de la novela, cuando regrese a la noche, con una porción de cordero para su mujer y huesos para los perros.
Ese río, se ha llevado años antes a ese hijo que no volvió.

Ese río, finalmente, le trae el recuerdo de cuando ese hijo era un niño y corría a zambullirse en él para nadar. No se mencionan otros momentos de la vida del chico. Solamente vuelve a la mente de su padre, esa imagen de un niño moreno y flaco, con un pantaloncito azul, que se tira al agua una y otra vez. Esa imagen es la “piedra en el estanque”, que dispara las asociaciones de Wenceslao. La imagen de  su hijo ya muerto, jugando en el río, es el punto en el que se concentran sus recuerdos y  su dolor. 


El limonero real
Juan José Saer
Buenos Aires, Seix Barral, 1974

“La escuela tomó la lectura como bandera”

Mario Méndez, a cargo de los "Encuentros con escritores de literatura infantil y juvenil", dialogó con Página 12 sobre Entrelíneas, el libro que contiene las charlas del ciclo. Libro de arena comparte la entrevista.


Por Karina Micheletto

Además de ser una de las más destacadas plumas del género, Méndez mantuvo charlas con otros escritores a través del programa Bibliotecas para Armar, que ahora se compilan en 20 conversaciones con autores de la literatura infantil y juvenil de la Argentina.

Un escritor que convoca a colegas a charlar abiertamente, sacando de esos encuentros tela para cortar: un blog y un libro que termina siendo material de consulta. Un puente entre la mirada y el saber propios, los de sus colegas y los de un público ávido por un tema del cual no hay mucha divulgación, aunque sí mucha producción. Algo de eso es Mario Méndez, una de las más destacadas plumas que tiene la literatura infantil y juvenil argentina, creador de obras profundamente poéticas como Prohibido ordenar (Pequeño Editor), divertidas aventuras como la de El genio de la cartuchera (Alfaguara), tiernas noticias como las Noticias del amor (Edelvives), entre tantas. Méndez estudió además cine y es autor de varios guiones, y desde ese doble saber trabaja en el programa Bibliotecas para Armar, que lleva adelante desde hace once años junto a Mateo Niro, en la órbita del Ministerio de Cultura de la ciudad. Con diferentes sedes a lo largo de los años, el programa ha propiciado encuentros sobre cine y literatura por un lado, y por el otro, con escritores e ilustradores reconocidos. Además de haber sido publicadas en Libro de arena, el blog del programa (bibliotecasparaarmar.blogspot.com.ar), algunas de esos encuentros fueron reunidos ahora en Entrelíneas, un libro que descubre disfrutables y valiosas 20 conversaciones con autores de la literatura infantil y juvenil de la Argentina.

Jorge Accame, Adela Basch, Paula Bombara, Liliana Cinetto, Pablo De Santis, Andrea Ferrari, Eduardo Abel Giménez, Didi Grau, Ricardo Mariño, Silvia Schujer, Graciela Repún y Franco Vaccarini son algunos de estos veinte autores con los cuales Méndez teje conversaciones que confluyen en una gran charla alrededor de la literatura y sus circunstancias, bien regada por el humor, los comentarios espontáneos (la edición guarda acertadamente el registro de la oralidad) y el conocimiento profundo de los temas que se tocan. Tras estas conversaciones, que fueron publicadas por los sellos independientes Amauta y Cabiria, Méndez imagina imprimir las que siguieron: este año, por ejemplo, con la ilustradora y autora Isol y con el escritor y director de la Feria del Libro de Buenos Aires Oche Califa. La última de esta primera mitad del año, de entrada libre y gratuita, será hoy a las 18, en la biblioteca La Nube (Jorge Newbery 3537), a Inés Garland, autora de novelas como El jefe de la manada y Piedra, papel o tijera y ganadora del prestigioso premio para la literatura juvenil en Alemania Deutscher Jugendliteraturpreis.

–Así reunidas y repasándolas para editar el libro, ¿qué encontró de valioso en las conversaciones?
–Uno de los temas que más se repite es la reflexión sobre los límites difusos entre la literatura infantil y la juvenil, y sobre todo entre la juvenil y la de adultos. Incluso hay autores que niegan la existencia de la literatura juvenil, más que como un fenómeno editorial, sin una identidad propia. Según esta visión, es una obra que la editorial decide poner en una colección juvenil, y es este su único rasgo distintivo.

–¿Y usted qué opina?
–Creo que es de difícil clasificación, por algo hay tanto debate. Hay libros de los que los jóvenes se apropian y que no fueron pensados para ellos; pasa con clásicos, Stevenson o Verne. Tiene que ver con el cambio de paradigma cultural, pero también con la influencia de las editoriales. El caso más clásico es El guardián en el centeno (o El cazador oculto). Salinger lo escribió para adultos; sin embargo, hoy es una literatura de iniciación. Después pasa al revés: uno de los fenómenos de la literatura juvenil es Los vecinos mueren en las novelas, de Sergio Aguirre. Vende como rosquillas entre los jóvenes y, sin embargo, no tiene ninguna de las condiciones que podrían presuponerse para clasificarla como novela juvenil. Es un policial que transcurre en la campiña inglesa, podría haberlo escrito Patricia Highsmith tranquilamente. No hay protagonistas jóvenes, no hay iniciación. Hay otros como El hombre de los pies-murciélago, de Sandra Siemens, que habla sobre un tema muy juvenil, el del bullying, es brillante, y no sé si vende mucho. En esto hay misterios inabordables. Por suerte.

–¿Cómo se perciben los escritores de literatura infantil con respecto a los de la “literatura con mayúsculas”?
–Todos hemos padecido el cartelito que te presenta como si fueras de otro lugar, como si no fuésemos escritores. No estamos en las facultades, no aparecemos en los suplementos culturales con la misma frecuencia...

