viernes, 31 de julio de 2015

Cargas Generales

Final del viaje. Unos recorridos se terminan y otros comienzan. Para finalizar el mes dedicado a las publicaciones sobre literatura de viaje, Libro de arena comparte una ficción de Daniel Lopes, “Cargas generales”, publicado en el libro Agosto y otros perros por editorial Colisión . El cuento relata la historia de un camionero cuya experiencia vital le resulta inenarrable e indescifrable. En esto consiste la tarea del narrador, contar con palabras lo que está hecho de una materia totalmente distinta a la de la palabra. Esa traducción, esa traslación, es también una forma de viaje.



Por Daniel Lopes

Crespi decía que no tenía suerte. Ni mala, ni buena, decía, no tengo suerte. Nunca le pasaba lo que quería, las cosas le pasaban y punto, según él.
Los que lo conocían desde su época en el expreso, decían que tampoco tenía ideas. Y no era que lo dijeran porque cada vez que le preguntaban algo él respondiera "no tengo idea". Es que en verdad no las tenía. Incluso cuando le dijeron de pintar una frase en el camión, de esas que pintan con ribetes y fileteados, Crespi dijo que no se le ocurría ninguna. Podés elegir una, no se te tiene que ocurrir, le dijeron. Él no supo cuál elegir.
Entre los camioneros se da mucho lo de estar trazando planes para salir de "esto" como llaman a su trabajo. Todos los camioneros -de aquel expreso al menos-, todos, sin excepción, tenían planes para dejar de manejar camiones. Crespi, en cambio, decía que a él le gustaba estar solo en la ruta.

