Simenon-Maigret y Camilleri-Montalbano

Por la ancha avenida del medio corre el policial. Entre el negro del género, empapado de los peores vicios de la sociedad, de su decadencia moral y su corrupción generalizada y el enigma, que rinde culto a la luz de la razón, a la sutil asepsia del pensamiento. Libro de arena continúa presentando escritos para pensar en clave policial.


Por Álvar Torales

En el ciclo “Literatura sin fronteras”, que conduce Mario Méndez en la Biblioteca La Nube, fue entrevistado el laureado escritor Guillermo Martínez, quien en un momento afirmó, refiriéndose al género policial: "entre el enigmático y el negro existe un ancho camino". Ese camino, lo transitan claramente, entre otros, Georges Simenon y Andrea Camilleri. 
Si bien el italiano "bautiza" Montalbano a su personaje, en claro homenaje a su admirado Manuel Vázquez Montalbán, su protagonista tiene muchas más afinidades con el comisario Maigret que con el no menos célebre Pepe Carvalho. El propio Camilleri reconoce una gran influencia de Simenon y también de Leonardo Sciascia.
Vamos a tratar de establecer algunas afinidades entre ambos comisarios; Maigret, al igual que Montalbano, pertenece a una clase media sin sobresaltos, lo que se dice sólida. Y también ambos son funcionarios policiales "de carrera", lo que rompe con el detective privado tanto en el enigmático como en el negro. Uno y otro realizan una investigación gris, burocrática, carente de aventuras y -mucho menos-de desafío intelectual. Pero investigaciones, eso sí, absolutamente verosímiles, algo así como "una especie del sentido del deber". Maigret y Montalbano violan las reglas asiduamente, la entrega de los delincuentes a la justicia es secundaria, a veces es implícita y a veces se omite según sus propios criterios. Los largos interrogatorios (encuestas) que realiza Maigret, hacen pensar que podrían existir apremios ilegales (aunque nunca lo explicita). "No debo ser tomado como ejemplo", dijo alguna vez. Los dos desconfían, y miran con cierto recelo, a sus colegas científicos. Montalbano no toma notas, observa cuidadosamente a la otra persona tratando de encontrar un resquicio; Maigret utiliza la psicología y la sociología tratando de identificarse con la víctima. En su intento por saber, también busca conocer el entorno del interrogado. Acá debiéramos señalar la superioridad de Camilleri en cuanto a la estética literaria y la previsibilidad de Maigret. Mantienen las jerarquías y la dinámica interna común a las novelas en serie, por ejemplo: el boulevard Richard Lenoir es la casa de Marinella; el Quai des Orfebres es la estación de policía Vigata; Janvier, Lapointe, Torrance y Lucas son Angello, Fazio, Gallo y Galluzo. También están las semejanzas gastronómicas: La Brasserie Dauphine y las comidas caseras de Maigret se corresponden a los manjares que prepara la ama de llaves de Montalbano, Adelina, y al pequeño restorán de Enzo.
También tienen diferencias, por supuesto. Maigret es corpulento, luce un espeso bigote, fuma en pipa y bebe alcohol (sobre todo calvados y cerveza), es tranquilo, aunque cuando se ofusca se pone terrible, le gusta la buena comida casera pero concurre a restaurantes, y en sus investigaciones es sumamente reflexivo sin importarle quién es el culpable. Montalbano, por su parte, es atlético, sin bigote, no fuma ni bebe, odia la burocracia, ama nadar y el mar (en esto de la navegación coinciden Camilleri con Simenon), le gusta la buena comida y su método es impulsivo y se mueve en distintas áreas.
Una igualdad definitoria: la gran humanidad y pasión que poseen. Andrea Camilleri comenzó a escribir las novelas de la saga de Salvo Montalbano a los setenta años, es decir en 1995, o sea seis años después que George Simenon muriera. Solo un detalle, pero al que le guste el género policial no puede dejar de leer algo de Andrea Camilleri (Montalbano) o de Georges Simenon (Maigret).

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