–Lo que contrasta con el dinamismo que tiene el sector...
–Hay muchísimos escritores, muchísimas editoriales –grandes, medianas, pequeñas y pequeñísimas–, hay mucho empuje de las compras institucionales, las compras de la Conabip, del Plan Nacional de Lectura, de Cultura, del proyecto Leer Para Crecer en la ciudad. Y después está la escuela, que ha tomado la bandera de la lectura. Eso moviliza y mucho.

–Ese es otro tema que aparece mucho en el libro: el rol de la escuela.
–Así es: otra reflexión permanente es el tema de la escolarización o no de la literatura. Cuánto influye, en nosotros como autores y en las editoriales, que el principal canal de difusión de nuestra literatura sea la escuela, que el libro tenga que ser aprobado por la maestra, el bibliotecario o el director. Muchas veces, la escuela influye de manera muy directa: la editorial te dice “este libro no lo puedo editar porque la escuela lo va a rechazar”. Porque el tema es medio tabú o porque tiene malas palabras. Si ven que le va a traer problemas a la maestra, ni lo intentan. Es algo que tratamos de desentrañar con los autores en estas charlas.

–¿Y al revés, cuando se busca de antemano algo que se piensa que va a encajar en la escuela?
–¡Sale como por un tubo! (risas). En mi caso, sinceramente no está pensado por eso, pero El genio de la cartuchera, un cuento sobre un genio que concede deseos solamente escolares, porque vive en cartuchera, encantó a las maestras y a los pibes. Y hay otros que, no sé por qué, no sobrevivieron. El aprendiz, por ejemplo (que transcurre en las Invasiones Inglesas) anduvo muy bien pero hoy se vende poquito. Salió dentro de una colección específica para el bicentenario que armó Alfaguara. Dentro de esa colección, El secreto del tanque de agua, de María Inés Falconi, tiene una segunda parte y se siguen vendiendo la primera y la segunda. Diario de un viaje imposible, que hicieron Lucía Laragione y Ana María Shua, también ha sobrevivido al boom 2010. El mío no, se editaron como cuatro ediciones en el año, pero ahora camina lento.

–Hay relatos muy divertidos en el libro, como el escritor que va a la feria a firmar y no firma ningún libro. ¿Le ha pasado?

–¡Es típico! (risas). Ya nos cargamos entre nosotros: “Vamos a no firmar en tal stand a tal hora”. O “¿pasaste a ver dónde está el baño?”, porque lo primero que te preguntan es dónde está el baño. Hay una que es genial, creo que le pasó a Martín Blasco: una señora que se queda mirando la mesita con los libros que está frente al escritor, toma uno y le pregunta: “¿Cuánto cuesta éste?” Como generalmente no sabemos, le decimos: “Los precios de los libros los saben los vendedores”. Y medio que ya te agrandás ahí, al fin y al cabo están preguntando por tu libro... Pero la señora le dice: “No, no, el libro no... El cosito éste donde se apoya el libro: ando buscando justo eso para un cumpleaños”. ¡Esa es muy buena!

–Esa es una particularidad de quienes escriben para chicos: el contacto más directo que tienen con sus lectores.
–Nosotros tenemos un permanente contacto con un público sincero. Pibe al que no le gusta, te lo hace saber enseguida. Y en general hay esta cosa de euforia, me divertí, quiero terminar el libro. Eso está buenísimo.


Entrevista publicada en el diario Página 12, el 29 de junio de 2015.

viernes, 26 de junio de 2015

Inauguración Peinando Canas

Se inauguró la peluquería "Peinando Canas", ubicada dentro del Hogar San Martín. Ella contará con los libros del proyecto Leyendo Espero.



Peinando Canas no es una peluquería cualquiera. Ubicada dentro del Hogar San Martín, es un espacio pensado no solo para ponerse lindo sino, sobre todo, para el intercambio de historias, recuerdos, momentos y alegrías. A su novedosa idea, se le agrega el encuentro con la lectura y, con ello, la posibilidad de imaginar, de viajar y de renovar, día a día, la experiencia. 


Cecilia Pisos: "Yo trato de no hacer bajada de línea pero sí abrir una ventanita a través de la ficción."

La segunda parte de la entrevista con Cecilia Pisos comienza con una revisión de su trabajo en prosa para seguir de cerca la relación de los textos con lo lectores infantiles y juveniles. En la charla la escritora hizo hincapié en la influencia de las lecturas en el mundo de los chicos, la conexión estrecha con los temas que a ellos les preocupan, las cosas que les pasan, además de la importancia de la mirada y presencia adulta, en particular la de los docentes que trabajan con los textos. En el final del encuentro, la autora leyó un cuento inédito, para deleite del público: "Hacia una montaña pintada de azul".




MM: Vamos a pasar de la poesía a la narrativa, porque hay mucho para hablar y no nos va a dar el tiempo. Tenemos acá unas cuantas novelas. Presté una de las que hablé. Así que debe tenerla alguna compañera, y es Dominó. Me llamó la atención cómo sabés tanto del dominó. ¿Existe algo de todo eso? Les confieso que no me puse a resolver los problemas planteados.

Asistente (maestra Patricia): Yo sí. (Risas).

MM: Te cuento, Cecilia: Marcela y Patricia son maestras paralelas de sexto grado, una de Lengua, la otra de Matemática. Y una convenció a la otra y trabajan las dos con el libro…

Asistente (maestra Marcela): Nos costó muchísimo conseguirlo.

CP: Pero se consigue. Lo que a veces pasa con los libros de algunas editoriales es que, periódicamente, retiran todos los ejemplares de las librerías para hacer inventario y después los liberan. A veces, lo que pasa es que justo uno va a la escuela en ese momento en el que “tienen prisioneros” los libros. Nosotros, los autores, hablamos para que esta situación se resuelva porque nos produce muchas incomodidades. Cualquier cosa, chiflan, y nos lo cuentan a los autores, así podemos dar aviso en la editorial.