Los camioneros suelen inventar leyendas. El anecdotario se basa en hacer de una pequeña historia sin importancia, una anécdota que quede instalada en la ruta, en las paradas, en los depósitos, talleres, garajes y fábricas.
El camionero se da maña para construir su propio personaje. Tiene experiencias, le suceden cosas como a cualquiera. El secreto está en saber contarlas. Una anécdota o un plan para el futuro no son nada sin un oficio para contar. Y los camioneros hablan de sus historias y de sus futuros con indudable dedicación, como si estuvieran hablando no de ellos sino de un amigo a quien es preciso defender.
Ahora bien: Si un camionero no tiene suerte y no dispone de historias para contar, debe, sí o sí, echar mano a la imaginación. Aquello que ha visto, más lo que ha escuchado, más lo que le contaron, más lo que inventa, ese es el último recurso.
El caso es que Crespi no supo explicar nunca lo que le pasaba.
Todos a su alrededor contaban historias y planes, menos él. Bueno, ¿Acaso alguien hablaba con él?  Incluso cuando lo del cambio de convenio, todos lo sabían y habían estado de asado en el garage y no se lo habían mencionado. ¿Por qué? Era mejor no hacerse esas preguntas. A veces creía que se lo hacían a propósito y otras que no se daba cuenta de nada. Mejor conservar la duda sobre ambas hipótesis. Bomparola y Salvatierra dieron por sentado que él ya lo sabía y empezaron a cargarlo y a hacer bromas imitando su cara de sorpresa. Ya tenían algo más para contar. Peralta, en cambio, intentó convencerlo de que no había sido mucha la pérdida. Los otros reían y Crespi pensó que Peralta sentía lástima por él. Pero ¿era lástima? No lo sabía, no podía estar seguro. Su vida parecía oscilar entre la ignorancia y el malentendido. Apenas pudo mantener la mirada en los ojos del otro deseando que dejase de hablar, y, mientras, juraba no confiar nunca más en Peralta.
Crespi no tuvo problemas serios con los gendarmes. Y si los tuvo fue por no traficar gran cosa. Salvo aquella vez, hace años, cuando lo de las calculadoras en las cajas de los cepillos. Pero no tuvo suerte. Así que cuando fue a Córdoba con Salvatierra, se metió en el casino y después en un club y ni siquiera supo aprovechar ese fracaso para transformarlo en una anécdota respetable que lo identificara de alguna forma y lo dejara bien parado ante los demás. Salvatierra, en cambio, hizo del relato de Crespi en el casino perdiendo toda la plata de las calculadoras, un memorable episodio que aún hoy es recordado en las paradas. Incluso entre los gendarmes. El relato y Salvatierra son recordados. Crespi, en cambio, se quedó hablando de su suerte con una especie de tierno rencor, si cabe. Así hablaba también de Mirna, la cordobesa, su primera mujer. La que conoció esa noche, en el club, junto al casino, aunque nadie lo sabe. Él no supo contárselo a nadie. Ni siquiera a Mónica, su mujer.
Antes de Mirna, Crespi conoció otras mujeres. En ciertos caseríos minúsculos, al costado de la ruta, como aquél donde había un taller iluminado día y noche, con un perro encadenado que ladraba todo el tiempo y un auto viejo y abandonado que hacía las veces de gallinero bajo los flecos de un sauce. Crespi se familiarizó con el padecimiento de dejarse ver mientras se quitaba la ropa. No muchas otras cosas guardaba en su memoria diferentes a ese padecer, a la incomodidad de saberse mirado más que desnudo. Crespi se movía sobre aquellas mujeres sin quejidos, inesperadamente desesperado, mientras a su espalda se hacía enemigo el silencio, quebrado a veces por una risotada en la habitación vecina, el crujir de otra cama, el ladrido imperturbable de aquel perro arrastrando su cadena. Nada lo enardecía, ni la fatiga, ni el alivio, ni aquello que creía recibir o dar. Después, ya en su camión, mientras se escuchaban mezcladas varias emisoras, mientras el amanecer se demoraba, iban creciendo en él ciertas palabras que hubiera querido decir y que guardaba siempre para la próxima. La radio estaba siempre encendida, a punto tal que había dejado de escucharla. Lo mismo pasaba con aquellas palabras. Sin vértigo, la ruta se tragaba esas palabras como se tragaba todo: nombres de mujeres. Días. Noches, mejor.
Pasó el tiempo y un día Mirna, la cordobesa, empezó a ponerse amarilla y decidió volverse a Buenos Aires. Lo fue a buscar a la casa de Burzaco y él dejó que durmiera en la habitación que había dejado disponible Damián, el hijo de Mónica.
A la mañana siguiente los tres fueron a ver al médico. Viajaron en tren y durante el viaje él miró constantemente por la ventanilla. Nunca le había prestado atención al viaje en tren. Ese día tampoco.
Cuando Mirna dijo su edad, Mónica se sorprendió. Dos veces más tuvo que acompañarla. Después Mirna volvió a Córdoba y cuando Crespi regresó de un viaje tuvo los detalles. Mientras él no estuvo en la casa, Mirna y Mónica habían hablado. Fue casi al final. Hablaron y Crespi lo supo. Lo descubrió, en realidad, porque era como si Mónica estuviera ahora contaminada por el ánimo de la cordobesa. Como si aquella la hubiera invadido. Parecía poder verla en la forma en la que juntaba las yemas de los dedos de ambas manos como si se los estuviera midiendo, en el silencio con que se abrazaba las rodillas mientras él, desorientado, sentía ganas de pensar en otra cosa, cualquiera, en algo que le hubiese ocurrido en otro tiempo, y deseó estar en el futuro, y que ya hubieran pasado años.
Con frecuencia le pasaba eso: se quedaba callado mirando fijamente un punto. Parecía caer en trance o algo parecido. A veces ni se daba cuenta que alguien le hablaba, incluso alguien ahí nomás, frente a él. Y cuando le preguntaban en qué estaba pensando su respuesta era que no lo sabía. Inmediatamente después le ocurría que hacía algo: tomaba una decisión. Esta sería una de esas veces. Como cuando se compró la moto. Tenía casi veinte años y había estado ahorrando dinero. No tenía idea de qué haría con él, pero ahorraba. Una tarde estuvo sentado en el garage mirando fijamente un lugar ahí dentro, en el fondo. Alguien debió de haberle preguntado que qué estaba haciendo o en qué estaba pensando o algo así. No supo responder nada, simplemente se puso a limpiar ese lugar y al día siguiente compró la moto y la guardó allí. Ahora, luego de dejar a Mónica en el dormitorio, salió y se sentó en el estribo del camión y ahí se quedó. Es difícil saber si realmente comprendía lo que iría a hacer, sin embargo, sólo cuando desenganchó el acoplado, supo que no iría a buscar la carga, sino que iría a Córdoba a buscar a Mirna.
El club seguía en su lugar. Mirna había desaparecido. En el bar le dijeron que había vendido todo para irse a Buenos Aires y que de ahí se iría al sur, que había estado ahorrando mucho para ese viaje. Siempre quiso conocer el sur, le dijeron. Él ya lo sabía, tantas veces Mirna le había insistido con eso de ir a conocer.
Mirna era demasiado linda y hacía que él se sintiese feo, feo y aburrido. Y torpe. No sabía ni contar bien una historia. No sabía hacer reír a nadie, tampoco a Mirna.
Cuando estuvieron juntos él solía pensar que si Mirna conocía a alguno de sus compañeros, a Bomparola, a Fonseca, a Salvatierra, cualquiera de ellos, comprendería lo torpe que era él. Lo feo, lo aburrido. Y por eso no le decía nada a nadie. Por eso nunca le contó a nadie sobre Mirna y la sacó del club y se la trajo a Burzaco y la dejaba sola en la casa. Y por eso pensaba que ella lo engañaba con otros hombres y por eso empezó a gritar por cualquier cosa, a mirarla cuando ella dormía a su lado, a quejarse porque nada estaba hecho a su gusto en la casa cuando él regresaba, y después, a volver de los viajes sin aparecer por Burzaco, que era otra forma de hacerle daño, de abandonarla, porque en el fondo, se decía, Mirna se merecía algo mejor.
Sí, ella se merecía algo mejor que a él. No tenía idea por qué pensaba así. Esas cosas le fueron apareciendo con el tiempo, como aquellas verdades que escuchaba en las parrillas y que no verificaba nunca de tan sencillas que le parecían, de tan reales. También las fue olvidando, una por una. En el pasado se había construido un olvido a medida para el futuro.
Ella merecía algo mejor y cuando lo dejaron entrar en la pieza de Mirna, la pieza que ella ocupó el último año y medio, y cuando se encontró allí, con la luz del día proyectada en la mesa, las puertas torcidas del ropero, el sobrecito de lavanda y el colchón consumido y arrollado, por eso cuando vio, cuando pudo ver, cuando escuchó que detrás de él murmuraban "es Crespi, el camionero, el que se casó con Mirna, ¿no te acordás?" comprendió lo que estaba pasando. Él era Crespi, él seguía siendo Crespi. Él tendría que seguir siendo Crespi.
Ya no volvió a viajar al sur. Una empresa, un expreso nuevo, con camiones nuevos traídos de Italia lo contrató para hacer viajes desde Quequén a Buenos Aires.
Nada del otro mundo.
Allí no lo conocía nadie. Bien podría hacerse dueño de las historias de sus ex compañeros. De hecho cuando varios de los nuevos compañeros supieron que él había trabajado en aquel mítico expreso patagónico, quisieron corroborar ciertas historias, la existencia de ciertos personajes. Él no supo o no quiso contar nada. Allí terminó la novedad del 'nuevo' y empezaron a dejarlo tranquilo, como él siempre deseaba, porque deseaba que la gente lo dejara tranquilo. Y se repetía, se preguntaba que por qué la gente no lo dejaba tranquilo, hasta llorar, diciéndose que él no se merecía eso que le pasaba.
Eso que le pasaba.
Eso, aunque no tuviese idea de qué se trataba.

jueves, 30 de julio de 2015

Viaje al corazón de un niño

A veces se viaja por placer, otras por necesidad, en busca de un destino mejor, por el deseo de aventura, o el reencuentro con los seres queridos. En una de las historias de la novela Corazón, de Edmundo De Amicis, “De los Apeninos a los Andes”, un niño cruza el Atlántico para encontrarse con su madre. Ese relato de viaje desde la mirada de un niño abre perspectivas inesperadas a la hora de pensar cómo era vista Argentina a fines del siglo XIX, cuando el lector del texto es también niño.



Por María Pía Chiesino

Uno de los libros más leídos y releídos de la ya mítica Colección Robin Hood a la que tanto le debe mi historia como lectora, fue Corazón, de Edmundo De Amicis. Con el formato del diario personal, se nos cuenta la historia de un chico, durante un año escolar.
En este recorrido, además de las historias cotidianas que acontecen en la escuela, se les presentan a los lectores las “historias del mes”, que relata el maestro, y que en general, refieren historias heroicas protagonizadas por niños.
Una de estas historias es “De los Apeninos a los Andes”. Un relato de viajes que en su momento me llamaba la atención, porque Marcos, el protagonista que viaja buscando a su madre, llegaba a la Argentina, un escenario nada habitual para la literatura infantil y juvenil, por esos años. Las historias sucedían en la selva, en el mar… en el fondo del mar, inclusive, pero no en las “rutas argentinas”. En este relato de un autor italiano, aparece nuestro país como el escenario de la aventura. Era novedoso, sorprendente, que un personaje que viajaba lo hiciera por Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Tucumán…
Probablemente la extrañeza que sentí como lectora en ese momento, tuviera su origen en mi desconocimiento por entonces, a mis diez años, de la importancia del aporte de la inmigración en la construcción de nuestra cultura.
La Argentina ya era un horizonte posible y esperado en muchos países de Europa, cuando se publica Corazón, en 1886. Y de esa realidad da cuenta este relato, en el que acompañamos a un chico de trece años que llega desde Génova para buscar a su madre, llegada un año antes en busca del trabajo que en su país se le negaba.
El viaje de Marcos incluye el traslado inicial en un barco, rodeado de compatriotas, que hablan su misma lengua y que en la medida que pueden, lo protegen y alientan en su proyecto. Desde que desembarca en el puerto de Buenos Aires, el recorrido va a estar marcado por sensaciones de extrañeza y de orfandad, que se van a ver mitigadas por encuentros por otros personajes, en muchos casos,  italianos como él.
La percepción que se tiene de la Argentina en la novela, da cuenta de la importancia y del peso de la inmigración italiana en nuestro país: el argumento decisivo para que el padre de Marcos autorice el viaje, es que, habiendo tanta población de ese origen en Argentina, el chico sólo debe llegar y preguntar la dirección de la casa en la que se supone que su madre vive y trabaja, para reencontrarse con ella.
Tanto Marcos como su padre desconocen la magnitud de las distancias a recorrer. Acostumbrados a su pequeño pueblito, creen que la mayor extensión que los separa de la ausente es la del océano. No es así, claro. Y desde que desembarca en Buenos Aires, el chico advierte que en Génova el viaje apenas había comenzado. En la Argentina, Marcos tiene que agregar a su viaje uno anterior y del que no tenía noticias : el de la familia de los patrones de su madre a Tucumán.
En su búsqueda, el pequeño viajero va a llegar a Rosario navegando por el Paraná, va a seguir hacia Córdoba, y desde ahí va a encarar el trayecto final de su viaje, en una caravana de carretas.
Uno de los aspectos interesantes que se nos presentan a los lectores mientras acompañamos a Marcos, es la solidaridad de sus compatriotas. Tanto en el barco como en tierra, el chico pasa por momentos de abandono y desesperanza. Y siempre sale adelante y fortalecido gracias al estímulo de otros italianos que le recuerdan la importancia de la valentía para la vida de tantos genoveses que se encuentran lejos de  casa.
Otro aspecto interesante es la visión del protagonista desde que llega a la Argentina, de esos paisajes que se caracterizan por la desmesura. Ya sean las ciudades, el Paraná, el desierto en Santiago del Estero o el monte tucumano, el paisaje que rodea a Marcos se presenta como inmenso e inabarcable. Esto se traduce para el chico en la sensación de que está embarcado en un proyecto casi interminable y de final incierto y por momentos, descorazonador. En semejantes distancias, encontrar a su madre comienza a parecerle un imposible.
A pesar de estos estados de ánimo que Marcos siente con fuerza en varios momentos del viaje, no abandona su camino: la necesidad de un reencuentro con  la mujer para llevarla nuevamente a Italia es más fuerte que el frío, el calor o la distancia.
Cuando lo necesita, pide ayuda, y siempre la encuentra. Al fin al cabo, nadie se niega a ayudar a un chico. En este punto la mirada europea es interesante: en el relato del viaje de un chico de trece años que atraviesa media Argentina, no se le presentan situaciones de peligro. Siente temor en algunos instantes, pero este miedo aparece como infundado. En todos los momentos en los que Marcos recurra al mundo de los adultos para que lo ayuden a seguir su viaje, va a encontrar ayuda: dinero, comida, trabajo, abrigo, un sitio donde dormir.
Lo que se interpone entre el protagonista y su madre son las distancias geográficas, no los obstáculos humanos.
Cuando finalmente se produce el reencuentro, las personas para las que su madre trabaja van a seguir en esa línea, y van a colaborar, en este caso ocupándose de devolverle la salud perdida, último escollo a sortear en  el fin de este largo viaje.
La madre de Marcos  se salva. La llegada imprevista del chico, al decir de los médicos, ha sido fundamental para devolverle las ganas de vivir, y permitirles ayudarla. Desde ese momento, solamente le deberá recuperarse, y emprender junto a Marcos el regreso a Italia, en un nuevo viaje, que  esta vez, quedará librado a la imaginación de los lectores.


Corazón

Edmundo De Amicis
Buenos Aires, Acme, Col. Robin Hood, 1958

miércoles, 29 de julio de 2015

Íntimo, Vincent Van Gogh

Tensado entre la genialidad y la locura, entre la exaltación de la creación plástica y el derrumbe espiritual y material, vivió y murió Vincent Van Gogh. La biografía novelada de Irving Stone es el texto que narra en primera persona los acontecimientos, sueños y deseos que atravesaron su vida. Libro de arena publica una reseña del libro que acerca la mirada íntima sobre el personaje, a ciento veinticinco años de su muerte.