MM: Hay una mala costumbre, no de Pablo, que es un buen librero, pero sí de otros, que cuando no tienen el libro dicen que está agotado. Y la verdad es que el noventa por ciento de las veces no está agotado para nada. No hacen el trabajito de llamar a la distribuidora y a la editorial y pedirlos. Pero los libros, en general, no se agotan. Ojalá se agotaran tanto. Contanos algo de Dominó.

CP: Dominó lo escribí cuando estaba viviendo en México. Cuando vivía en México y en Canadá, hacía algunos trabajos para Argentina, pero tenía  mucho más tiempo libre. Tenía los chicos muy chiquitos que iban a la escuela. En un principio estábamos los cuatro solos. Hasta que uno hace amigos y redes, lleva un tiempo. Tampoco somos de mirar mucha tele. Esa es nuestra perdición: en casa, somos de jugar. Yo tengo muchos libros con juegos. Basta para mí, basta para todos, Rompecabezas, Venía un barquito… muchos. Y en ese momento nos llamó la atención que en muchos bares de México, así como acá se juega al ajedrez o al truco, se juega dominó. Y se juega con unos dominós más grandes, de hasta doce puntitos. Se necesita una mesa grande, o hay que tirarse en el piso. Mi marido consiguió uno de esos, y entonces, todas las noches, en casa, jugábamos los cuatro al dominó.

MM: ¿Hasta doce números?

CP: Sí, sí, se les “caen” los puntitos a las fichas casi, los dibujan muy apretaditos. Y hay un montón de figuras que se hacen porque hay un aparatito que se compra, y se forman trencitos, uno va poniendo fichas en distintos lugares. Bueno, nos quedamos enganchados con el juego. Y yo empecé a investigar el origen del dominó, a ver si había partidas en Internet. En esa época, había muchas menos cosas que ahora, pero sí había partidas en Internet. Había gente que se dedicaba a hacer figuras de dominó con las fichas que después se deshacen precisamente con “efecto dominó”, había maravillas. Entonces se me ocurrió ir por ese lado. Porque además yo quería hacer en este libro algo que hice después, en Este campeonato apesta, en el que abordo la cuestión del “fútbol obligatorio” que existe en nuestra sociedad. Yo soy madre de un “no tan futbolero”. Recién ahora, que es adolescente, mi hijo le está encontrando el gustito al fútbol. Con lo cual, padeció bastante. En general, veo que si los chicos no siguen la corriente y eligen algo distinto, tienen algún problema. Yo he tomado varias veces el tema del chico al que le gusta algo que no le gusta a todo el mundo. En Dominó, el juego del dominó mismo me dio la forma de la historia, y parte de la trama, porque el protagonista, Mariano, está como a dos puntas con el papá y la mamá que están separados: tiene la posibilidad de estar en una u otra, como una ficha de dominó, pero en cada jugada solo puede estar en un lado. Y también está esa cosa, de que al comienzo de la novela el protagonista está fuertemente angustiado por esas decisiones que él cree que debe tomar. ¿Con quién me quedo? ¿Con mi papá o con mi mamá? ¿Qué hago? Mis amigos juegan al fútbol… Pero él ha empezado a jugar al dominó con unos viejitos en un club de barrio, y le toma el gusto. No quiere dejarlo. Y los viejitos lo enganchan para un campeonato. Me inventé un campeonato, con sus instancias barrial, provincial, nacional, hasta que llega el internacional. Cuando se los leí a mis hijos, que eran muy chicos los dos en ese momento, me dijeron: “Mamá, acá te fuiste. ¿Cómo va a haber un Campeonato Mundial de Dominó?” (Risas). Y yo no les hice caso. Porfié. Porque tenía escrita toda la novela y ya estaba construida sobre los momentos de los campeonatos. Un día, el libro ya había salido, (lo publicó Antonio Santa Ana, al que le había gustado mucho, y que se encargó de cortarlo porque era más largo todavía), estábamos comiendo en un restaurante, y de repente, ESPN empezó a pasar la final del Campeonato Mundial de Dominó.  Y yo les dije a mis hijos: “¿Vieron cómo la realidad imita a la literatura?”. (Risas).



MM: Dos o tres cosas que surgieron de tu respuesta. Las charlábamos el lunes pasado. ¿Hay un cuento, Dominó, que después fue ampliado?

CP: No, el cuento no tiene nada que ver con la novela. Es anterior y pertenece a un volumen, Basta para mí, basta para todos, de cuentos sobre juegos, en el que los juegos son el tema y también la forma de los cuentos.

MM: ¿No hiciste ninguna relación?

CP: No, las historias son diferentes pero tomé el mismo principio del juego, y la sensación del que está tironeado hacia uno u otro lado. Entonces, el protagonista de ese cuento, que está animado también en una serie de Paka Paka, es un príncipe que va a ver a la princesa y no se decide. Si va por un camino o por otro, qué va a decirle y qué no… Como el cuento tiene un territorio mucho más acotado, pude trabajar más el lenguaje. En la novela Dominó, las alternativas del juego de dominó están trabajadas al nivel de la acción; en el cuento,  a nivel oracional: está hecho de puras oraciones disyuntivas.  Me divertí mucho escribiéndolo. Es una cosa que creo que la literatura tiene que hacer siempre, que es jugar mientras cuenta. Para diferenciarse de la crónica o de algún otro tipo de discurso narrativo, periodístico… aunque en el periodismo hay hibridación.

MM: Uno de los dilemas del protagonista de la novela Dominó es que en el fútbol a veces se cuelga y hace goles en contra, y esa cuestión de que lo vean diferente porque juega al dominó. Esa cosa de ralear al que es diferente es una especie de bullying. Hay una  novela que comentamos el lunes pasado que nos gustó mucho, que es Querida autora, en la que trabajás esto, en este caso con una nena. ¿Qué relación hay con la realidad? ¿Tenés ese trato con los chicos que te escriben?

CP: Sí, y cuando salió ese libro, más, porque una de las “actividades” que se les ocurrió a las maestras, y que no estaba en la guía propuesta por la editorial, creo, fue que los chicos me escribieran a mí, la autora real de Querida autora. Y me escriben comparando la situación con la de los personajes de la novela. Y entonces  ponen: “Cecilia, ¿te das cuenta de que es como en el libro? Yo te estoy escribiendo a vos como Luci le escribe a  Felicia”. Me encantan esos mails, trato de contestarlos rápido. A veces, con los de los grandes tardo un poquito, pero los de los chicos los contesto enseguida, porque me gustan mucho. La novela está basada en casos reales. Una vez fui a buscar a mi hijo a un cumpleaños, estábamos con otra mamá y había una nena llorando. Entonces nos acercamos con la mamá a consolarla, y cuando le preguntamos qué le pasaba nos dijo que “sus amigas” le habían dicho que si no se convertía en su esclava, no podría estar más con ellas. A mí me impactó la palabra “esclava”. En ese momento, tratamos de resolver la situación con la mamá del que cumplía años. Por supuesto, como en toda situación de bullying, los episodios de mayor violencia son encubiertos, así que imagínense las caras de santitas de las “acosadoras”. “Vení, vení, no llores más”, le decían. Yo tengo un ojo clínico para detectar esas conductas y al verlas, pensé que si eso quedaba ahí, la nena iba a seguir sufriendo. En ese momento me animé, porque la maestra de Ignacio era muy piola y así, un día le dije que tenía que comentarle algo, y se lo conté, para que se fijara si pasaba lo mismo que había pasado en el cumpleaños. El tema es que cuando se da el  bullying, ocurre en territorios que se sustraen al ojo avizor del docente o del adulto. Ella lo tomó muy bien; era una maestra muy inteligente, muy sensible, pudo intervenir y se resolvió la situación. Pero yo me quedé con la idea clavada y para escribir ese libro, fui recolectando información “de campo”. Por ejemplo, lo de las nenas que tienen que pagar para entrar a un juego que se dice en la novela, le pasó a la hija de una amiga. A mí me interesa, a veces, escribir esos libros, no porque piense que la literatura vaya a resolver los problemas de la vida real, porque no soy ingenua. Pero a mí me pasaba, cuando era chica, que estaba en una situación parecida a la de un personaje que leía y que lograba encontrar una solución a su problema, una salida o lo que fuera y eso me hacía sentir cierto bienestar, cierto alivio. Por ejemplo, yo era fanática de los libros de Louisa May Alcott. Las heroínas de sus novelas, son chicas que luchan y consiguen lo que quieren. Yo creo que a mí ese modelo me marcó para toda la vida. Yo quería conseguir cosas, pero sabía, desde esas novelas, que tenía que luchar. Si yo encontré eso, ¿por qué no puedo darle alguna pista al lector? Sobre todo, porque por lo que yo veo en las escuelas, los chicos están muy desvalidos. Muy solos. Muy sin la charla de algún adulto. Yo trato de no hacer bajada de línea pero sí abrir una ventanita, ver qué puedo hacer con el personaje, y entonces, en esta novela está la idea de encontrar algún adulto al que se le pueda confiar lo que pasa. A mí me da mucha impotencia que se piense que los problemas de los chicos son pavadas. Acuérdense de cuando eran chicos y tenían un problema: era todo un mundo. Con este libro hice mucho contacto con los chicos. En algunas escuelas es genial. En otras, a las maestras no les gusta tanto porque empiezan a salir al sol los trapitos del aula. Hay que manejar la situación, pero muchas veces ayuda a sacar cosas que estaban ocultas. Y de alguna manera, posibilita trabajarlas.

Asistente: Porque si es la lectura la que los expone, el grupo se anima a hablar. Los anima. Alguno que no iba a hablar o que no tenía palabras para decirlo, habla.

CP: Sí, hay mucho temor, y me parece que como docentes, como adultos, tenemos que estar muy atentos. Le contaba a Mario que la otra vez fui a una escuela, y se me acercó un nene que me preguntó si no estaba escribiendo algo sobre bullying como para quinto grado. Así, con el nombre técnico, me lo pidió. Y cuando le pregunté si era para tanto, me contestó que sí, y me miró con una mirada tan triste… Yo sé que la literatura no es instrumental… Pero muchas veces siento la necesidad de hacer algo.

MM: Claro, lo dijo la compañera… la valentía de la maestra que se atreve a que esto se escuche. Nosotros lo ponemos en juego…

CP: …y los maestros tienen que ser nuestros socios. Y los papás. Tenemos que asociarnos los adultos con esto, porque se necesita más de un ojo atento.



MM: Decías que no son de ver mucha tele… Hay un cuento que nos gustó muchísimo también, que además mete el dedo en la llaga sobre la falta de atención… Esto no es una caja. La nena quiere  jugar y la mamá quiere mirar la caja boba. ¿Esto ha circulado en la escuela?

CP: Sí, pero del lado de donde más recibo con este libro es del de los papás. Porque viste que hay libros en los que uno toma partido por el niño, y en otros, por el adulto. Tengo un libro que se llama Mientras dura el hechizo, en el que quise tomar partido por los padres, porque no soporto a los niñitos malcriados, caprichosos. Es una cosa insoportable para mí. Entonces, los que vencen en esa historia son los padres. (Risas).

MM: Te interrumpo, leo un poco del final, hago spoiler. “El gigante suspira con alivio y deja el libro. Luego, prepara el tablero, llama a la giganta y, mientras dura el hechizo, los dos se ponen a terminar esa partida de tatetú que habían empezado antes de que Frida naciera”. (Risas).