Por Gabriela Vilardi*

Vincent Van Gogh fue y es un personaje que despierta las más apasionantes intrigas, la más extraordinaria curiosidad y es dentro de su simpleza que todos aquellos quienes gozamos de sus obras  encontramos un placer y una vitalidad difícil de expresar en palabras.
Me gusta creer que sus obras son un reflejo de su alma movediza, inquieta, vibrante, luminosa, aún en sus momentos más oscuros, casi imposibles de recorrer y vislumbrar en su totalidad. Es justamente este afán de adentrarnos dentro de su vida lo que también mueve a Irving Stone a inmiscuirse a las etapas más felices y las más tristes de la vida de este excéntrico artista holandés de finales del siglo XIX. Es en este relato donde se le permite a Vincent, en primera persona, narrarnos algunos de los eventos que marcaron su vida. Si bien de tanto en tanto el autor nos brinda indicaciones sobre la percepción de otros, sobre el carácter o el semblante de Vincent, es él mismo quien nos guía a través de su historia, dividida y articulada por los distintos sitios donde vivió nuestro personaje. El viaje comienza en Londres, siguiendo los designios de su familia trabajó allí como vendedor en una de las más importantes galerías de arte de Europa, cuyo gerente era su tío. Será el desamor lo que lleve a Vincent a la búsqueda de nuevos horizontes como así también el disparador del constante cuestionamiento respecto a su futuro. Debido a esta situación decidió cambiar el rumbo de su vida convirtiéndose en seminarista de la iglesia reformista; siguió así el camino de su padre. Pero su proyecto no prosperó ya que en el ínterin se inclinó más hacia la iglesia evangelista, actitud muy criticada por su entorno. Una vez convertido en cura evangelista, fue asignado a un pueblo minero muy pobre de Bruselas. Luego de un tiempo y tras involucrarse quizás demasiado para el gusto de sus superiores fue retirado de su cargo. Al encontrarse muy enfermo por la falta de alimentos debió permanecer unos pocos meses más allí y fue en este momento cuando empezó a bosquejar las personas que veía, las figuras que salían de la mina. Fue así que decidió que al retornar a Holanda le mostraría sus dibujos a Minheer Tersteeg, sucesor de su tío en la dirección de las galerías, confiando que alguien tan versado en arte pudiera vender algunas de sus pinturas o bien brindarle algunos consejos. Apenas este vio los dibujos, su primera reacción fue negativa. En ellos aparecían los esfuerzos del artista; mostraban el trabajo plástico, cosa poco apreciada en su momento, era leído como un signo de falta de habilidad. Le indicó, por ese notivo, tomar clases con uno de los pintores holandeses de mayor éxito de ventas, Anton Mauve. Vincent se trasladó a la Haya y comenzó con sus lecciones de pintura. En un principio ambos artistas entablaron una muy buena relación maestro-alumno, pero con el correr de los meses y la aparente imposibilidad de Vincent de acatar las directivas de su maestro, se comenzó a generar hostilidad concluyendo todo con una fuerte discusión iniciada por el mal carácter de Vincent. Las desavenencias con su padre, la decadencia económica y las enfermedades recurrentes no ayudaban al artista. Su hermano menor Theo lo socorrió y llevó de regresó a casa donde retomó su actividad; los paisajes de Nuenen le proveyeron no solo de escenas para sus cuadros, sino también de personajes: los trabajadores, los tejedores, las lavanderas.
“Su antiguo amor por el dibujo volvió a embargarlo, pero ahora sentía también otro amor: el del color”. Durante este periodo conoció a Margot, con quien buscó contraer matrimonio sin el apoyo familiar. Ninguno imaginó la tormenta que se desataría y el trágico final que acontecería: la decisión de Margot de terminar con su vida. Este hecho hizo a Vincent romper con su mundo familiar definitivamente, para instalarse con su hermano en París, donde pudo observar de primera mano los grandes artistas del momento: Monet, Manet, Sisley, y rodearse de los representantes de vanguardia: Toulouse- Lautrec, Seurrat, Gauguin, entre otros. La influencia irresistible de esta ciudad lo llevó a obsesionarse con el color, con la luz de los impresionistas del plein air, huellas que quedaron luego plasmadas en sus lienzos. Su paso por la cuidad de las luces no fue largo pero sí determinante. Gracias a Cezanne se trasladó a Arles, donde llevó hasta las últimas consecuencias la pintura al aire libre, a tal punto que a raíz de las quemaduras por el intenso sol de la región comenzó a quedarse pelado y a ser el centro de las bromas de los locales que lo empezaron a llamar el “pichón rojo”. Pintaba día y noche y cada vez le pedía a Theo, además del dinero para sobrevivir, pigmentos, lienzos, diversos materiales y a su vez le enviaba sus obras para que las tratara de vender.
La autobiografía ficcionalizada muestra en este afán de pintar y de vivir de las obras la cuestión de la profesionalización del arte que si bien se presenta con fuerza no se consuma. Acerca al lector a la intimidad de los planes, deseos, y sueños que supuestamente habrán cruzado la mente del personaje. Se nos ubica en un lugar de observación privilegiado. El plan de hacer una casa de artistas donde estos pudieran vivir en comunidad, dándose consejos mutuamente y cada uno ir desarrollando su habilidad fue parte de esa vocación y búsqueda de vivir del arte. Paul Gaugin accedió al proyecto, pero la convivencia áspera con Vincent Van Gogh terminó mal. El conocidísimo evento de la oreja de Van Gogh, que se corta para enviarla al burdel en donde se encontraba Gaugin fue su resultado. Su bajo grado de tolerancia de las bromas y críticas furibundas de su obra lo hicieron, sin dudas, romper la relación con su pintor amigo y ver que su proyecto se derrumbaba. La desesperación que esto provocara derivó en ese acontecimiento crudo e increíble. Obligado por la policía a permanecer una larga estadía en el psiquiátrico local no pasó mucho tiempo hasta que se quitara la vida. Y su obra y su figura, no reconocidas en vida, son hoy un legado de indecible valor.
Lo increíble del texto de Stone es la invaluable oportunidad de acercarse, de manera casi mágica, a entender todas las decisiones del artista, próximas por el discurso del yo como se presentan. Tras leer este libro se nos da la posibilidad de sentir una empatía casi familiar con Vincent Van Gogh, y su dolor y angustias se hacen carne. Se logra pasar de la figura del increíble y loco artista, al del sensible y profundo hombre cuyos sueños terminaron por consumirlo.

Lujuría de Vivir
Irving Stone
Madrid, Emecé, 2001











*Gabriela Vilardi: estudia la carrera de Artes en la UBA, y Van Gogh es uno de sus pintores favoritos.

Agenda semanal de actividades literarias

Todas las semanas el programa Bibliotecas para armar ofrece una serie de actividades gratuitas destinadas a promover el vínculo de las bibliotecas comunitarias con aquellas personas interesadas en formarse en temáticas relacionadas con el libro y la lectura. Además, brinda talleres especialmente pensados para niños y adolescentes. 

Miércoles 29

Vacaciones de invierno: Taller de narración con títeres. Cuentos cortos y leyendas
A partir de la lectura de cuentos y de nuestra propia imaginación, vamos a construir los personajes en forma de títeres para darle vida a las historias. (Orientado a niños de 6 a 12 años.)
De  14 a 16:30 hs.
Biblioteca Nacional, Sala Leopoldo Marechal, Agüero 2505

Taller de manga
Para aprender qué es y cómo se dibuja una historieta japonesa, estilo manga. Conocerán algunas técnicas básicas que se sumarán al análisis de historias y personajes de dibujantes reconocidos, para que puedan crear luego sus propias historietas. (Para chicos de 10 años en adelante.)
Destinado a chicos de 10 años en adelante.
De 15:30 a 18 hs.
Biblioteca Nacional, Sala Augusto Raúl Cortázar, Agüero 2505

Tal para cual
Libros y obras de Ayax Barnes y Beatriz Doumerc, realizada en colaboración con la biblioteca infantil La Nube y el entusiasta aporte de Gabriel Barnes. La exposición presenta un importante número de publicaciones, ilustraciones originales, fotografías y textos, y busca incentivar a través de juegos y actividades el acceso a sus libros a nuevos lectores.
Marzo - Julio 2015
Museo del libro y de la lengua, Auditorio David Viñas, Av. Las Heras 2555


Jueves 30

Lecturas y narraciones
Quelonios, la tortuga viajera, ¡viene a compartir cuentos y narraciones!
Taller de lecturas, arte, juego y préstamo de libros.
De 14 a 16:30 hs.
Biblioteca Nacional, 6º piso, Agüero 2505

Taller de ajedrez
¡Vení a divertirte! Habrá ajedrez tradicional y otras variedades muy entretenidas para quienes todavía no lo conocen y desean acercarse a este juego. ¡Los grandes también están invitados!
De 14 a 16:30 hs.
Biblioteca Nacional, Sala Leopoldo Marechal, Agüero 2505

Seré tu madre tranquila
Ópera prima de Ariel Gurevich. Es una promesa imposible imaginada desde el lugar del hijo. Un ensayo íntimo sobre el mundo que rodea a la madre.
La necesidad de dar cuerpo y voz a los personajes que nos conmovieron, para entender por qué uno es quién es.
A las 21:30 hs.
Entrada: $60
Centro Cultural Rojas, Sala Biblioteca, Corrientes 2038


Viernes 31

Taller de lectura, arte y juegos
La lectura es un viaje, nos subimos a las palabras y ¡emprendemos el vuelo!
De 14 a 16:30 hs.
Biblioteca Nacional, Sala Leopoldo Marechal, Agüero 2505

Compañía de Teatro Espontáneo La Chicharra
En este teatro se ponen en escena las historias del público. Los cuerpos, la poesía y la música componiendo una creación colectiva. Lo que sucede en cada función es único e irrepetible. ¡Armamos el teatro entre todos! ¡Vení! Compartí tus historias con nosotros y disfrutalas en el teatro con actores y músicos.
A las 16:30 hs.
Biblioteca Nacional, Auditorio Jorge Luis Borges, Agüero 2505

Cacodelphia. Presencia de Marechal
La muestra propone un recorrido por los andariveles tanto de la producción textual marechaliana como de la crítica en torno de su obra, que a lo largo de medio siglo ha ido tejiendo una red de interpretaciones, y que, junto a la potencia de su llamado, constituye acaso una de las claves de su actualidad.
Biblioteca Nacional, Sala Juan L. Ortiz, Agüero 2505

La piel del poema, por Ignacio Bartolone
Atardecer crepuscular a Orillas del Paraná. Lúgubres sombras de Sauce Llorón y un fantasmagórico brillo sobre los juncos que reflejan una luna que se presenta lobuna y gigante. Atravesando esta estampa macabra y zanjuda se abre paso un espíritu errante que brama por un amor perdido. Dos mejores amigas llegan a la orilla del río para pasar un rato distendido sin advertir el inminente encuentro con lo sobrenatural y la aparición estelar de los héroes de turno
A las 22 hs.
Centro Cultural Rojas, Sala Cancha, Corrientes 2038


Sábado 1

Lecturas y arte en vacaciones
Taller de lecturas, arte, juego y préstamo de libros para chicos.
El taller que la Biblioteca brinda todo el año también sigue en vacaciones.
Coordina: Área de Trabajo Comunitario de la Biblioteca Nacional
Sábados de 16 a 19 hs.
Biblioteca Nacional, Salón Comunitario Raúl Scalabrini Ortiz, Agüero 2505

Disparo de aire
¨La poesía es amor que encontró su ritmo¨ J.L. Ortiz. Disparo de aire es la versión teatral de un bolero. Se condensa el adentro y afuera de la casa. Una madre, dos hermanos, un marido; los roles están delineados y sus individualidades superan o desbordan.
Entrada: $60
A las 21 hs.
Centro Cultural Rojas, Sala Cancha, Corrientes 2038


Lunes 4

Club de traductores: Literatura latinoamericana en China
Conferencia de Guillermo Bravo. Guillermo Bravo es un escritor y editor argentino, co-fundador de la editorial la Guepe Cartonniere y de la revista de traducción Alba.  Actualmente reside en Beijing desde dónde colabora con medios como La Nación, Ñ, Página 12. Trabaja como profesor en la Universidad Capital de Beijing y es editor en Cathay Publishers. Coordina: Jorge Fondebrider.
A las 19 hs.
Centro Cultural de España en Bs.As., Florida 943


Martes 5

El diario íntimo: leerlo y escribirlo
Taller literario a cargo de Laura Freixas
El curso consta de tres partes:
Teoría e historia.  Definición, aparición y evolución del diario íntimo.
Lectura. Se comentarán en clase extractos de algunos diarios íntimos del pasado y del presente: Samuel Pepys, H.-F. Amiel, André Gide, Virginia Woolf, Rosa Chacel, Sylvia Plath, Juan Bernier, Jaime Gil de Biedma, Andrés Trapiello…
Escritura. Las y los participantes que así lo deseen aportarán algunas páginas de un diario propio (real o ficticio), que se comentarán en clase.
6 y 7 de agosto
De 10 a 13.00h
Con cupo limitado e inscripción en: www.cceba.org.ar/inscripcion hasta el 31/07/2015.