CP: El disparador de esta historia fue una nena que hizo un berrinche en el consultorio del dentista. Y en el caso de Lara, en Esto no es una caja, la nena tiene cosas mías de cuando era chica. Yo tenía un abuelo que me hacía juguetes artesanales. Se iba a una maderera, pedía los restos y se sentaba a jugar conmigo. Él era reciclador. Tapitas de yogures, frasquitos de redoxon… Yo me divertía muchísimo con mi abuelo. Esta cosa de usar las cajas para jugar, también la hacía. Era un clásico. Y esta historia surgió un día en el que yo estaba en la pileta del club, mis hijos andarían por ahí, y llegaron los chicos de la colonia. Como siempre, estaban los que no se querían meter al agua. Entonces, el profesor, “de castigo”, los dejó en una punta, aislados, lejos de los que nadaban. Solo tenían sus toallones. Los otros se divertían en el agua. Primero, se  recontra aburrieron, durante un largo rato. Charlaban, se molestaban, se pegaban… De pronto, uno dijo: “¿Dale que esto era una veterinaria?”. “Bueno”, le dijeron los otros, “Nosotros éramos los perros” (Risas). Chicos de nueve o diez años. Tres eran los perros, y el otro era el dueño de la veterinaria. Y cada una de las toallas era como la jaulita o el espacio del perro. Estuvieron jugando toda la hora que duró la clase de natación. Y a mí me pareció una maravilla. Cuando uno a veces tiene mucho, no puede inventar nada. No puede desear nada. Como estos estaban en el límite del aburrimiento, tuvieron que hacer algo. Y lo lograron.

jueves, 25 de junio de 2015

Del ministerio de la verdad

La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza. Estas frases son anverso y reverso del doblepensar que destruye la lógica y el pensamiento. En el natalicio del escritor británico George OrwellLibro de arena publica una nota sobre la ficción política distópica, 1984, publicado entre 1947 y 1948, luego del fin de la segunda guerra mundial.



Por Matías Serrano*


El mundo ha colapsado. La dominación se ha expandido a todos los rincones del universo humano y en un movimiento paradójico su significación ha implosionado. Parecería que ya nada queda por fuera de lo que se dice. Por fuera de lo que los medios dicen. En la era de la información cada signo se ha convertido en expresión de su propia naturaleza, y así en la reducción de las posibilidades de clasificar un hecho bajo las categorías de lo verdadero y de lo falso. Eso es viejo. Lo público y lo privado encuentran desdibujados sus límites, que transforman lo más lejano de lo otro en lo más próximo de lo propio. Los asuntos privados son de dominio público. La sociedad, convertida en escena teatral de un simulacro de sociedad, parece repetirse en un círculo sin salida. Sus instituciones, devenidas en pantomimas de instituciones han consumado su fin, han llegado a su término. El hombre ya no está en el centro de la escena. Fuera de foco, es más bien su víctima y también su victimario, pero en cualquier caso es un fantasma de lo que se propuso ser. Hace rato, en la literatura de anticipación se conjugan los elementos que señalan la creciente y opresiva complejidad de la fantasía de la libertad en la que vivimos. Autores como Huxley, Bradbury, además de Orwell, han incursionado en este terreno en el que se exhibe la mirada desencantada del mundo. Presa de sí, el ser humano ha perdido su soberanía. La era del dominio por el dominio es la que se eleva como sueño que suplanta el sueño de la creación y de la libertad, tanto colectiva como individual. Es la era del imperio del mundo.  Pero el hombre es el gran ausente. La distopía ya no es una clase de ficción, ni siquiera un modo de pensamiento; es la cara visible del mundo real, y la realización del mundo profetizado en 1984, de George Orwell. Winston Smith, su protagonista, habita un Londres dominado por el Gran Hermano y el partido único. El “diálogo” disrruptivo en que entran, el personaje individual con el sistema social, analiza e indaga en el funcionamiento de toda dictadura. De los totalitarismos de izquierda como de los de derecha. Aunque en su momento las analogías con el comunismo estalinista resultaran evidentes en el texto, dada la trayectoria vital del autor, hoy leemos otras cosas que nos pasan en la vida civilizada democrática occidental. Ese quizá sea el mayor legado de su obra y un propósito no pensado que hoy cumple. El relato del perfeccionamiento del control basado en falsear la realidad y manipular la opinión pública, vuelto realidad. Después de todo, aquello de lo que no se habla no ha existido, lo que no tiene palabra no tiene recuerdo posible o puede ser trocado por otro, según la conveniencia y oportunidad. Y cuál otra es la lógica de los medios de comunicación, sino la de instalar las agendas que gobiernan nuestras vidas cotidianas. La tentación de hacer esta lectura es tan fuerte que es parte ya de nuestro sentido común. Pero no es menos válido el ámbito de pensamiento que abre como espacio posible para la libertad. Por eso la importancia de Orwell, por eso la celebración del mayor de sus textos, 1984; porque su peculiar visión, hoy ya generalizada, no desaparezca del recuerdo.


*Matías Serrano: vive en Almagro, es estudiante de Comunicación social, nada disfruta más en la vida que viajar, y conocer otras formas culturales. En sus ratos de ocio se dedica a consumir teatro, cine y literatura.

miércoles, 24 de junio de 2015

Sumate a "Leyendo espero"

El Programa Bibliotecas para armar y el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires convocan a todas las peluquerías porteñas a sumarse al proyecto "Leyendo espero". Esta iniciativa ofrece instalar, de forma completamente gratuita, una biblioteca móvil compuesta por 100 libros.



Agenda semanal de actividades literarias

Todas las semanas el programa Bibliotecas para armar ofrece una serie de actividades gratuitas destinadas a promover el vínculo de las bibliotecas comunitarias con aquellas personas interesadas en formarse en temáticas relacionadas con el libro y la lectura. Además, brinda talleres especialmente pensados para niños y adolescentes



Miércoles 24

Pequeño escenario de lecturas II
En el marco de la muestra Casi lo mismo, este evento propone a los asistentes que elijan de un representativo “menú” de obras literarias, con traducciones especialmente seleccionadas para la ocasión, aquella que más les estimule la imaginación y sus recuerdos. Una intérprete las leerá especialmente para ellos.
A las 18 hs.
Museo del libro y de la lengua, Auditorio David Viñas, Av. Las Heras 2555

VII Festival Latinoamericano de Poesía en el Centro (23 al 27 de junio)
Poetas Invitados: Cristian Aliaga, Carlos Aprea , Guillermo Bianchi, Daniel Calabrese, Valeria Cervero, Alejo Carbonell, Federico Díaz-Granados (Colombia), Ángela García
(Colombia), Sergio Kisielewsky, Eduardo Langagne (México), Eugenio Mandrini, Janet
Mc Adams (EE.UU.) , Miguel Martínez Naón, Eduardo Mileo, Rafael Felipe Oteriño,  Marta Ortiz, Basilia Papastamatíu, Cristina Piña, Bernardo Reyes (Chile), Franco Rivero, Paura Rodríguez Leytón (Bolivia), Carina Sedevich, Susy Shock, Lasse Söderberg (Suecia), Santiago Sylvester, Lisi Turrá, Rafael Urretabizkaya, Miguel Ángel Zapata (Perú).
Programa completo: aquí
Del 23 al 27 de junio
Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543

SerEsSur Poesía Visual Patagónica
La propuesta expositiva reúne la producción de cuatro artistas patagónicos que dialogan en un tiempo y en un mismo/distinto espacio, en una única y múltiple diversa realidad. Un discurso que entreteje cómo se desarrolla nuestra identidad en este contexto local. Sus obras enmarcadas dentro del género poesía visual buscan, exploran, revelan este sentido dicotómico de seressur. Dibujos, objetos, intervenciones urbanas, libros de artistas y registros fotográficos.
Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543

Seis ciudades, seis autores La ciudad en la pluma
Un recorrido por la vida cotidiana y las preocupaciones de las primeras décadas del siglo XX: inmigraciones, mixturas, crecimiento urbano, desarrollo de los transportes, construcción
de identidades, estéticas nacionales, la lengua. Leopoldo Lugones, Buenos Aires, Felisberto Hernández, Montevideo, Oswald de Andrade, San Pablo, José Vasconcelos, México, José Carlos Mariátegui, Lima, Fernando Pessoa, Lisboa
Mayo - Junio 2015
Biblioteca Nacional, Sala Leopoldo Lugones, Agüero 2505


Jueves 25

Charla en el marco de las celebraciones del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús.
Organizado en colaboración con la Embajada de Irlanda y la Comisión Argentina de Homenaje al V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús.
Modera: Juan José Delaney.
A las 19 hs.
Embajada de España, Av. Figueroa Alcorta 3102 (entrada por c/Mariscal Castilla)

Libro marcado 2015
Ciclo Libro marcado : en este segundo encuentro del ciclo organizado por Cecilia Szperling, participan Mariano Dorr y Juliana Laffitte y Manuel Mendanha –Grupo Mondongo. Esta es una búsqueda de las marcas en los libros, los subrayados, las notas, los signos, las palabras, las anotaciones. Las huellas que dejó la lectura.
A las 19 hs.
Biblioteca Nacional, Sala Juan L. Ortiz, Agüero 2505

Risueños
Presentación del libro de Guada Suárez, publicado por Galáctica Ediciones. Presentan Ana von Rebeur y Sebastián Dozo Moreno. La autora es humorista gráfica y arquitecta. Ha publicado trabajos en diversos medios gráficos y participó en muestras nacionales e internacionales.
A las 19 hs.
Biblioteca Nacional, Sala Augusto Raúl Cortázar, Agüero 2505

Borges Palace. Sobre la tragedia del hombre político
Hay películas, decía Serge Daney, que miraron nuestras vidas. O en las que nos vimos existir. No podría pensarse el siglo XX y sus entusiasmos políticos o las tragedias históricas sin la filmografía en la que fueron siendo narrados.
Se proyecta La chinoise (Francia, 1967) Jean-Luc Godard. Guión de Jean-Luc Godard. Protagonistas: Anne Wiazemsky, Jean-Pierre Léaud, Juliet Berto, Michel Semeniako.
A las 21:15 hs.
Biblioteca Nacional, Auditorio Jorge Luis Borges, Agüero 2505


Viernes 26

La piel del poema, por Ignacio Bartolone
Atardecer crepuscular a Orillas del Paraná. Lúgubres sombras de Sauce Llorón y un fantasmagórico brillo sobre los juncos que reflejan una luna que se presenta lobuna y gigante. Atravesando esta estampa macabra y zanjuda se abre paso un espíritu errante que brama por un amor perdido. Dos mejores amigas llegan a la orilla del río para pasar un rato distendido sin advertir el inminente encuentro con lo sobrenatural y la aparición estelar de los héroes de turno
A las 22 hs.
Centro Cultural Rojas, Sala Cancha, Corrientes 2038

La Siberia de los sueños
Presentación del libro de relatos de Luciano Bertone, publicado por Ediciones Luxemburg. Edgardo Cozarinsky acompañará al autor.
A las 19 hs.
Biblioteca Nacional, Sala Augusto Raúl Cortázar, Agüero 2505

Ciclo de Historia y Teoría Teatral de AICA
Conferencia de Ezequiel Obregón: “Panorama de la escena queer en el circuito teatral de la Ciudad de Buenos Aires”. Ezequiel Obregón es autor de la antología Teatro queer.
A las 17.30 hs.
Centro Cultural de la Cooperación, Sala Nelson Giribaldi, Corrientes 1543


Sábado 27

Seré tu madre tranquila
Es una promesa imposible imaginada desde el lugar del hijo. Un ensayo íntimo sobre el mundo que rodea a la madre.
La necesidad de dar cuerpo y voz a los personajes que nos conmovieron, para entender por qué uno es quién es. Entrada: $60
A las 21:30 hs.
Centro Cultural Rojas, Sala Biblioteca, Corrientes 2038