Bibliotecas de Rep
Piezas escogidas de una de las informales “series” que pueblan las publicaciones de Rep en las contratapas de Página 12: la de los libros de la biblioteca de Gaspar y su familia, y reflejan el vínculo entre libros y lectores a través de La biblioteca de Gaspar y su familia.
Biblioteca Nacional, Plaza del lector Rayuela, Agüero 2505

Libros para revolucionarios
Muestra conjunta del Museo Histórico Nacional del Cabildo y la Revolución de Mayo y la Biblioteca Nacional en donde se exhiben libros y periódicos que leyeron los dirigentes de Mayo. Se exhiben la traducción manuscrita realizada por Mariano Moreno de la Constitución Federativa de EEUU de 1787; La Representación de los hacendados, de Mariano Moreno (1810); la Gazeta de Buenos Ayres de 1810, entre otros.
Del 20 de mayo al 17 de agosto
Sala del Tesoro de la Biblioteca | Sala Hardoy (Patio del Cabildo), Bolívar 65


Convocatorias

Premio Fray Mocho (Argentina)

Género: Novela
Premio:   Edición
Abierto a: nativos u oriundos de otros lugares del país y argentinos naturalizados con una residencia mínima de cinco años en la provincia
Entidad convocante: Ministerio de Cultura y Comunicación
País de la entidad convocante: Argentina

Fecha de cierre: 30:07:2015
Más información: aquí

¡Nueva entrega de los Encuentros con escritores de la literatura infantil y juvenil de la Argentina!

Se viene la segunda parte de los Encuentros LIJ del año 2015. Y, para no perder la costumbre, tenemos, nuevamente, a los mejores. ¿Te imaginás quiénes vienen?


martes, 28 de julio de 2015

Cenizas, un viaje hacia el presente

Dios ha muerto; el hombre ha muerto; finalmente, la literatura ha muerto. O, al menos la forma de concebir cada uno de estos centros del pensamiento occidental se ha transformado al punto de necesitar ser repensados. Las nuevas tecnologías y modos de comunicación, el papel de los medios en la construcción del orden social, abren nuevas formas a lo humano. El desafío es emprender otros viajes y otras lecturas. Los textos favoritos que los lectores de Libro de arena comparten, abren lugar a esas experiencias. Dublinesca, la novela de Enrique Vila-Matas es el viaje recomendado de hoy.



Por Abril Sanguinetti*

Para mí, la muerte y los viajes se parecen. Hace un tiempo leí un libro sobre un viaje y un funeral, la muerte de una era que es también- como todo viaje, en realidad- un viaje en el tiempo. Han pasado tan sólo unos días desde la despedida de una gran poeta a quien pude velar junto a sus seres más queridos. Ese momento, aunque triste, tiene para mí una magia especial. Son los últimos instantes con los restos físicos de ese espíritu que ya no está, es el último adiós a la carne que ya es ceniza y, sobre todo, es cuando algo se detiene, termina, es el final de una vida, de un viaje por el tiempo y el espacio.
Dublinesca, una novela de Enrique Vila-Matas, nos sitúa en una Barcelona lluviosa, nublada, muy irlandesa, que planta en Samuel Riba, editor retirado, la urgencia de viajar a Dublin a celebrar el funeral de la Era de Gutenberg. Elije para ello la fecha del Bloomsday cuando se conmemora en esas costas a Joyce y a su Ulises. Rehabilitado del alcoholismo que lo acompañó durante su edad de oro profesional y conviviendo con su mujer posmodernamente budista, Riba carga con dos muertes: la de la imprenta literaria y la del genio artístico quien nunca siquiera dio sus primeros pasos hacia él.
Dublin es el destino de dos viajes: uno hacia el pasado, hacia el Ulises que pervive en hojas de papel y otro hacia el futuro - que ya es presente- de la era digital. Entre estos dos tiempos, Riba recorre las distancias irreconciliables de dos eras y al interior de la neurosis de un abstemio. La resaca del alcohol lo suspende en ese instante sin movimiento, en ese momento en que el mundo se detiene cuando un alma se desprende de su sustancia y el viaje termina o, más bien, continúa con un tripulante menos y a la deriva.
Tal vez, luego del funeral de la Era de Gutenberg, luego de que la literatura se desprenda de su sustancia, la lectura nos proponga un viaje nuevo, distinto, un viaje por nuevos universos digitales, incierto pero, a la vez, inquietante. Y, para Samuel Riba, la travesía comienza con un buen final, fúnebre, nebuloso, con un tono gris que, de a momentos, se mezcla con los más oscuros matices de un humor delicioso. 


Dublinesca
Enrique Vila-Matas
Barcelona, Seix Barral, 2011.

















*Abril Sanguinetti: es estudiante de la carrera de Letras, siente una particular fascinación por el viaje como tema literario por lo que disfruta de las lecturas relacionadas con los textos que trabajan sobre este eje; es más sensible a la expresividad de lo breve- cuentos, poesía- y al teatro aunque sus preferencias varían por temporadas. De los viajes, los que son en carpa son sus favoritos.

lunes, 27 de julio de 2015

Viajar para contar

Los viajes muestran los caminos por los que andamos. Contar los recorridos permite anclar las experiencias en el tiempo y en el espacio. En julio, el mes de los viajes, Libro de arena presenta una reseña acerca del libro Larga distancia, de Martín Caparrós, que hace la crónica de los viajes por distintos puntos del planeta, de los remotos y de los próximos, con un prosa ágil que invita a leer sin importar el lugar o la circunstancia.


Por Sabrina Abolsky*

Hay libros que se pueden leer en el colectivo o en el subte, esos que siempre están en la mochila “por si pinta”. Larga distancia de Martín Caparrós, en cambio, está bueno para leer en un viaje, o por lo menos en algún lugar que no sea donde uno vive. A ver. En primer lugar, porque se trata de crónicas no muy extensas, por lo que se puede empezar y terminar una (o varias) en un tiempo “cómodo” si se está de vacaciones o de viaje, sin necesidad de seguir muy concentradamente muchos datos argumentales.
Larga distancia se trata de una serie de crónicas de viaje, mezcla de relato periodístico, entrevistas, con descripciones bastante personales de lugares remotos, y no tanto, de situaciones cotidianas de estos lugares, de sus personajes y protagonistas habituales, con sus culturas, religiones, olores y paisajes particulares. Es entretenido que los lugares sean tan variados entre sí, como lo son Hong Kong, Madrid, Lima, Haití, Moscú, etc. porque es casi lúdico pasar de un lugar a otro, haciendo comparaciones, preferencias, e ir reconociendo la mirada crítica y subjetiva, para nada neutra, del narrador.
Logrado es cómo describe Caparrós estos lugares, no desde la voz del guía turístico que vende un lugar pintoresco, sino que lo pintoresco está en las situaciones cotidianas, describiendo diálogos, entrevistas, las comidas, el calor y el frío, las cosas que extraña, las que le llaman la atención. El efecto que produce es intensificar mucho lo sensorial, y estando uno mismo de viaje, aunque sea en lugares muy diferentes a los descriptos, da lugar a agudizar los propios sentidos ante las cosas extrañas que lo rodean mientras se lee lejos de casa. Para ilustrar esta sensación, una cita de un divague del autor sobre la frase “viajar para contarlo”: “el temor de que ya no pueda viajar sin la excusa de un relato futuro. Ese relato como amenaza que obliga a una intensidad de la mirada, que me obliga a ver lo que no miraría. Y la sospecha de que cualquier viaje sin esa amenaza sería de una levedad insoportable”. Lo interesante también es que dicha mirada es siempre incisiva y nunca es neutra. Si Caparrós viaja para contarlo, lo hará desde su punto de vista, que es subjetivo y político.


Larga distancia
Marín Caparrós 
Buenos Aires, Seix barral, 2004

















*Sabrina Abolsky: estudió Ciencia política en la UBA, vive en el barrio porteño de Caballito y disfruta mucho de escribir acerca de sus lecturas, inevitablemente vinculadas a su profesión.

sábado, 25 de julio de 2015

Leer en la peluquería: los libros buscan desbancar a las revistas

El Diario La Nación publica una nota acerca de la lectura en las peluquerías y destaca la realización del proyecto Leyendo espero. Aquí la compartimos.

Desde que el peluquero apoya el pincel con el colorante en la cabeza de la mujer hasta que ella sale radiante por la puerta como protagonista de publicidad, transcurre aproximadamente una hora.
Ese tiempo de espera, aparentemente infructuoso, es ahora eje de una acción de marketing que intenta atraparlo y sacarle provecho.
Puede ser que otros lo hayan hecho antes, pero si se habla de literatura en salones de belleza -una categoría que todavía suena rara y que, hasta aquí, era prácticamente sinónimo de revistas femeninas- la acción "Primer capítulo" muestra una oportunidad para el negocio.
Llega de manera simpática, casi silenciosa, pero la lectora en situación de canas que transita esta escena agradece.
El caso es que esa hipotética mujer, ahora, en vez de elegir entre el semanario de chismes y el de moda, puede optar por testear el comienzo de Los amantes bajo el Danubio, de Federico Andahazi; La templanza, de María Dueñas; El dios del desierto, de Wilbur Smith, o El puñal, de Jorge Fernández Díaz.
Y si cumple con el mandato de verse bien (autoimpuesto, claro), el mes pasado seguramente habrá extendido la mano hasta alcanzar la gélida tapa de Terrible accidente del alma, de Guillermo Saccomanno, y en estos días podrá probar un poco de ese voyeurismo que -dicen- contagia el thriller psicológico La chica del tren, de la hasta aquí desconocida Paula Hawkins, que hoy es récord de ventas en todo el mundo. Flaquísimos (ninguno supera las 40 páginas), todos estos libros llegan al exhibidor de la peluquería en un formato especial, de tipo cuadernillo, pero que respeta la tapa de los originales, que el lector buscará enseguida si muerde el anzuelo que todo autor de best seller que se precie - y la mayoría de éstos lo son- ha dejado escondido allí, entre las líneas del primer capítulo.
"No tenemos ningún prurito en ir con nuestros libros a la peluquería. Es una plataforma más de comunicación, alternativa y no tradicional. El público de Cerini tiene buena capacidad adquisitiva, sus locales están bien ubicados, varios de ellos en shoppings donde hay librerías que venden nuestros libros... Entonces resultan lugares muy atractivos", sincera la estrategia Sebastián Ansaldi, gerente de Marketing de Planeta, que ya puso una docena de títulos en el samplermetálico. Los libros, que se renuevan mensualmente, más que el criterio de novedad tienen como denominador común las buenas expectativas de ventas y están mayormente orientados al entretenimiento: es decir, es literatura comercial y de ocio. "Buscamos nuevos escenarios, aunque tampoco puede ser cualquiera: la instancia clave es la espera." De hecho, la acción "Primer capítulo" antes que en Cerini existió -y persiste- en las confiterías Nucha: allí el mozo ofrece con la carta el otro menú literario al que llega sin compañía.
También con el foco puesto en la persona que está sola y espera, el verano pasado el Ministerio de Cultura del gobierno porteño hizo un primer acercamiento a las peluquerías con libros. Aquel sábado en el salón de belleza Georgeo, de Núñez, entre cuentos infantiles y textos de divulgación, los vecinos se pasaban el dato sorprendidos, sin saber que estaban tomando la temperatura de una iniciativa que llega ahora con el título "Leyendo espero". Se trata de una convocatoria del programa "Bibliotecas para armar" a salones de belleza de Buenos Aires, para que se inscriban por mail (bibliotecasparaarmar@gmail.com) y reciban una biblioteca móvil, con cien títulos, de forma gratuita.
Como en una campaña de promoción de la lectura, en este caso, el objetivo es "llegar allí donde la situación y el tiempo permiten abrir un espacio a la lectura. Y las peluquerías son un lugar privilegiado en este sentido", consideran.
Dividida en secciones de literatura universal, latinoamericana y argentina, de variados géneros (infantiles, policiales, de arte), estas "estanterías abiertas" se instalarán con una modalidad de libre acceso y circulación: los clientes pueden consultar y llevarse los ejemplares prestados, así como también hacer donaciones. La idea es hacer circular y compartir el placer por la lectura.
Si bien no hay un enfoque de género en la selección bibliográfica de ninguna de las bibliotecas que están llegando a las peluquerías, son mayormente las mujeres las mejores clientas de este rubro, al que también acuden hombres y niños. La última encuesta de consumos culturales del Sinca (Sistema de Información Cultural de la Argentina) ofrece buenas razones para pensar en un pronóstico exitoso de estas acciones: en nuestro país -con el índice más alto de lectura de América latina (57%)- las mujeres leen más libros que los hombres y lo hacen durante más tiempo. En cualquier caso, la principal razón para no hacerlo es la falta de tiempo.



Publicada en La Nación, el 25 de julio de 2015

viernes, 24 de julio de 2015

Sandra Siemens: "Termino un libro y pienso que nunca más se me va a ocurrir nada"

La segunda parte de la entrevista a Sandra Siemens retoma la charla con la escritora a partir de su relación con el mundo editorial. La autora comentó acerca de la relación con las exigencias que las empresas editoriales le imponen a los textos y de los límites con los que se encuentran en las instituciones escolares en que son leídos, los de los docentes, los de las autoridades y los de los propios padres. A propósito de los obstáculos contó cómo su primer libro fue publicado en España, y no, en cambio, en Argentina. Además, relató los detalles de sus experiencias de escritura y la intimidad de la factura de muchos de sus libros de los que leyó distintos fragmentos. Para cerrar el encuentro realizó la lectura del texto Mi papá es un tlacuilo.