Dios tenía algo guardado para nosotros
Un día Cristal conoce a Mateo por casualidad y cree que se enamoró de él. Mateo no sabe lo que siente por ella pero le encanta estar a su lado. Cristal está perdida y enamorada, pero entre la puerta del amor y la puerta del rechazo, está Dios de por medio para guiarlos.
Entrada: $40. Importante: La boletería abre dos horas antes de la función.
A las 21 hs.
Centro Cultural Rojas, Sala Cancha, Corrientes 2038


Domingo 28

Ciclo de cine: Seis ciudades, seis autores
En ocasión de la muestra Seis ciudades, seis autores, en este ciclo reunimos los films más paradigmáticos que han retratado a las ciudades elegidas.
Amores perros (México, 2000), de Alejandro González Iñárritu (150 min)
A las 18 hs.
Museo del libro y de la lengua, Auditorio David Viñas, Av. Las Heras 2555


Lunes 29

Disquisición del grito
Presentación del libro de poesía de María del Carmen Poyo Martínez, publicado por Ediciones AQL.


Martes 1

Borges: Itinerarios 1949-1952
Exposición it
inerante bibliográfica que recorre, a través de la palabra de Jorge Luis Borges, distintos aspectos de su biografía: su relación con los libros, la lectura, la Biblioteca Nacional, y los distintos lugares que habitó o visitó a lo largo de su vida.
Del 3 de junio al 3 de julio | 8 a 19 hs.
Hall de entrada de la Biblioteca Pública de la UNLP, Plaza Rocha Nº 137,  La Plata.

Libros para revolucionarios
Muestra conjunta del Museo Histórico Nacional del Cabildo y la Revolución de Mayo y la Biblioteca Nacional en donde se exhiben libros y periódicos que leyeron los dirigentes de Mayo. Se exhiben la traducción manuscrita realizada por Mariano Moreno de la Constitución Federativa de EEUU de 1787; La Representación de los hacendados, de Mariano Moreno (1810); la Gazeta de Buenos Ayres de 1810, entre otros.
Del 20 de mayo al 17 de agosto
Sala del Tesoro de la Biblioteca | Sala Hardoy (Patio del Cabildo), Bolívar 65


Convocatorias

Microcuentos para niños Editorial Verbum (España)

Género: Infantil
Premio: Edición
Abierto a: españoles e hispanoamericanos, mayores de edad
Entidad convocante: Editorial Verbum
País de la entidad convocante: España

Fecha de cierre: 30 de junio de 2015
Más información: aquí

martes, 23 de junio de 2015

Estar a la deriva

Unidad, junto con la naturaleza, y unidad de la representación de la naturaleza del hombre, el río es el símbolo ambivalente de la fijeza y la transformación. El destino solitario de todo hombre se halla inscripto en él y en la imagen que refleja. Libro de arena comparte una nota personal sobre Quiroga, que apunta un conjunto de impresiones de lectura a propósito del cuento “A la deriva”.




Por Eugenia Galiñanes*

El río va. El río baja. El río fluye. A su alrededor, la naturaleza permanece inmutable. Todo cambia para que nada cambie.
La primera vez que leí el cuento “A la deriva” de Horacio Quiroga tenía 13 años. Acababa de empezar el colegio secundario y muchos mundos nuevos se abrían, como ventanas y puertas concatenadas. La literatura fue uno de ellos. Junto con aquel, leí todos los “Cuentos de amor, de locura y de muerte” y quedé fascinada. Un poco por la oscuridad y la pesadumbre que atraviesa la prosa de Quiroga (¿a qué adolescente no le fascina lo trágico?), pero también por su lirismo profundo, por sus descripciones abigarradas y su narración contundente y, sobre todo, por la temática que atraviesa su obra: la soledad, la naturaleza, lo salvaje, el destino irremediable, la muerte y el hombre frente a todo. 
“A la deriva” no cuenta mucho. Cuenta poco para decir mucho. Es una historia sencilla en el plano discursivo que, no obstante, deja traslucir mucho en el orden simbólico. Un hombre, que vive en un entorno selvático y cuyo nombre no sabemos al comienzo, es picado por una serpiente venenosa. Decide buscar ayuda en un pueblo vecino y para ello sube a su canoa. Presa del dolor y el entumecimiento que le provoca el veneno fatal, no puede ya palear y deja que la corriente lo lleve. Anochece en el Paraná. Al hombre le sobrevienen una serie de recuerdos. Por un instante el dolor agudo se va, siente frío y, finalmente, muere.
Si esta historia fuera la historia de ese hombre individual quizás no sería tan interesante. Pero sucede que ese hombre es todos los hombres. Es el hombre “antisocial” de Quiroga, ese que escapa a la selva queriendo huir de lo civilizatorio. Si tan sólo se pudiera salir de la opresión del ámbito social, de los vínculos, de las relaciones, si tan sólo el hombre pudiera encontrar su liberación en lo natural... Sin embargo, el hombre trágico tampoco puede realizarse en ese otro entorno. El hombre y su civilización pueden coexistir o confrontar con la naturaleza, pueden vivir con o de espaldas a ella, pero la naturaleza es más fuerte. Es más fuerte porque estuvo antes y estará después.  Es el orden de lo ya determinado. Y porque lo trágico está a su vez en la naturaleza del hombre, es una operación de su mente, es una estrategia argumental que traduce su conexión con los otros y el universo.
Los finales trágicos son marca registrada en la literatura de Quiroga, la idea de un destino ineluctable que signa al hombre como individuo pero también, en él, como humanidad.  El hombre de esta historia (que es ése, que tiene nombre, que se llama Paulino, pero que bien podría ser otro, o todos), aunque lucha por salvarse terminará pereciendo, hamacado por el río, recorriendo kilómetros de soledad. Pero esa soledad no es tal únicamente porque el hombre viaja solo en esa canoa que lo lleva sin rumbo hacia su final, sino porque, en definitiva, cada hombre (y por eso todos los hombres) está solo ante la muerte. El río va. El río baja. El río fluye. A su alrededor, la naturaleza permanece inmutable. Todo cambia para que nada cambie.