Asistente: ¿Alguna vez te pasó que un editor te pidiera que cortaras alguna parte, que sacaras alguna parte?

SS: Sí, me han pedido. Y también me acuerdo de una escuela en Córdoba el año pasado, con El hombre de los pies murciélago. Me escribió una profesora, que me dijo que en la escuela iban a dar la novela. A los dos meses me vuelve a escribir, cuando ya había empezado a trabajarla, desesperada, porque querían echarla de la escuela. Para mí fue muy angustiante, porque me decía que iban a echarla por culpa de mi novela. Una de las argumentaciones de la escuela era que incitaba a la violencia. Un montón de cosas, y “encima de todo”, no tenía un final feliz.  A veces uno se encuentra con esas lecturas. A veces es una cuestión de cómo lo manejan los mediadores. Porque es obvio que no son cuestiones que a los chicos no les interesen. A veces son justamente los temas que más les interesan.

MM: ¿Y qué pasó con esa maestra?

SS: Creo que finalmente no la dio, para cuidar su puesto.

Asistente: Igual la señora tenía unos problemitas. Porque podés buscar la  forma para llevar algo…

SS: Sí, pero además había un asunto con la postura de la escuela. Un montón de padres se habían quejado y habían hablado con la directora, y la pusieron contra la pared, porque consideraban todas esas cosas acerca de la novela.

Asistente: Sí, pero hay una falta de fundamento de ella, porque si te ponen contra la pared, y no tenés argumentos para defenderte vos o para defender tu trabajo…

SS: Por eso digo que nada es tan tajante. Son cosas que a veces ocurren y que tenemos que ver cómo las sorteamos.

MM: Parece que la señorita les dijo a los papás que “leer es una aventura, meterse en una historia es como meterse en una selva. Ir salvando obstáculos, esquivando peligros, abriéndose paso, sin importar la sed o el cansancio, hasta que al final encontrás el tesoro”. Esto es de La polilla, todo esto lo dice la maestra al alumno que después se convierte en una polilla, y cuando él escucha todas estas cosas, piensa: “¿De qué tesoro me estará hablando?”. La maestra, al final del discurso dice: “¿Te gustaría tener ese tesoro?” “Sí. -dijo Nacho, nada más que para no llevarle la contra.”, “Bien, a ese tesoro no se llega practicando, se llega usando otros mapas, ¿entendés?” “Sí. “- La verdad, no había entendido un pepino. Por suerte la señorita Marta no siguió con las preguntas.”. Todos decimos estas cosas a  veces, frente a la lectura. ¿Este llegó a las escuelas?

SS: Sí llegó pero como Random House no trabaja con promotores y visitas de autor a escuelas, no tengo devolución de lo que pueda pasar, a menos que me lo cuente un maestro. No es lo mismo que con otras editoriales que tienen  promoción en escuelas, que llevan a los autores de visita y eso. En esta novela, Nacho, que se convierte en polilla, finalmente se come el Quijote. (Risas).




MM: El lunes pasado terminé el encuentro leyendo, casi entero, Un nudo en la garganta, bellísimo libro que toma un tema agudísimo, que es el del adulto que no escucha. Y que le dice al chico que algo le gusta, pero el chico se da cuenta de que no es así. Con un tono que parece menor, pero que no es menor. Y otra vez como con La polilla, una metáfora fuerte. El nudo en la garganta a esta nena no le permite tragar. Justo abrí el libro en esta ilustración bellísima de Noemí Villamuza de la nena que está con suero, porque ha dejado de tragar por el nudo que le produjo el rechazo de su maestra. ¿Hay posibilidad de tener este libro en las librerías porteñas?

SS: No sé, tendría que encontrar editor. No es fácil.

Asistente: ¿Qué editorial es?

SS: Está en España, en Oxford.

MM: Es muy bello. Aunque algunos escucharon el lunes pasado, creo que vale la pena repetir algunas cuestiones. Esta nena está en la escuela, le encanta dibujar, y dibuja un cerdo enorme de color violeta. Entonces ella piensa: “Mi cerdo ocupó toda la hoja, y apenas tuve  espacio para poner el título subrayado: Cerdo. Mientras tanto, la señorita va mesa por mesa, mirando los dibujos que hacíamos. Castillos, princesas, supermanes, flores, pajaritos y mi cerdo violeta. Andrea había pintado una casa con techo rojo y paredes amarillas, un árbol con tronco marrón y hojas verdes, un sol amarillo y unas nubes celestes.  A mí me parecía muy aburrido, pero cuando la señorita lo vio le dijo: “¡Qué hermosura! Lo vamos a colgar aquí, en la pared de enfrente.” Yo enseguida pensé: “Si el dibujo de Andrea, que es tan aburrido, le parece una hermosura, entonces cuando vea el mío seguro que se desmaya de la emoción.” ¿Un cerdo? Sí, seño, le dije toda contenta, mientras terminaba de pintarle un poco de barro, porque a los cerdos les encanta el barro. ¿No será un cerdito? No, seño. ¿No ve lo gordo que es? No es un cerdito, es un cerdo. ¿Y violeta?
¿Qué me quería decir? ¿No le gustaba el color violeta a la señorita? Bueno, está bien, me dijo. Pero no estaba nada bien. La verdad es que mi cerdo no le gustaba a la señorita.” A partir de ahí, ese nudo en la garganta de esta nena, que se resuelve al final con esa genia que es la doctora. Es muy bello este libro, tiene que encontrar editor. ¿De dónde salió la idea del nudo en la garganta?

SS: Ese fue el primer cuento que yo escribí. Y como hace mucho tiempo, no tengo ni la menor idea de donde salió. No me acuerdo.

MM: ¿Y antes de ser publicado en España lo ofreciste?

SS: Sí, lo ofrecí y nunca se publicó.

MM: No habla muy bien de los editores argentinos. ¿Y hay posibilidades de ofrecerlo por acá?

SS: Sí, no es fácil pero tengo los derechos de Argentina, así que puede ser.

MM: Editores avisados que lean esto, para que podamos disfrutar de este libro acá. Poesía. Es algo en lo que no has abundado, ¿no?