Horacio Quiroga
Cuentos de amor, de locura y de muerte
Buenos Aires, Gárgola, 2013

















*Eugenia Galiñanes: vive en Caballito,  fue y sigue siendo de Ferro hasta la muerte, estudia artes escénicas, es bailarina, docente, y fanática de sus sobrinos.

Entrevista a Oche Califa

En el marco de los #EncuentrosLIJ organizados por el Programa Bibliotecas para Armar, Mario Méndez entrevistó a Oche Califa. El creador de Diario de un novelista contó su vida de escritor y se le animó a la poesía. 



El fantasma del 126

Este miércoles 24 de junio culmina el taller "Ciudad de viñetas" realizado en la Biblioteca "Ofelio Vecchio" del Club Nueva Chicago. Se  presentará la historieta "El fantasma del 126", versión libre del cuento "El colectivo fantasma" de Ricardo Mariño, creada por los chicos de la Escuela Nº11 D.E. 20 "Emilio Von Behring". 


lunes, 22 de junio de 2015

Ese infierno tan temido: Bajo el volcán de Malcolm Lowry

Lo desconocido de lo otro puede ser paraíso e infierno, creación y destrucción, su seducción, letal. Malcolm Lowry hizo su viaje de experimentación literaria a México para descubrir lo que otros tantos escritores del siglo XX también buscaron en las mismas tierras o en otras. En la semana en que se cumple un aniversario de su nacimiento Libro de arena publica un artículo en su memoria.



Por Paula Croci


América Latina en general y México en particular aparecen durante la primera mitad del siglo XX como un norte que artistas y escritores de la modernidad desean alcanzar con fin de extremar sus vivencias y consolidar su obra. D. H. Lawrence, Antonin Artaud, Graham Green, William Burroughs, André Breton, Jack Kerouac,
Aldous Huxley, Ambroise Bierce, John Reed, Italo Calvino y Malcolm Lowry, entre otros pilares de la literatura del último siglo, fueron a México como parte de un programa de viaje hacia lo otro étnico e interior y se encontraron con un mundo atractivo, pero “perverso” y “repugnante”; en otras palabras, descubrieron un espacio verdaderamente dionisíaco, con potencial para la muerte y la creación.
Malcolm Lowry llegó a México en 1936 en un viaje con el que parece haber querido repetir los pasos que había trazado D. H. Lawrence en 1924, evocar sus episodios, reescribir cada una de sus frases. De estas experiencias, resultaron dos novelas cuyos títulos remiten a dos íconos de la mexicanidad: La serpiente emplumada, de Lawrence (1926), representación de Quetzalcóatl, un “dios de rostro claro, con barba, que tuvo que salir de México para sumergirse de nuevo en el baño de la vida”, simbolizado por una serpiente cubierta de plumas; y Bajo el volcán, de Lowry (1947), que hace referencia a los montes volcánicos, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, laderos de la ciudad de Quauhnáhuac, nombre indígena de Cuernavaca; ese espacio que los dos escritores eligieron para intentar entender una cultura que para ellos, sin duda, custodiaba el origen de la raza humana, pero que escapaba a su comprensión.
Para Lawrence, Iztaccíhuatl, la Mujer blanca, brillaba y daba la impresión de estar cerca, pero Popocatépetl, quedaba más en el fondo, en la sombra. Los dos monstruos erguíanse majestuosos, como guardianes gigantes de aquella sangrienta cuna de la humanidad, el valle de México. Lejanos, inmensos, los montes parecían como si dejaran escapar una especie de gruñido sordo, demasiado grave para que el oído pudiera percibirlo, pero que se sentía en la sangre: un ruido de terror. No producían el efecto de entusiasmo y de alegría que suelen producir las montañas nevadas de Europa, sino más bien aparecían como hombros hercúleos cuyo peso oprimía la tierra y que rugían como leones al acecho. 
Mientras que para Lowry: “Lejos, a su izquierda, en el nordeste, más allá del valle y de los contrafuertes en forma de terraza de la Sierra Madre Oriental, ambos volcanes, Popocatépetl e Iztaccíhuatl se erguían majestuosos y nítidos, contra el fondo del crepúsculo.” Porque México es, en la novela de este último, ese espacio exótico –paradójico y contradictorio-, poblado de simbolismos encantadores que llevan al viajero inglés a su propia disolución como sujeto y lo predisponen a atravesar los límites que conducen a la alucinación, el delirio y la muerte, no solo por la bebida, sino también por la relación hostil entre México e Inglaterra producto de la expropiación petrolera.
México es el paraíso infernal. Eterna primavera, zopilotes, buitres, cantinas, mezcal, perros muertos y el imponente volcán son los fantasmas que acechan a quienes deciden demorarse en el territorio y desafiar sus umbrales de resistencia. Mientras tanto, la dipsomanía aporta la potencia para elaborar una alegoría de la caída del hombre en una novela que no trata sobre la historia de un caso singular de alcoholismo, sino en la que el sobrevenir borracho constituye una verdadera forma-de-vida para el personaje y una poética para el escritor.


Paula Croci es licenciada en Letras de la Universidad de Buenos Aires. Cursa la Maestría de Historia del Arte Argentino y Latinoamericano en IDAES, Universidad de San Martín. Es docente de Literatura del siglo XX en la Facultad de Filosofía y Letras y de “Semiología” en el Ciclo Básico Común de la UBA. Ha publicado los volúmenes Los cuerpos dóciles. Tratado sobre la moda (La marca, 1993), Biografía de la Piel (Perfil Libros, 1998), Lesa Humanidad. El nazismo en el cine (La Crujía, 2003) y Estudio crítico sobre El abrazo partido (Pic-Nic, 2010). Este texto fue extraído del libro Lecturas de Siglo XX. Viaje, límite, umbral (Laura Isola ed., de ediciones Cabiria)